
David Moliner propone en su último disco un recorrido amplio por las variadas posibilidades expresivas de la marimba. La combinación de compositores como Bach, Debussy, Schubert, Liebermann y una obra del propio intérprete no es una mera excusa para reunir páginas contrastantes, pretende demostrar hasta qué punto el instrumento puede desenvolverse con naturalidad en lenguajes muy distintos. Esa variedad de repertorio, pensada con gran gusto y sensibilidad, termina reivindicando su versatilidad, tanto en el plano técnico como en el puramente sonoro.
Las suites de Bach, verdadero eje del disco, funcionan especialmente bien porque en ellas la marimba encuentra un terreno muy fértil: el del pulso y el de la articulación, que Moliner aborda de manera magistral. Asimismo, la claridad de las texturas y la distinción polifónica son rasgos notables de esta interpretación. A partir de ahí, la Arabesque de Debussy introduce otro universo sonoro: menos vaporoso que en el piano, quizá, pero también con un dibujo melódico más perfilado. Hay en toda la interpretación una perceptible búsqueda de timbres, de resonancias y calidades de ataque, que evita la uniformidad y hace que cada obra encuentre un color propio.
El tramo con el repertorio más contemporáneo termina de definir la identidad del álbum. Jalak Suren, de Alexander Liebermann, aporta una visión sugerente y evocadora del pájaro que da nombre a la obra, mientras que Sentir Rapaz! deja ver a un Moliner compositor detallista y expresivo, que explota la idiosincrasia de un instrumento bien conocido por el autor pero sin caer en el efectismo.
De esta forma, el recital de David Moliner no sólo demuestra las posibilidades técnicas de un instrumento asociado muchas veces al jazz o a un repertorio de vanguardia, afirma que la marimba puede asumir repertorios diversos y sostenerlos con personalidad y voz propia.



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