‘Un velo inmenso, inmóvil, sin el menor pliegue, cubre la faz del cielo […], todos los ruidos que surgen en la lejanía […] llegan al oído merced a ese silencio: son canciones, voces […]. Se ha producido un gran silencio, y oigo como si fuesen las voces de mil recuerdos delicados y conmovedores, que se alzan en la lejanía del pasado y vienen a susurrar a mi oído’
Por María del Ser
Maurice de Guérin (Le cahier vert, 1832-1835)
En más de una ocasión, el pianista y escritor Diego Fernández Magdaleno (Premio Nacional de Música, 2010) ha dicho que hay muchas personas que tienen su pasado encima y eso es muy peligroso; que el pasado hay que tenerlo detrás, no encima. O delante o detrás, pero nunca encima. En un cierto sentido, nos encontramos ante una afirmación que invita a todo un mundo de planteamientos al poder considerarla desde la perspectiva de un absoluto ejercicio estilístico que admite diversas interpretaciones y consigue, por tanto, una estructura que siempre estará en construcción.
Precisamente por su capacidad de remover, de conmover y de instalarse con vehemencia tanto en la mente como en el espíritu del espectador y oyente, se establece también un paralelismo con la impresión visual que nos permite poder alcanzar una complejidad extraordinaria sin recurrir a la grandilocuencia ni a la premeditación. También, porque en su infinidad de historias subyacentes, existe un juego trágico entre el exterior y el interior; un refinamiento entre los acentos reflexivos y narrativos que se hacen inmensos y a los que el tiempo dota de gran valor y las resignifica. En definitiva, nos crea una necesidad de reinterpretar lo que nos rodea, mirándolo con intensidad al margen de su función. Podría ser esto un claro ejemplo, hasta cierto punto, de ese poder decir que cada época representa un momento de excepcional agitación y oportunidad.
La amplia variedad de alternativas técnicas y estilísticas a nuestro alcance, además de una corriente constante de avances tecnológicos que abre las puertas de áreas de investigación desconocidas, hace que los artistas de las distintas disciplinas sean libres para seguir el curso de su imaginación y lograr todo lo que estéticamente sea posible en la recreación de la música del pasado. La apertura y el eclecticismo de la vida artística general se asienta en un sistema de pensamientos y valores compartidos que reflejan el carácter fragmentario del mundo en el que se desarrollan y en el que la especulación es naturalmente tentadora. Hace ya casi cincuenta años, el teórico musical e historiador Leonard B. Meyer afirmó, proféticamente, que la época venidera —si de hecho, no estamos aún en ella—, sería un período de éxtasis estilístico, un período caracterizado no por un desarrollo lineal y acumulativo de un único estilo fundamental, sino por la coexistencia de una multiplicidad de estilos bastante diferenciados dentro de un ‘estado dinámico y fluctuante‘. En este sentido, son también evocadoras las palabras de Mario Vargas Llosa ya que reúne muchos términos clave que, aunque refiriéndose a la cultura, pueden evocar ese pasado, ese esfuerzo empleado con respecto al tiempo presente. Cambiemos un término por otro: ‘La cultura [música] puede ser experimento y reflexión, pensamiento y sueño, pasión y poesía y una revisión crítica constante y profunda de todas las certidumbres, convicciones, teorías y creencias. Pero ella no puede apartarse de la vida real, de la vida verdadera, de la vida vivida, que no es nunca la de los lugares comunes, la del artificio, el sofisma y el juego, sin riesgo de desintegrarse’.
En este sentido, un ejemplo de búsqueda de conciliación sin jerarquías es el Festival de Música Antigua de los Pirineos (FeMAP) que este año cumple su decimoquinta edición. Del 3 de julio al 23 de agosto, cincuenta conciertos en treinta y seis municipios dan buena cuenta de ello, habiéndose convertido en una de las propuestas culturales más prestigiosas y de mayor alcance de toda Europa con un marcado carácter transfronterizo. Y es que, al igual que hay obras de arte que producen efecto porque ‘quieren’ producirlo, las hay, a su vez, que lo producen por el simple hecho de existir. Quizá sea esa la razón de por qué el efecto en unas disminuye con el tiempo y en otras no. A esto se añade que cada artista lleva a cabo opciones estéticas a veces divergentes, pero siempre a partir de un postulado común: su posición de libertad. Libertad relativa respecto de las determinaciones de su entorno —en este caso los territorios pirenaicos— pero, en todo caso, actitud de libertad, ya que fija sus orientaciones, sus principios de acción, toma sus propias decisiones y escoge los medios de realizarlas con la finalidad de poder manifestar una independencia. Combinar la música antigua y el patrimonio cultural y natural es un objetivo múltiple e integrador que se promueve desde el FeMAP con el logro último de establecer una comunión o vínculo colectivo que, al mismo tiempo, realmente consiga comunicar el contenido espiritual de lo creado, satisfacer expectativas intelectuales y afectivas y reflejar una visión de la vida a través de la música.
Estas cuestiones enlazan también con la idea de la actualización, de ese trasladar a los oídos del siglo XXI lo que se escuchaba siglos atrás con sus cambiantes contextos, ya que, a criterio de Nikolaus Harnoncourt ‘[…] para la permanencia de la espiritualidad y de una experiencia estética completa es de una importancia decisiva vivir con nuestra cultura’. Además, presupone una reconsideración y una revisión constante para que las obras del pasado ‘vuelvan a verse en toda su diversidad apasionante y transformadora’. Esto nos sitúa ante el hecho no de redescubrir un repertorio sino de abordar una nueva modalidad de interpretación centrada en el gran cúmulo de posibilidades que presenta el proceso creador y re-creador. Puede asumirse también como una búsqueda de respuestas, de un itinerario personal de descubrimiento que enriquece no solo a los intérpretes sino al público. Así, si la lógica es la ciencia del razonamiento válido, si razonar es inferir e inferir es desprender una proposición o una propuesta, su absoluta validez recae o se encuentra en el seno de las estrechas relaciones que existen entre la evolución social, cultural y, desde luego, económica de nuestra época sin dejar de lado las nociones atemporales del arte, el genio y lo universal.



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