Brahms: Trio Op. 114 / Robert & Clara Schumann: Romances
Tabea Zimmermann, viola
Jean-Guihen Queyras, violonchelo
Javier Perianes, piano
Harmonia Mundi
HMM902789
Melómano de Oro
El nuevo registro de Zimmermann, Queyras y Perianes se articula como una suerte de conversación íntima entre Robert y Clara Schumann, Joseph Joachim y Johannes Brahms, una constelación de amistades que convirtió la música de cámara en el laboratorio más refinado del Romanticismo.
Zimmermann firma unos arreglos de las Romanzas que respetan escrupulosamente el tejido camerístico original y explotan la voz oscura de la viola sin caer en el efectismo. En Clara, la progresión de tempos se traduce en un crecimiento emocional perfectamente calibrado, con Perianes tejiendo un piano dúctil, siempre atento a los cromatismos y a las disonancias suspensivas que colorean la escritura. Queyras se integra con una discreción ejemplar cuando la partitura lo reclama y, en las páginas donde se mantiene entre bastidores, su ausencia se siente como un silencio elocuente.
Las Hebrew Melodies de Joachim, inspiradas en Byron y raramente programadas, se benefician de una lectura que subraya su densidad ‘brahmsiana’: acordes compactos, bajos profundos, un trabajo motívico muy elaborado. Es uno de los grandes logros del disco: convertir lo que podría sonar como curiosidad historicista en un ciclo de pleno derecho dentro del repertorio para viola y piano.
El Trío opus 114, concebido originalmente para clarinete, sintetiza la ‘última manera’ de Brahms, con su lirismo contenido, sus desarrollos comprimidos y esa atracción constante hacia el silencio. Queyras abre el allegro con una melodía sombría que Zimmermann recoge con flexible melancolía, mientras Perianes disuelve el tejido armónico en un claroscuro de dinámicas micrométricas. El adagio, forma sonata sin desarrollo, se convierte en el corazón del disco: las combinaciones de timbre, la ambigüedad entre mayor y menor y el fraseo largamente sostenido revelan una compenetración camerística que solo se alcanza tras años de hacer música juntos. El finale evita toda grandilocuencia y opta por una despedida en movimiento perpetuo, más reflexiva que heroica.
El resultado es un CD que no solo resucita una red de amistades decimonónicas, sino que la prolonga en la complicidad de tres intérpretes en estado de gracia.





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