Camerata Tchaikovsky Soloists reúne en este disco dos obras muy alejadas en el tiempo: la Sinfonía concertante K.364 de Mozart y Metamorphosen de Richard Strauss, ambas en versiones para septeto de cuerda. Las separa más de siglo y medio, pero la formación común da al programa una unidad muy natural y permite entrar con más detalle en una escritura que normalmente escuchamos en versión orquestal.
Yuri Zhislin firma la transcripción de Mozart, basada en el arreglo anónimo para sexteto publicado en 1808. La incorporación del contrabajo y la nueva distribución de las voces mantienen la alternancia entre los solistas y el conjunto, además de buena parte de los cambios de color del original. El contrabajo da profundidad a la sonoridad, mientras que las voces superiores conservan su ligereza. Camerata Tchaikovsky toca con flexibilidad y con una articulación muy clara. El Andante tiene calidez y un fraseo reposado, mientras que el Presto avanza con precisión y una energía rítmica muy bien medida.
La realización de Rudolf Leopold devuelve Metamorphosen a la formación de siete instrumentos con la que Strauss comenzó a concebirla. Esta versión hace especialmente audible el entramado contrapuntístico: se distinguen las distintas líneas, sus entradas y la manera en que unas van transformando a las otras. El grupo adopta una sonoridad más oscura y contenida, con especial profundidad en violas, violonchelos y contrabajo. El carácter elegíaco de la partitura se refuerza así desde una sonoridad recogida, en la que cada intervención queda plenamente integrada en el conjunto.
La toma de sonido de Iker Olabe sitúa al oyente cerca del conjunto y recoge bien la acústica de All Saints Church. Hay amplitud, pero también detalle, algo esencial en un disco que depende del equilibrio entre siete voces. En conjunto, Metamorphosen es un programa bien pensado y muy bien resuelto, tanto por la calidad de los arreglos como por la compenetración de los intérpretes.


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