Cello Solo
Carlos Vidal, violonchelo
Valaris Music B-6570-2025
★★★★★
Con este álbum asistimos al nacimiento de un nuevo sello discográfico, Valaris Music, creado por Cristóbal Jaubert. Esta grabación aborda obras de tres compositores centroeuropeos del siglo XX. La interpretación corre a cargo del joven Carlos Vidal, que toca un violonchelo de 1820 cuya resonancia armónica aporta un sonido cálido y expresivo.
El disco logra su unidad a través de una evolución programática, histórica y estilística. La Sonata opus 8 (1915) del húngaro Zoltán Kodály abre el álbum con un despliegue de densidad armónica y lirismo folclórico. La scordatura —cuerdas graves afinadas medio tono más bajo— confiere al instrumento un color sombrío, casi arcano, que Vidal explora con atención al detalle tímbrico. Su lectura evita el exceso romántico para resaltar la arquitectura, pero deja espacio a la voz íntima del violonchelo, que respira con libertad en los pasajes más líricos.
De ahí se avanza hacia la Sonata (1948-1953) de György Ligeti, discípulo de Kodály. En manos de Vidal, las tensiones entre simplicidad melódica y experimentación formal adquieren una claridad inusual. Su arco proyecta un sonido nítido, sobrio y sin artificios, que permite al oyente percibir el tejido interno de la obra. El contraste entre el tono elegíaco del Dialogo y la vitalidad rítmica de las variaciones finales se resuelve sin esfuerzo, con naturalidad.
El cierre llega con el Divertimento (1994) del polaco Krzysztof Penderecki, breve pero intenso, donde la escritura fragmentaria se transforma en un mosaico expresivo. Vidal aborda cada gesto con firmeza, sin perder la continuidad del discurso. La obra se convierte aquí en un epílogo necesario, una reflexión condensada tras el largo viaje sonoro.
Las tres composiciones requieren gran destreza interpretativa y un exigente ejercicio de escucha para el oyente. Más allá del virtuosismo técnico, lo que distingue esta grabación es la voluntad de ofrecer una lectura honesta de un repertorio poco transitado. Una propuesta valiente y profundamente personal que confirma a Carlos Vidal como un intérprete atento tanto a la tradición como a los desafíos de su tiempo.



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