¿Qué impulsó a Antonia Bembo a componer Hércules enamorado? Esta ópera, una de las primeras obras a gran escala compuestas por una mujer en Europa, era un homenaje a su protector, Luis XIV, y revelaba también el talento y la visión de la vida de su autora, que no la vio estrenada. El pasado mes de mayo esta joya se presentó por fin en versión escénica en la Ópera de la Bastilla en París, con estupendas críticas.
Por Paula Ríos
Antonia Bembo, originalmente Padoani, nació alrededor de 1640 en Venecia y su familia la educó en letras y música. Su padre escribía en 1654 a Carlo Gonzaga, Duque de Mantua que ‘la hija con felices progresos continúa bajo la disciplina del señor Cavalli’; se refiere a Francesco Cavalli, organista, compositor y antiguo niño cantor de San Marcos cuando Monteverdi era el maestro de capilla. Antonia aprendió canto, composición y acompañamiento, absorbiendo desde niña la tradición vocal y operística que se estaba construyendo en la ciudad.
En Venecia las mujeres podían llegar relativamente lejos en la música, y Cavalli tuvo al menos cuatro alumnas: Bembo, dos nobles religiosas –que heredarían su espineta cuando falleció- y la maravillosa Barbara Strozzi, cantante y compositora cuya obra viajó por Europa. Sin embargo, Antonia no pudo participar en una academia, como hizo Strozzi con su padre, ni pertenecía a una dinastía musical, como Francesca Caccini o Élisabeth Jacquet de La Guerre.
Cavalli debió formarlas extraordinariamente; era, según Strozzi, ‘uno de los más célebres tutores de este siglo’. Antonia Padoani se estaba labrando un gran futuro. Hay constancia de que una niña cantó en La Calisto de Cavalli, por lo que fue pagada con perlas en el estreno. ¿Sería ella?
Antonia tuvo que renunciar a la música al casarse con Lorenzo Bembo en 1659. Lorenzo se fue a la guerra de Creta, dejando a Antonia con tres hijos en una situación de penuria. Ella solicitó el divorcio en 1672 por brutalidad física, infidelidad, robo y abandono de la familia, mas le fue negado. En 1676 decidió huir de Venecia.
Y en este punto aparece en escena Francesco Corbetta: guitarrista y compositor admirado por nuestro Gaspar Sanz, que había puesto de moda la guitarra visitando cortes europeas como la de Luis XIV, con quien había tocado a dúo. Corbetta probablemente fue quien ayudó a Bembo: dejó atrás familia —cuidó a su hija en la distancia—y posesiones, y ambos partieron a París en pleno carnaval.
Corbetta pudo introducirla en la corte. Luis XIV la oyó cantar y le ofreció una pensión y la posibilidad de residir en la Petite Union Chrétienne des Dames de Saint Chaumond, un refugio de mujeres. Empezó entonces, con 60 años, a componer los cuatro volúmenes de partituras que fue regalando al rey. Bembo era tremendamente ambiciosa en variedad de estilos y géneros, y sin duda componía como una cantante: arias, motetes o cantatas mostraban un estilo plenamente italiano con elementos virtuosísticos y recursos expresivos como madrigalismos, melismas y disonancias dramáticas, con textos en italiano, francés y latín, algunos escritos probablemente por ella y otras mujeres como Aurelia Fedeli o Élisabeth-Sophie Chéron. Fue adquiriendo dominio de la forma, usando melodías y armonías más abruptas, más potencia, e introduciendo elementos propios de la escena francesa, practicando lo que Couperin llamaría ‘los gustos reunidos’. No sabemos si ella cantaba sus obras, si disponía de instrumentistas o si instruía a las monjas. Sería fantástico saber qué contacto tuvo con contemporáneos como La Guerre, Campra o Charpentier.
Estos cuatro volúmenes se guardaban ya en la Biblioteca Nacional de Francia, pero en la década de 1930 la institución adquirió además la ópera Hércules enamorado. La musicóloga Yvonne Rokseth publicó en 1937 la primera investigación realizada sobre Antonia Bembo, y en 2006 Claire Fontijn su primera monografía. Desde los años 90 se edita su obra.
La elección de este libreto de Francesco Buti —que trabajó también con Lully y Carissimi—, basado en las Metamorfosis de Ovidio, no era casual: Cavalli ya había trabajado con él 45 años antes por encargo del cardenal Mazarino para celebrar la boda de Luis XIV con María Teresa, hija de Felipe IV. Cuando la construcción de la sala de máquinas en las Tullerías finalizó en 1662 y Hércules se pudo estrenar allí, Mazarino ya había muerto y sin él decayó el gusto por lo italiano. Los ruidos de las máquinas y el texto en italiano la condenaron al fracaso; sí gustó el ballet que Lully insertó, en el que bailaba el propio rey. La decepción devolvió a Cavalli a Venecia.
Es insólito que Bembo, una mujer, concibiese una obra grande como Hércules enamorado. ¿Con qué fin la compuso? El rey no aceptó el obsequio y no se estrenó; en 1707 ver a un Hércules decadente posiblemente le incomodaba. El manuscrito acabó en una mansión de la región de Champagne.
Hércules persigue a Íole, prometida de su hijo Hilo. Venus le ayuda haciendo un conjuro a Íole para forzar su voluntad, pero Juno protege a la pareja y a la esposa de Hércules, Deianira, llevando a Sueño para dormir a Hércules. Se suceden engaños, venganza, apariciones y magia. Los amantes acaban juntos y Hércules abandona la vida mortal y llega al Olimpo asumiendo su nueva responsabilidad como un dios, desposado con la Belleza.
La tragedia en cinco actos fue un salto cualitativo en su escritura instrumental y coral, descripción de personajes y tratamiento del texto. Es italiana en esencia, pero su uso del coro, ritornelli, ornamentación, danzas y la obertura son aportaciones francesas. La música es potente y sugestiva, los recitativos son más líricos que los de Cavalli y las largas líneas parecen predecir el bel canto. Bembo utiliza armonías, disonancias y tonalidades con fines expresivos. La formación instrumental está más presente que en la versión de Cavalli: cuerda frotada, continuo, probablemente viento para refuerzos y una petición explícita de flautas.
Como la pintora Artemisia Gentileschi, Bembo llevó su experiencia y sensibilidad a sus obras. Si en una cantata la ninfa Clitia se transforma en girasol por amor a Helios —el Rey Sol—, en Hércules enamorado retrata la injusticia, la pasión y la identidad femenina.
El pasado mes de mayo en la Ópera de París se pudo disfrutar del estreno de la versión escénica, dirigida por Leonardo García-Alarcón y Netia Jones con la Capella Mediterranea y el Coro de Cámara de Namur. Esperamos poder verla pronto en escenarios españoles.



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