La enseñanza del lenguaje musical en España afronta un reto urgente: adaptarse a las exigencias auditivas y creativas del siglo XXI. Este artículo propone una revisión crítica del modelo tradicional de solfeo y plantea un enfoque integrador que fortalezca el oído relativo, la comprensión tonal y la fluidez musical del alumnado.
Por Josep Maria Saperas Lafarga
Preámbulo
Este artículo quiere abrir una reflexión acerca del sistema de enseñanza del lenguaje musical en nuestro país, evaluando la pertinencia de mantener sin revisión nuestro modelo de solmización frente a las exigencias cromáticas y universales del lenguaje musical actual.
Muchos docentes estamos preocupados por las dificultades de nuestros estudiantes en el lenguaje musical. Año tras año vemos grandes problemas para entonar a vista, realizar dictados, interiorizar armaduras, aprender escalas o modos, mantener el pulso, analizar estructuras o afinar correctamente. Habitualmente lo atribuimos al poco tiempo de estudio o a la falta de motivación, pero rara vez cuestionamos el sistema educativo que seguimos aplicando desde hace siglos de forma acrítica, a pesar de sus resultados. Todo ello ocurre pese al gran esfuerzo del profesorado y de la elevada carga lectiva de la asignatura.
La motivación del alumnado debería apoyarse en un sistema coherente que funcione y garantice un progreso real. Por ello, resulta necesario cuestionar si el modelo vigente responde a estas necesidades. Debe abrirse un debate amplio en todos los niveles educativos que conduzca a un modelo más coherente, de calidad y con mejores recursos para la enseñanza musical.
En mi opinión, la base del cambio debe situarse en el sistema de enseñanza del solfeo, ya que de él depende la mejora o la continuidad de la situación actual.
Oído absoluto frente a oído relativo
El aspecto esencial en la enseñanza de la música es el desarrollo de la capacidad auditiva del alumnado, pudiendo dividirse este en dos grupos: quienes poseen oído absoluto, y quienes no. El porcentaje de alumnos con oído absoluto es reducido (3-4%), por lo que la mayoría debe formarse en el oído relativo.
El oído absoluto es una habilidad poco frecuente, que suele aparecer en edades tempranas y requiere entrenamiento sistemático, aunque no siempre se consolida. Superada esa etapa, resulta prácticamente imposible adquirirlo. Por ello, a partir de los ocho años —edad de acceso habitual a los conservatorios— la enseñanza debe centrarse en un oído funcional que garantice una base auditiva sólida. Además, el oído absoluto no constituye una formación musical completa, sino que debe integrarse en un aprendizaje global. El oído relativo, en cambio, es universalmente desarrollable y base de la comprensión tonal, la improvisación, la transposición y la interpretación consciente, por lo que es esencial un sistema eficaz para su desarrollo.
El sistema del do fijo, vigente en los conservatorios en España, asigna a cada nota una sílaba inmutable: do es siempre do, re es siempre re, mi es siempre mi, etc. Aunque parece neutro, favorece a los alumnos con oído absoluto, que identifican directamente las alturas sin referencia externa. Para ellos, el sistema resulta inmediato y automatiza la lectura. Sin embargo, en la gran mayoría del alumnado no desarrolla la percepción auditiva, sino que fomenta un aprendizaje mecánico basado en la memorización de equivalencias entre grafía, nombre y altura, sin comprensión funcional. Esto repercute en la transposición, la improvisación y la comprensión armónica, creando una brecha pedagógica. Frente a ello, el do móvil se centra en las relaciones sonoras y ofrece un aprendizaje más funcional e inclusivo.
Además del do fijo y el do móvil, existen otros sistemas como el de letras y el de números, cada uno con ventajas e inconvenientes, por lo que su análisis conjunto es necesario para repensar la educación musical.
Solmización y marco histórico
Definición moderna de solmización:técnica pedagógica que asigna sílabas, letras o números a cada altura musical para facilitar cuatro aspectos: entonación precisa, reconocimiento auditivo de intervalos y escalas, lectura y escritura musical en contextos tonales, atonales, diatónicos y cromáticos y comprensión de las funciones tonales
En el siglo XXI, la solmización amplía su significado medieval. Ya no se limita al hexacordo de Guido d’Arezzo, sino que se entiende como el uso de sílabas o signos para enseñar, percibir y reproducir alturas musicales con fines pedagógicos y auditivos en contextos diversos.
