La Constanza Trionfante degl’amori e de gl’odii RV 706-A (Fragmentos de la ópera)
Romina Basso, Mezzosoprano
Ann Hallenberg, Mezzosoprano
Coro della Radiotelevisione Svizzera
I Barocchisti
Diego Fasolis, director
Da Vinci Classics
CE1178
★★★★★
Da Vinci Classics nos brinda un hallazgo vivaldiano de primer orden con La costanza trionfante degl’amori e de gl’odii, reconstrucción en forma de antología de arias de una ópera perdida que triunfó en el Carnaval veneciano de 1716 en el Teatro San Mois. Sobre el conflicto entre Tigrane y Doriclea, donde el amor y la lealtad se enfrentan a la tiranía y al odio, Frédéric Delaméa construye un sólido relato musicológico que permite escuchar estas páginas como el eco vivo de un momento decisivo en la carrera del Prete Rosso.
El reparto vocal está a la altura del proyecto. Ann Hallenberg encarna a Doriclea con una mezcla muy persuasiva de orgullo regio y fragilidad: en ‘Hai sete di sangue’ la frase incisiva y la agilidad se ponen al servicio del drama, mientras que en ‘Amoroso caro sposo’ la mezzosoprano alcanza una intensidad de tempestad, sostenida por una línea amplia y un control del fiato admirable. Frente a ella, Romina Basso aporta a Eumena y Farnace un timbre más oscuro y un fraseo de intimidad casi camerística, especialmente en ‘Ti sento, sì, ti sento’ y en la delicadísima ‘Lascia almen che ti consegni’, donde los pizzicati parecen dibujar el temblor de un beso robado.
Diego Fasolis e I Barocchisti firman una lectura viva, teatral y muy estilizada, lejos de cualquier barroquismo retórico. La Sinfonia en fa mayor RV 135 abre el disco con un punto bélico que sitúa de inmediato la acción; después, cada aria encuentra su propio clima, desde la tórtola doliente de ‘Qual dispersa tortorella’ hasta el ímpetu de ‘Donna crudel spietata’.
La orquesta demuestra una imaginación constante en el uso de los sordini, los contrastes armónicos y la articulación, mientras la toma de sonido del Auditorio Stelio Molo de Lugano, cálida y cercana, favorece la escucha de los matices. Sin competir con las grandes integrales vivaldianas, este disco se sitúa entre el rigor y el placer inmediato: rescata una ópera clave, reúne dos mezzosopranos en estado de gracia y confirma a I Barocchisti como una orquesta con solvencia en este repertorio.



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