Uran-zu es un proyecto extremadamente bien urdido y que llega de la mano de uno de nuestros intérpretes más versátiles. Prácticamente cualquiera es capaz de identificar el rol central que el acordeón ocupa en la música popular, y un oyente más o menos versado estará también familiarizado con el importante hueco que ocupa en la música de nueva creación. Sobre estos dos pilares se construye este nuevo disco de Iñaki Alberdi, que oscila entre la fuerte identidad del patrimonio musical vasco y los creadores de este territorio que han trabajado en el ámbito de la llamada ‘música culta’. Siempre es bueno usar estas comillas para poner en duda la expresión, pero quizá en este caso sean más importantes que nunca porque el acordeón de Alberdi borra cualquier frontera con el objetivo de ‘renovar el sonido de la música actual’, según él mismo nos indica.
Aquí la deliciosa Habanera del tamboril se da cita con la música de Francisco Escudero —representado por Uranzu, una pieza que traslada al vocabulario contemporáneo la articulación más característica del acordeón— o el ritmo de marcha de la Iriyarena, adornado por las sutiles percusiones con las que Manu Gaigne salpica el repertorio. Aquí también, la nostálgica melodía de Arropa zahar horrekin, con un arreglo del propio Alberdi igual que todas las piezas populares del álbum, se mide con un elegante Capricho núm. 1 de Juan Crisóstomo de Arriaga que valida las capacidades expresivas de este instrumento tan moderno en el ámbito de la música específicamente ‘clásica’. Aquí, finalmente, ese Pasacalles de Irún que llena de energía la sección final del disco se encuentra con Arinka de Félix Ibarrondo, que explora a fondo las posibilidades de registro y timbre a través de una densa masa sonora llena de voces y contrastes.
Señalaba antes que se trata de un proyecto bien hilado porque, de escucharse con atención, enseguida se apreciará el diálogo de gestos, los intercambios melódicos y rítmicos que hay entre estas dos tradiciones, y que constituyen un trasfondo cultural e incluso social que dota de aún más valor al trabajo de Alberdi.



Deja una respuesta