San Francesco. Guilliare di Dio
Capella de Ministrers
Carles Magraner, director
CDM. 2661
★★★★★
Este 2026 se cumplen ocho siglos de la muerte de san Francisco de Asís, uno de los emblemas del cristianismo. Francesco Bernardone aceptó junto a su comunidad en el año 1209 la obediencia a los preceptos del Evangelio y la Santa Sede. Hay numerosos tratados sobre canto debidos a los franciscanos: desde el Cantorinus hasta los prefacios del antifonario y el Salterio romano de principios del siglo XVI. Los fundamentos de la práctica musical según san Francisco son rendir gloria a Dios, confortar el alma y edificar al prójimo.
Capella de Ministrers, bajo la dirección de Carles Magraner, elabora un programa dividido en seis bloques. Cada uno se inicia con una antífona y un salmo de las Vísperas y sigue con laudes combinando el latín con el dialecto umbro, hablado por el Santo. Los intérpretes han querido aglutinar piezas de los siglos XIII y XIV. Deliciosa interpretación de esta antología musical que nos lleva de la quietud meditativa a la exaltación gozosa, de la austeridad monódica al floreo instrumental. Resulta agradable la combinación de la seriedad del rezo y la frescura de la celebración. También el estilo del canto se adapta perfectamente al texto: voces diáfanas, con toda la austeridad del lenguaje sacro frente a voces más espontáneas, propias de cantos o bailes en plena calle. Timbre y ritmo son determinantes para comprender el mensaje de cada letra, realzada con acierto e imaginación.
Destacamos el Sia laudato san Francesco, de dulzura expresiva que alterna lo melismático y lo mensurado y el Crucis Christi mons Alvernae, de introducción solemne y voces varoniles duplicadas en registros tenebrosos. También Piange, Maria cum dolore, con voces femeninas en acordes medievales y Fami cantar l´amor, de hábiles articulaciones. Muy contrastante Regina sovrana, donde el canto mixto acrecienta el embeleso de la música, y Lauda novella, confluencia maravillosa de solistas, coro e instrumentos.
Esta es una oportunidad para recordar a san Francisco, alegre de estar unido al Señor por medio del dolor. Tomás de Celano ha dicho de él: ‘Último acto de una vida que transcurre expresando con la música la alegre embriaguez de un hombre enamorado de Dios y la creación’.


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