
Zárate. Il bosco di Giarianno
Diego Ramos, piano
Lindoro NL-3081
★★★★★
Un sonido contundente aparece cuando entras en el bosque. Sin partitura, sin mapa. No hay cartel ni sendero marcado. Solo siete cuadernos apoyados en un atril invisible, como si alguien los hubiera dejado en este paraje para quien sepa escuchar.
Una idea respira en la voz de un piano que apenas roza el suelo, como un paso prudente sobre hojas húmedas. Cada nota parece preguntarse si debe existir y, cuando finalmente se presenta, se queda el tiempo justo antes de volver a ser silencio. Entiendes que, aquí, el silencio no es ausencia, es materia viva y que este bosque no se recorre: se escucha.
Caminas sin moverte del sitio y la luz cambia. Los árboles se repiten con un mismo gesto, pero nunca idénticos. Encuentras un claro donde el tiempo se densifica, donde las repeticiones insisten, recuerdan y te observan. Hay una sensación de ritual, casi antiguo, como si el piano estuviera pronunciando un idioma previo a la palabra. Son sonidos que quieren ser entendidos, que piden ser habitados.
En el final del recorrido, la música se perpetúa. Nada se acaba, solo se transforma. Al abandonar el bosque, tienes la sensación de que las notas siguen resonando, aunque el piano haya callado.
José Zárate escribe ‘Los siete cuadernos de Il bosco di Giarianno‘ como un ciclo que muestra el virtuosismo interior de un territorio contemplativo. En estas piezas encontramos una escritura que crece por estratos, como capas de vegetación sonora, donde el tiempo no avanza en línea recta, sino que se espesa.
Diego Ramos interpreta estos siete cuadernos con una sobriedad ejemplar y nos enseña el único modo de recorrerlos: buscando el equilibrio entre la técnica y la expresión poética. Su tacto es limpio y deliberadamente contenido, con un uso muy inteligente del pedal, sosteniendo los silencios sin que se vacíen, sin caer en la afectación y con una presencia sonora que impacta.
Il bosco di Giarianno no cambia el mundo, pero modifica tu tiempo dentro de él, enseñándote, con una certeza tranquila, que este no es un lugar que se visite una sola vez sino un espacio acústico al que se vuelve distinto.



Deja una respuesta