Shostakovich: Complete String Quartets, Vol. 2, Nos. 6-12
Cuarteto Casals
Harmonia Mundi 90273334
Melómano de Oro
Desde que estoy familiarizado con la obra de Shostakóvich he considerado sus melodías largas y tortuosas como el reflejo de una frustración, una vocación incumplida o truncada. Es habitual poner como ejemplo la oscura Sinfonía núm. 5 por el lugar simbólico que ocupa en su catálogo (breve puntualización: el rasgo más llamativo del Shostakóvich pre-censura no es tanto la disonancia como la fragmentación, el rechazo al desarrollo y la continuidad; véase la Sinfonía núm. 4 o el Concierto para piano y trompeta), pero en la música de cámara, donde no contamos con la paleta de timbres de la orquesta para enriquecer el discurso, estas líneas infinitas se vuelven aún más densas y expresivas. Todo esto es para decir que, con este segundo volumen de la integral de sus cuartetos de cuerda, el Cuarteto Casals continúa sumergiéndose en lo más profundo de esta escritura espesa y llena de vericuetos para ofrecer versiones viscerales que quizá deban ser la nueva referencia a la hora de escuchar a este compositor.
Frente a la nitidez que ha caracterizado otras versiones míticas de este repertorio (pienso en las del Cuarteto Borodin), la formación apuesta aquí por un toque profundo que recupera esta vertiente trágica de la obra de Shostakóvich: el feroz ‘Allegro’ del Cuarteto núm. 9 o la desoladora ‘Elegía’ del Cuarteto núm. 11 son una buena muestra de ello. A la vez, este enfoque destaca más los contrastes dinámicos, lo que facilita comprender el discurso de, pongamos, el complejo Cuarteto núm. 12, pero también subrayar el dramatismo de movimientos lentos como el ‘Adagio’ del Cuarteto núm. 10 (una passacaglia que reincide en esas melodías inacabables a las que me refería). Todos estos aspectos se dan cita en el Cuarteto núm. 8, pieza central tanto en el conjunto de los cuartetos como en la producción del compositor, y célebremente descrita por él como una obra en memoria de sí mismo. Id a los dos últimos movimientos para comprobar cómo rasgan los arcos, cómo se maneja el crescendo o cómo se extrema el pianissimo en sus tristísimas melodías.
Me atrevería a decir que, por todo esto, el trabajo del Cuarteto Casals en esta grabación es fundamental para entender el alcance y el patetismo que impregnan la obra de Shostakóvich.




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