La muerte del doctor Jordi Roch i Bosch, a los 94 años, el pasado mes de diciembre, en su Barcelona natal, supone la pérdida de una figura clave en la construcción de la vida musical catalana, española y europea del último siglo.
Por José Manuel Gil de Gálvez
Médico de profesión y, a la vez, gestor cultural con gran vocación al servicio del desarrollo musical, su acción fue clave en la construcción y desarrollo de importantes estructuras culturales, tales como Juventudes Musicales de España o el Consejo Internacional de la Música de UNESCO. La trayectoria biográfica de Jordi Roch supone un camino vital de coherencia en su forma de entender la vida, pues nunca separó la medicina de la música y en su figura convivieron ambas en plena armonía. Si la medicina supone el cuidado del ser humano, la música encajó en su quehacer como un traje perfectamente diseñado. Esta idea atraviesa la acción de un hombre que se adelantó a su tiempo y que supo ver más allá del presente para establecer una senda que, de forma nítida y palpable, contribuyó de forma decisiva al desarrollo cultural de nuestro país.
Tuve la suerte de caminar junto a él desde 2006 y la suficiente lucidez para escuchar siempre con mucha atención y absorber al máximo su experiencia y sabiduría. Aprendí muchísimo. Cuando nos conocimos, enseguida me incorporó al Consejo de Dirección de Juventudes Musicales de España y allí fuimos fraguando progresivamente una gran amistad. Fueron muchas conversaciones y momentos muy agradables en múltiples lugares de la geografía española, en reuniones del Consejo y asambleas de la Federación, conociendo a multitud de personas muy interesantes. En Barcelona siempre acabábamos viéndonos en el restaurante Flash, Flash, ¡especializado en tortillas!, que tanto le gustaba.
Le estoy muy agradecido. Le acompañé hasta el final de sus tiempos como presidente de Juventudes Musicales de España, una salida de la institución que fue inversamente proporcional a su categoría —dejémoslo ahí—, y glosemos sus hechos, pues es de bien nacido ser agradecido. En definitiva, fue un valor muy importante en mi trayectoria, pues siempre me alentó y creyó en mí. Valga como ejemplo esto: ‘Estoy convencido de que un hombre entusiasta e ilusionado como tú, que eres un músico integral e imaginativo, puede desarrollar lo que se proponga, dándole alas y alcanzando los objetivos que quiera Siempre he tenido como un honor tenerte en el Consejo de Dirección que yo presido. Capté la brillantez de tus ojos cuando hablabas de música’ (2009). Y justo cuando andábamos ya, hace apenas unos años, en la puesta en pie del nuevo edificio de Fundación Hispania Música, me escribió: ‘Te felicito, a ti y a quienes te secundan, por haber alcanzado tu sueño. Es una maravilla. Podrás hacer una labor muy potente. Puestos de esta envergadura solo los puede liderar un visionario como tú. Adelante y muchas felicidades’.
Una vida unida a Juventudes Musicales de España
El empuje y desarrollo de Juventudes Musicales de España comenzó a mediados de la década de 1950 y se prolongó durante toda una vida. Él encarnó como pocas personas el espíritu de una entidad que nació como filial de la Fédération nternationale des Jeunesses Musicales y que poseía un doble objetivo: por un lado, la promoción y el apoyo incondicional a la excelencia musical de la juventud de nuestro país; por otro, una labor de diplomacia cultural. En este sentido, España pretendía integrarse en importantes entidades internacionales como la UNESCO o la ONU y, para ello, la acción de Juventudes Musicales de España se cristalizaba como estratégica por su proyección internacional, la cual nos avalaba en la comunidad de naciones.
Es dentro de esta visión nacional e internacional en donde la figura del doctor Roch adquiere relevancia por su capacidad de liderazgo, unido a un constante trabajo que, a la vez que convirtió a la institución en una entidad cultural de vital relevancia dentro de nuestro país, trabajó para que esta se erigiese como una sección de las más activas a nivel internacional.
Entre 1963 y 2016, desde la presidencia de Juventudes Musicales de España, el doctor Roch propulsó y consolidó importantes concursos, circuitos de conciertos y redes de colaboración internacional que impulsaron la carrera y trayectoria profesional de numerosos jóvenes talentos musicales. Esto lo pueden corroborar multitud de músicos, hoy ya no tan jóvenes, que en su día fueron impulsados por la acción directa del doctor Roch. En esta línea, sirvan también estas palabras que nos dedicó cuando lo nombramos socio de honor de nuestra orquesta en 2010: ‘La idea del Concerto Málaga es sumamente interesante y seguro que dará sus frutos y podréis llegar a ser un conjunto de referencia en vuestra especialidad. Fue un gran placer compartir momentos muy agradables con los maestros de tanta categoría que se hallan incondicionalmente a tu disposición para este magnífico proyecto’.
Pero su labor y trabajo por la música y nuestros interpretes traspasó fronteras y tuvo su reflejo en la presidencia, entre 1983 y 1992, de la Federación Internacional de Juventudes Musicales. Espacio en donde trabajó por la consolidación internacional de la música y los jóvenes intérpretes. Es aquí donde los valores más profundos de Juventudes Musicales emergieron gracias a la visión del doctor, que trabajó de forma decidida no solo la cooperación cultural, sino también la circulación de artistas y la música como elemento clave para crear puentes entre sociedades diversas.
Hemos de destacar también la creación y el brillante desarrollo de la Schubertíada de Vilabertran, símbolo visible de su legado. Nacida como consecuencia de una crisis económica tras la pérdida del Festival de l’Empordà, la Schubertíada de Vilabertran (Girona) inició su andadura hace ya 33 ediciones de la mano de Jordi Roch, como respuesta a la promesa realizada a una jovencísima Juliane Banse tras escucharla en un concierto dentro de la Schubertiade de Feldkirch (Alemania).
Pero, en definitiva, el mayor legado de Jordi Roch excede con mucho la dimensión de la creación de un festival o de una institución concreta. Hizo realidad estructuras culturales como el Festival Internacional de Música de Barcelona, la Fundación Pau Casals, la Asociación Catalana de Compositores, el Festival Internacional de Música de Cadaqués o la Orquesta Ciudad de Barcelona. Por todo ello, podemos afirmar que el ecosistema musical español, tal y como lo conocemos hoy, no se entendería sin la labor de esta figura. Hablar hoy de Jordi Roch es escribir una página vital de la historia de nuestra música reciente, rubricada por una forma de entenderla como servicio público, compromiso humano y promesa de futuro.
Desde aquí mando un fraternal abrazo a Àngels, a sus hijos y a toda la familia. Solo me queda dar las gracias por todo a una gran persona. Descansa en paz, querido Jordi: tu legado queda indisolublemente en muchos de nosotros.




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