Cuando el oyente se enfrenta a la escucha de una grabación monográfica de un autor poco frecuentado por los intérpretes actuales, es a veces complejo separar la función de recuperación del patrimonio de la mera experiencia musical, y algo así podría pensarse, de entrada, ante un álbum dedicado a Santiago de Masarnau. Sin embargo, basta con escuchar unos minutos para que esa idea empiece a perder peso. Lo que termina quedando no es tanto la satisfacción de una deuda histórica como la evidencia de una música que sabe sostenerse por sí misma, con una escritura pianística elegante, bien hecha, con una inclinación muy clara hacia un tipo de expresión íntima y contenida, ajena a cualquier exceso. El libreto insiste en esa tendencia a la sencillez y en la cercanía de Masarnau a un mundo donde Rossini, Alkan o Chopin ayudan a situar mejor su perfil.
Claudia Dafne Sevilla y Josep Colom aciertan precisamente porque no fuerzan nada. No intentan presentar estas piezas como un hallazgo deslumbrante ni añadirles un poso de trascendencia. Las tocan con naturalidad, con muy buen sentido del fraseo y con una atención constante al canto, al peso de la línea y a la respiración del discurso, y eso basta para que la música encuentre su sitio. A medida que avanza el programa va apareciendo un Masarnau de notable refinamiento, con una solidez de gran compositor, de ideas melódicas imaginativas y con un gusto muy reconocible en la manera de concebir el piano.
También ayuda mucho la toma de sonido. La Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza aporta esa calidez tan suya, esa sensación de resonancia acogedora que da cuerpo al piano sin volverlo borroso ni abrumador, algo que en este repertorio es de agradecer. A ello se suma la elección de un Steinway & Sons Model D de 1957, un instrumento de sonoridad noble y amplia, con la densidad suficiente para sostener el discurso romántico y, al mismo tiempo, con la flexibilidad necesaria para no perder el lirismo que exige Masarnau.
Lo mejor del disco está, en el fondo, en que después de escucharlo, Masarnau interesa menos como caso y más como música.



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