Le Chant des Muses. Forgotten Works by Female Composers
Anna Urpina, violines barroco y moderno
María Hinojosa, soprano
Daniel Oyarzabal, clave y piano
Nicola Brovelli, violonchelos barroco y moderno
Nacho Laguna, tiorba y guitarra barroca
Eudora EUD-SACD-2502
Melómano de Oro
Recién salido del horno, nos hacemos eco del último trabajo de Anna Urpina, que irrumpió con fuerza en el certamen Global Music Awards de California, obteniendo nada menos que dos medallas de oro. Un disco que, aunque comparte la línea del anterior —ese cóctel moderno y antiguo—, propone en esta ocasión un hilo conductor claro: las mujeres compositoras de ayer, con una pincelada de las de hoy.
Hasta doce compositoras —italianas, francesas, españolas e inglesas— que cayeron en el olvido, como Gracia Baptista, Élisabeth Jacquet de la Guerre, Maddalena Casulana o Lady Mary Dering —exceptuando a Francesca Caccini, la autora más conocida de la selección—, colorean un variadísimo disco con piezas vocales e instrumentales de diversos géneros y estilos. El resultado es un exhaustivo trabajo de recuperación que da a luz siete obras inéditas, entre ellas Canciones de amor (2004) de Zulema de la Cruz (1958) y Largo once again (2024), encargo de Urpina a la compositora Helena Cánovas Parés (1994).
Le acompañan Nacho Laguna, encargado de rellenar el continuo; un excelente Daniel Oyarzabal, resuelto y ágil desde el clave, y profundo y contemplativo desde el piano; y también Nicola Brovelli, en los dos chelos —antiguo y moderno—, que comparte el reto de transitar del uno al otro, igual que la propia Urpina desde el violín, instrumento con el que ha hecho de esta peculiar cualidad una de sus señas de identidad en directo.
Destacan nuevamente sus intervenciones, perfectamente matizadas por el contexto y la retórica musical, su quirúrgico vibrato y su técnica en los pasajes virtuosos. Remata el elenco una soprano de la talla de María Hinojosa, dramática e intensa en las canciones de De la Cruz, y adaptativa en los distintos registros. Especial mención merece la gran calidad sonora de la grabación.
Sobresalen la imponente Sonata de Isabella Leonarda y, en el plano vocal, la canción de Lady Mary Dering, aunque no hay nada prescindible en este fantástico surtido de autoría femenina: un viaje definitivo a la otra cara de la Europa barroca y renacentista.



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