Marco histórico
En el siglo XI, a partir del himno Ut queant laxis, Guido d’Arezzo creó el sistema del hexacordo natural (ut–re–mi–fa–sol–la) como ayuda mnemotécnica para el canto gregoriano.
En el siglo XIII, con la aparición de bemoles y sostenidos, el sistema se amplió con dos hexacordos: hexacordo durum (sobre sol, con si natural) y hexacordo molle (sobre fa, con si bemol)
Así, en la Baja Edad Media coexistían tres hexacordos, y cada sonido podía tener distintas sílabas según el contexto, manteniéndose fijo el principio de que el semitono se expresaba siempre como mi-fa. Posteriormente se añadió la sílaba si, procedente de Sancte Iohannes, y en el Renacimiento se consolidó su uso con la expansión de la polifonía. En el siglo XVII se sustituyó ut por do.
Durante la musica ficta (Edad Media y Renacimiento), las alteraciones cromáticas no previstas en el sistema obligaron a añadir sostenidos o bemoles ‘ficticios’, lo que generó una progresiva confusión.
En la Edad Moderna (siglos XVI–XVII) se consolidan dos elementos:
- Los signos ♯ y ♭
- El sistema de letras (A–G), de origen antiguo.
En los países latinos se fijan las sílabas do–re–mi–fa–sol–la–si como nombres absolutos, añadiendo ‘sostenido’ o ‘bemol’ para las alteraciones, en lugar de inventar sílabas nuevas. En el ámbito anglosajón, a finales del siglo XVIII, se sustituye si por ti.
Conclusión histórica
El principio fundamental de la solmización es la asignación de una sílaba a cada sonido, especialmente la estabilidad de mi-fa como representación del semitono. Sin embargo, en el sistema del do fijo, esta relación se vuelve ambigua, ya que mi-fa puede representar distintos intervalos según las alteraciones (mi-fa, mi-fa#, mib-fa, mib-fa#), lo que introduce incoherencias desde un punto de vista pedagógico. Esta evolución histórica explica la aparición de nuevas propuestas de solmización adaptadas a las exigencias del lenguaje musical posterior a la Edad Media.
Comparativa de sistemas
En nuestro tiempo, dentro de la pedagogía del lenguaje musical, coexisten cuatro métodos principales heredados de la tradición: sistema de do fijo, sistema de do móvil, sistema de letras y sistema de números.
En el sistema del do fijo, el do es siempre do (absoluto) y se utilizan las sílabas do–re–mi–fa–sol–la–si sin solmización cromática. Este método, usado en países como Francia, Italia, España, Portugal, gran parte de América Latina, Europa del Este, Rusia y zonas de Asia, funciona tanto en música tonal como atonal, pues cada sonido tiene una sílaba fija. Además, mantiene una buena relación con la notación escrita y es muy útil en la lectura instrumental a primera vista. Sin embargo, no refleja la función tonal —un sol puede ser cualquier grado— y las alteraciones ralentizan la lectura al añadirse como ‘sostenido’ o ‘bemol’, lo que afecta a la fluidez y debilita el oído relativo frente al sistema móvil.
Por su parte, en el sistema del do móvil, el do es la tónica de cada tonalidad (según los modelos de Kodály o Curwen). Se emplean las sílabas do–re–mi–fa–sol–la–si (o ti) junto con sílabas cromáticas como fi, di o ri. Este sistema, usado en el Reino Unido, EE. UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Hungría y escuelas Kodály, refuerza la función tonal, los intervalos y la jerarquía de grados, resultando eficaz para el oído relativo y la entonación. No obstante, es menos eficaz en música atonal o muy modulante, y puede dificultar la lectura instrumental absoluta debido a su menor relación con la notación de letras.
En cuanto al sistema de letras, basado en la notación A-G (y H en la tradición germánica) con los sufijos -is y -es, su uso es común en Alemania, Austria, Países Bajos y partes de Escandinavia. Es un estándar universal en la teoría y la práctica profesional de acordes, rápido para el análisis armónico y preciso para los cromatismos, especialmente en el jazz y la música popular. Pese a ello, resulta poco intuitivo para el canto y en los países latinos todavía se percibe como una lengua extranjera.
