Si tienen la suerte de encontrarse en Colonia este 14 de septiembre, no dejen escapar la ocasión: podrán asistir al estreno en tiempos modernos de la bellísima Canción de Fingal opus17b de Johannes Brahms para coro mixto y orquesta, una pieza perdida durante 140 años que representa admirablemente la fantasía e ideales del Romanticismo alemán y retrata a un compositor perfeccionista, en constante aprendizaje y radicalmente honesto.
Por Paula Ríos
Para comprender lo que significa la Canción de Fingal, viajemos cien años antes de su composición y fijémonos en un temerario escritor escocés de 24 años llamado James Macpherson.
Entre 1760 y 1765, Macpherson publicó antiguos relatos celtas que habría recogido de manuscritos y relatos orales en Escocia y traducido del gaélico. Los atribuyó a Ossian, un supuesto bardo del siglo III d. C., que con su arpa contaba historias épicas cuyos protagonistas eran él mismo, su padre el rey Fingal, y su hijo, el valiente guerrero Oscar. Enseguida se sospechó de su autoría. Efectivamente, se trataba de una creación moderna de Macpherson basada en tradiciones de Escocia e Irlanda.
Pero Las obras de Ossian ya habían producido una fortísima impresión en Europa y Estados Unidos. Lo escocés y ossiánico se sintió durante décadas en la obra de Beethoven, Scott, Poe, Schubert, Mendelssohn o el Duque de Rivas.
En Alemania se le consideró el Homero celta: Goethe y Herder vieron en Ossian y en esa mágica alianza de literatura y música la posibilidad de eclosión de una poesía alemana basada en su pureza espiritual y sus tradiciones. Macpherson, con toda su audacia, supo adaptar la tradición celta para el público del siglo XVIII. Le dio a Europa justo lo que necesitaba: pasión, honor, héroes, batallas, castillos en ruinas, naturaleza salvaje, noches de luna llena, espíritus, amantes condenados, tumbas cubiertas de musgo… Y todo ello situado en Escocia: para los europeos, un santuario primitivo, con su viejo folclore. Era un catálogo de referencias irresistible para los artistas entregados al Sturm und Drang, que paso a paso estaban fundando el Romanticismo. Según Jean Paul, Ossian eran ‘piezas vespertinas y nocturnas, en donde la celestial nebulosa del pasado flota y brilla sobre la densa y brillante niebla del presente; solo en el pasado Ossian encuentra el futuro y la eternidad’. James Macpherson en 1760 ya soñaba con el Romanticismo. Desde niño, Brahms leía poemas y baladas, y coleccionaba canciones populares. Este imaginario iluminó toda su obra. En 1859 fundó con su alumna Friedchen Wagner el Coro Femenino de Hamburgo, que dirigió hasta 1861 con ayuda de Clara Schumann. Dada la escasez de repertorio, compuso para ellas muchísimas obras y arregló canciones folclóricas. Mientras, estudiaba música renacentista y barroca, se recuperaba del fracaso de su Concierto para piano opus 15y estaba a punto de comenzar su Primera Sinfonía.
Brahms decidió utilizar el texto del lied de Schubert La doncella de Inistore D.281, extraído de Fingal, un antiguo poema épico. La Canción de Fingal iría acompañada de tres canciones con textos de Ruperti, Shakespeare y Eichendorff. La formación era inusual: coro femenino, dos trompas y arpa. Clara Schumann preguntó a Brahms: ‘¿Cómo llegaste a la idea del arpa y las trompas? No me puedo imaginar cómo suenan juntos esos instrumentos, pero será ciertamente inusual y ¿tendrá algo mágico?’
Las Cuatro canciones opus 17se estrenaron en 1861 en un concierto-homenaje a Schumann en el que también tocaron juntos su viuda y Brahms. La Canción de Fingal impactó y aunque se siguió programando con éxito en la sala Gürzenich de Colonia, Brahms deseaba mayor sonoridad; por ello, en 1879 preparó una versión para coro mixto y orquesta, con la sección de vientos ampliada y dos arpas.
La pieza se abre con un ritmo Andante de marcha fúnebre. El coro entra con ‘¡Llora sobre las rocas de los vientos rugientes, oh doncella de Inistore!’y, tras una pausa, con una música dulcísima anuncia a capella: ‘el encantador Trenar ha muerto’a manos del temible guerrero Cuthullin. Sus perros aúllan —el coro canta cromáticamente— porque perciben, como era tradición, que el amo acaba de caer en la batalla y su espíritu ha vuelto al hogar, donde se les aparece: ‘Sus grises perros aúllan en casa, ven su espíritu pasar’.Las veloces figuraciones del arpa, los silencios y la sucesión de versos de ocho compases, con una melodía repetitiva y acordes modales, construyen una atmósfera irreal de encantamiento e ingenuidad, pese al terrible argumento.
El arpa simboliza la presencia del bardo Ossian como narrador, y la trompa evoca el espíritu bélico que empuja a los personajes al heroísmo, las pasiones y la muerte. El aire folclórico es todavía más visible en otra obra ossiánica de Brahms: Canto fúnebre de Dárthula opus 42 núm. 3.Igual que la Canción de Fingal es hermana del Trío para trompa opus 40, el folclore escocés aparece en algunas de sus obras para piano: la primera balada ‘Edward’, la primera sonatao los Intermezzi opus 117.
El estreno fue en Colonia el 18 de marzo de 1879 con la Orquesta Gürzenich: un lujo, ya que la Canción de Fingal fue acompañada de dos movimientos de Un réquiem alemánde Brahms, que además llevaba la batuta; era invitado a menudo a dirigir sus obras por Europa. Se escribió que ‘cuando el compositor se dirigía al podio, estalló un aplauso exultante […]; bajo su dirección, el coro cantó con la máxima precisión y gran expresividad’. Pero Brahms seguía insatisfecho y acabó cancelando la publicación de la partitura, pagando al editor el dinero invertido. Sabemos que apenas hubo ensayos: ese pudo ser el problema que Brahms percibió.
Pese a todo, la Canción de Fingaltuvo una tercera oportunidad: Franz Wüllner, el nuevo maestro de capilla de Gürzenich, la programó en 1887 con una sonoridad más robusta duplicando arpa y cuerdas, recibiendo más elogios. Es impresionante pensar que solo meses después Brahms estrenaría allí su Doble concierto para violín y violonchelo. ¡Afortunado público de Colonia! Wüllner le animó a ‘publicarla exactamente como está’.Brahms no se dejó convencer y la partitura cayó en el olvido… hasta 2024, cuando el musicólogo Jakob Hauschildt la localizó y el opus 17bse publicó por fin en 2025. El colombiano Andrés Orozco-Estrada dirigirá la Canción de Fingalen la misma sala donde esta obra pudo crecer y avanzar en la interminable búsqueda de la perfección. Ojalá esta vez vuelva para quedarse.



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