Mozart. The Horn Concertos
Javier Bonet, trompa natural
La Real Cámara
Emilio Moreno, dirección
IBS Classical IBS32025
★★★★★
La historia de la pervivencia de los conciertos para trompa de Mozart es prodigiosa. En 1799 Constanze Mozart, viuda del compositor, vende al editor Johann André una colección de música de su marido por 2.550 florines. Entre los manuscritos se hallan los conciertos para trompa, compuestos principalmente para Joseph Leutgeb, amigo de Mozart, nunca antes publicados. En 1800 André recurre de nuevo a Constanze con el propósito de localizar los fragmentos extraviados de dos conciertos en su poder. La reconstrucción de los conciertos K.417 y K.495 acaba de empezar.
El desorden cronológico apreciable en el catálogo Köchel advierte de las vicisitudes acaecidas con los de manuscritos, alterados en algunos pasajes por Leutgeb a medida que perdía sus habilidades de virtuoso o regalados por páginas, a modo de souvenir, por Carl Thomas Mozart en 1856, con motivo del centenario del nacimiento de su padre. Leutgeb, que durante años demandara a Mozart un concierto, fue recompensado al fin con el hoy conocido como Concierto núm. 2 en Mi bemol mayor K.417, en cuyo manuscrito puede leerse: ‘Wolfgang Amadé Mozart ha tenido piedad de Leutgeb, asno, buey y tonto, en Viena a 27 de mayo de 1783’. A este seguiría, en 1786, el Concierto núm. 4 en Mi bemol mayor K.495, fragmentario en los manuscritos de André pero completado gracias a una edición de rival. Del mismo año es el fragmento del Concerto a corno principale en Mi mayor K.494ª. El Concierto núm. 3 en Mi bemol mayor K.447 es de 1787, y la catalogada como obra inaugural del ciclo, el muy incompleto Concierto per il corno solo en Re mayor K.412/ 386b, es en realidad de 1791, último año de vida de Mozart.
Dichas obras, además del Allegro y Rondó del Concierto en Mi bemol mayor K.370b + K.371 de 1781 y, por tanto, primeras piezas para trompa solista escritas por Mozart, figuran en el presente registro, donde La Real Cámara, orquesta de elegantes y aterciopeladas texturas, brillantes y enérgicos contrastes, muestra una calidad extraordinaria. Bonet muestra con maestría absoluta la belleza expresiva de su instrumento.
Una broma, que, por supuesto no revelo, aguarda al oyente en la pista final.


Deja una respuesta