Dmitri Shostakovich. Complete String Quartets. Vol. 3
Cuarteto Casals
Harmonia Mundi HMM902735
Melómano de Oro
Con el lanzamiento de los tres últimos cuartetos de cuerda de Shostakóvich, el Cuarteto Casals completa de manera brillante la integral del compositor que viene publicando desde 2024 y demuestra, por si todavía fuera necesario, su profunda comprensión de la tragedia y frustración que se esconden tras esta música. El reto de las últimas obras de este ciclo es la construcción de un discurso que mantenga la tensión a lo largo de una extensión dilatada; sobre todo en los cuartetos núm. 13 y 15, cuyos movimientos deben interpretarse sin pausas en grandes arcos de veinte y treinta minutos, respectivamente. Pese al carácter fúnebre de estos cuartetos, que se cuentan entre las últimas obras escritas por Shostakóvich, el grupo renuncia a hacer de ellas un testimonio apesadumbrado de la cercanía de la muerte. Todo lo contrario, el Casals incide en su dramatismo y protesta al destacar los gestos violentos que salpican aquí y allá sus páginas, o al proponer contrastes de sonoridad que refuerzan las aristas y contradicciones. Escúchese, por ejemplo, la transición entre los luminosos acordes finales del Cuarteto núm. 14, quizá el único atisbo de optimismo de todo el disco, y el inicio del Cuarteto núm. 15, con sus líneas austeras conducidas de manera melancólica; o la forma en que los intérpretes explotan el carácter expresionista y el contrapunto en la sección central del Cuarteto núm. 13 (una pieza en la que Shostakóvich todavía coquetea con el dodecafonismo, como en el Cuarteto núm. 12). Por supuesto, esta versión también deja espacio al lado más oscuro y enigmático de las piezas; no por nada, el Cuarteto núm. 15, con su encadenamiento de seis adagios sucesivos, constituye una de las ‘obras finales’ más célebres de la historia de la música. Al alcanzar el ‘Epílogo’ de esta obra, compuesto de gestos aislados y acordes que evocan de manera lejana un paisaje tonal, uno tiene la sensación de que el Casals realmente ha viajado a ese abismo que el compositor parece evocar, como la barca solitaria que en La isla de los muertos de Böcklin se aproxima a ese monumento misterioso y último.



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