El pianista compartirá escenario con la Euskadiko Orkestra para ofrecer su Concierto núm. 3, considerado uno de los más difíciles para este instrumento
La Euskadiko Orkestra (EO) recibirá al pianista ruso Nikolai Lugansky para interpretar una de las páginas más complejas escritas para este instrumento, el Concierto para piano núm. 3 de Rajmáninov.
Esta cita forma parte del nuevo programa de temporada de la orquesta, que podrá disfrutarse del 9 al 15 de abril bajo la dirección de Juraj Valcuha, titular de la Sinfónica de Houston. El poema sinfónico El lago encantado de Liadov y el brillante Concierto para orquesta de Bartók completan la propuesta de la EO para estos días.
Los conciertos tendrán lugar en el Auditorio Kursaal de San Sebastián (9 y 10 de abril), el Conservatorio de Música Jesús Guridi de Vitoria-Gasteiz (día 13), el Auditorio Baluarte de Pamplona (día 14) y el Palacio Euskalduna de Bilbao (día 15).
Sobre el programa
El nombre de Nikolai Lugansky está internacionalmente asociado al de su compatriota, Rajmáninov. En esta ocasión, el pianista se enfrentará a la que está considerada su obra más difícil, el Concierto para piano núm. 3 en Re menor, opus 30 de Rajmáninov.
El compositor lo concibió para su lucimiento como intérprete, y él mismo acometió su estreno en Nueva York en 1909. A lo largo de sus tres movimientos, el piano alcanza numerosas cuotas virtuosísticas, como en el caso de la cadencia del primer movimiento.
Dos suntuosas obras orquestales rodean a este concierto. En primer lugar, la EO abordará El lago encantado de Anatoli Liadov, compositor de una generación anterior a la de Rajmáninov y que evoca con esta obra una fábula musical misteriosa y delicada.
Para finalizar, Juraj Valcuha y la orquesta interpretarán el Concierto para orquesta, Sz 116 de Bartók. La diferencia con una sinfonía es que aquí el compositor busca realzar las diversas secciones de instrumentos, de manera que cada uno de ellos tenga un momento solista a lo largo de la partitura.
Este concierto supuso todo un éxito tras su estreno en Boston en 1944. Contiene algunos de los rasgos más característicos del compositor, como su exploración de sonoridades inusuales o el uso de ritmos marcados y pasajes ‘fugados’.









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