Elizabeth Turner. Six Lessons for the Hardpsichord (London, 1756)
Costanza Leuzzi, órgano
Brilliant Classics 97319
★★★★
Interesante disco del sello Brilliant Classics dedicado a la música de la desconocida Elizabeth Turner. Descubrir a mujeres compositoras siempre es algo muy interesante y más teniendo en cuenta que Miss Turner además de cantante era compositora y clavecinista. Su música representa una transición del Barroco al Preclasicismo, ya que sus obras dejan entrever elementos que aparecerán en esa nueva etapa de la historia de la música. Sin ir más lejos, en el Andante de la Lección V apreciamos claramente el denominado ‘Empfindsamkeit‘, que podemos traducir como ‘estilo sentimental’, caracterizado por utilizar armonías extravagantes y disonantes en numerosas partes de la pieza que en cierto modo desconectan con el público y nos indican que el estilo barroco está a punto de explotar y desembocar en una nueva época, al igual que ocurrió con el Rococó en pintura y arquitectura.
La interpretación de Constanza Leuzzi es atenta, con interesantes matices y claridad de articulaciones, a pesar de que en algunos momentos haría falta algo más de fuerza interpretativa, especialmente en los movimientos rápidos. Sí que se aprecia su gran sensibilidad, especialmente en los movimientos lentos, haciendo cantar bien al instrumento.
La sonoridad del Studio Rosso en Silvelle (Italia) es un poco seca. Quizá la sonoridad de una iglesia, con un poco más de reverberación, hubiera ayudado a disfrutar más las armonías y sonoridades del instrumento francés de dos teclados, copia de un Taskin. El temperamento que se utiliza en la interpretación (Young II) es histórico y nos permite aproximarnos mejor a la sonoridad de la época.
En definitiva, se trata de un disco recomendable para descubrir nuevos repertorios en una interpretación notable y que podría rozar la excelencia mejorando esos pequeños detalles que, a pesar de ser insignificantes, son los que acaban de redondear una interpretación.
Es de agradecer que las mujeres compositoras vayan ocupando el hueco que merecen en la música clásica para dejar de ser invisibles y convivir con los ‘grandes’ compositores que no dejan de grabarse una y otra vez.



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