Finalmente, el sistema de números emplea las cifras del 1 al 7 como grados de la escala. Es muy claro para la función tonal (1, 4, 5) y universal en cualquier tonalidad, lo que lo hace útil para la improvisación y la transposición, aunque resulta problemático en los cromatismos y no indica la altura absoluta, siendo menos musical al cantar.
En conjunto, nuestro sistema destaca por la lectura instrumental rápida y su capacidad para la música tonal y atonal, pero carece de solmización cromática y del trabajo sistemático con números. El cifrado con letras ya está presente en los conservatorios y aporta claridad analítica, aunque debería introducirse desde etapas tempranas. Estas carencias ayudan a entender su impacto en la formación del alumnado.
Conclusión global
El do fijo resulta mejor para la altura absoluta y la lectura instrumental, mientras que el do móvil es mejor para el desarrollo de la función tonal y la educación auditiva. Por su parte, el sistema de letras es mejor en el campo de la armonía y el análisis, mientras que el de números es el más idóneo para la transposición e improvisación.
En conjunto, nuestro sistema destaca por la lectura instrumental rápida y su capacidad para la música tonal y atonal, pero carece de solmización cromática y del trabajo sistemático con números. El cifrado con letras ya está presente en los conservatorios y aporta claridad analítica, aunque debería introducirse desde etapas tempranas. Estas carencias ayudan a entender su impacto en la formación del alumnado.
Aplicación sistemática en España
Como hemos visto, la solmización cromática (di, ri, fi, etc.) contribuye a la claridad auditiva; sin embargo, en gran parte de Europa, incluida España, no se adoptó históricamente por diversas razones.
En primer lugar, responde a una marcada tradición histórica: desde el siglo XIX, los conservatorios europeos se organizaron en torno al do fijo y a los nombres latinos (do, re, mi…). En aquel modelo, la prioridad fue la lectura absoluta de partituras más que el entrenamiento auditivo funcional, lo que consolidó el uso de los términos ‘do sostenido’ o ‘re bemol’ en lugar de implementar nuevas sílabas.
A esto se suma una evidente resistencia pedagógica, ya que introducir sílabas cromáticas implica modificar siglos de práctica educativa. Tradicionalmente se ha defendido que el sistema actual es suficiente, manteniendo las denominaciones de sostenido y bemol, lo que ha limitado la fluidez rítmica en la lectura cantada de alteraciones.
Por último, el desajuste responde a prioridades distintas según la región geográfica. Mientras que en los Estados Unidos o en el método Kodály se prioriza el oído relativo —donde las sílabas cromáticas resultan clave—, en Europa ha primado el solfeo absoluto y la lectura rápida de partituras, favoreciendo la exactitud escrita sobre la fluidez oral y la percepción funcional del sonido.
Perfil de alumnado según el sistema empleado
El uso del do fijo sin sílabas cromáticas conlleva carencias habituales, empezando por una marcada confusión auditiva: muchos alumnos no distinguen entre fa y fa♯ sin entrenamiento adicional, ya que en la entonación se suele priorizar la teoría —añadir el apellido ‘sostenido’ o ‘bemol’— sobre la percepción sonora directa. Asimismo, surge una clara dificultad en la recitación con alteraciones, pues pronunciar ‘fa sostenido’ o ‘si bemol’ imposibilita la fluidez rítmica y resta musicalidad en los ejercicios rápidos.
Esta desconexión entre nombre y sonido provoca que el alumno interprete primero la nota base y después añada la alteración antes de cantar. En cambio, sistemas como el alemán o el húngaro permiten cantar directamente Fis, Bes o sílabas equivalentes como fi o te, evitando la dependencia excesiva del conocimiento conceptual frente a la reacción auditiva inmediata.
Por el contrario, los sistemas con sílabas cromáticas (como el do móvil o el de letras) ofrecen ventajas como la identificación directa, donde cada sonido tiene un nombre específico asociado al oído. Esto permite una mayor fluidez en la entonación y una relación interválica clara, ya que los sufijos (como -i/-e o -is/-es) refuerzan la función tonal o el nombre absoluto. En consecuencia, países como Hungría, Reino Unido o EE. UU. desarrollan antes la afinación cromática y la precisión auditiva.
Consecuencias pedagógicas
En alumnos formados en el sistema de do fijo se observa menor facilidad en el solfeo funcional —entonar en cualquier tonalidad, improvisar o transponer—, aunque suelen ganar rapidez en la lectura absoluta instrumental. Este modelo requiere más tiempo en el entrenamiento auditivo de alteraciones, solfeo lento de pasajes cromáticos y ejercicios de diferenciación melódica.
En cambio, en los sistemas de do móvil, dicha diferenciación está implícita en el nombre de las notas, lo que facilita el aprendizaje inicial a costa, quizás, de una menor rapidez en la lectura absoluta de partituras.
La ausencia de solmización cromática genera diversos inconvenientes: dificultad en la lectura de tonalidades con alteraciones; problemas de afinación, limitación en la comprensión armónica, dificultad en improvisación y composición, menor desarrollo de la percepción auditiva, problemas de transposición, dificultad en repertorio complejo, lectura a primera vista menos eficiente, dificultad en escritura musical. limitaciones en la armonización, problemas de ritmo y fraseo y dificultad en la integración teórico-práctica.
Como vemos, la ausencia de sílabas cromáticas dificulta la formación integral del estudiante, afectando lectura, afinación, teoría, creatividad y percepción auditiva, con impacto directo en todos los ámbitos del lenguaje musical y reduciendo la fluidez y autonomía del alumnado.
Acerca del enfoque de la enseñanza y evaluación del ritmo
Es fundamental diferenciar entre ritmo y recitación. Recitar nombres no equivale a sentir el pulso rítmico, ya que depende de la memoria y la agilidad verbal, y no es un indicador fiable del sentido del tiempo.
La entonación y la producción rítmica implican procesos distintos:
- Ritmo: sentido del tiempo, subdivisiones y acentos, trabajado mediante palmas, sílabas rítmicas, percusión corporal o metrónomo.
- Altura: memoria de notas, afinación y reconocimiento visual, trabajado con canto, dictado melódico y entrenamiento interválico.
En la evaluación es importante separar ritmo y recitación/entonación. La recitación con ritmo puede usarse como herramienta de coordinación, pero no como prueba principal. Recitar no es imprescindible para desarrollar el ritmo, sino un complemento en la coordinación entre destrezas. Para evaluar el sentido rítmico puro son más adecuados recursos como palmas, sílabas tarareadas, percusión corporal o interpretación instrumental directa.
Propuestas de solución
La educación musical en España tiene la oportunidad de evolucionar desde un sistema rígido hacia un modelo más integral que forme músicos completos para el siglo XXI.
- Introducir nomenclatura cromática mediante extensiones silábicas en Lenguaje Musical.
- Enseñanza en doble vía: solfeo para entonación junto con letras y números para lectura e improvisación.
- Evaluaciones diferenciadas entre ritmo (palmas, percusión, sílabas) y entonación.
- Formación del profesorado en solmización cromática y entrenamiento auditivo.
- Materiales didácticos con dictados, transposición y ejercicios combinando sílabas, letras y números.
- Investigación comparativa sobre eficacia de distintos sistemas en lectura, entonación y audición.
- Ajuste del currículo a esta integración metodológica.
Propuesta de modelo integrativo
El do móvil no es aplicable a todos los repertorios, especialmente los no tonales, mientras que el do fijo permite una lectura fluida en contextos tonales y atonales. Sin embargo, este sistema es débil para el desarrollo del oído relativo, la improvisación y la armonía, por lo que requiere complementación.
La propuesta se basa en tres ejes:
- Mantener el do fijo como base de lectura instrumental.
- Incorporar sílabas cromáticas adaptadas para mejorar percepción auditiva y entonación.
- Introducir desde etapas iniciales el trabajo con letras y números para reforzar oído funcional, improvisación y análisis.
Recursos como la publicación Re, Mi, Fi, Sol representan una aportación inicial en este proceso de renovación metodológica, orientada a enriquecer la enseñanza musical y desarrollar herramientas más coherentes con las necesidades actuales.
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