Hay personas que dejan huella sin pretenderlo, que contagian calma en medio del ruido y que trabajan por la música con una dedicación que nace de la honestidad y el profundo respeto por la cultura. Así es Susana Castro: un ejemplo de cómo liderar sin imponer, de cómo transformar sin romper y de cómo haber dado una nueva vida a esta revista sin perder su esencia.
Por Fabiana Sans Arcílagos & Lucía Martín-Maestro Verbo
No podíamos cerrar el año sin dedicar esta sección a Susana Castro, verdadera alma y motor de esta revista, y figura clave en el panorama comunicativo y musical español por su mirada comprometida con la música, su defensa apasionada de la cultura y su capacidad para dar voz a músicos y a jóvenes talentos que empiezan a labrarse su camino. Generosa y de mente abierta, es una líder serena y asertiva que consigue que la música llegue a todas partes con rigor, pasión y entrega.
Hace ya diez años que tenemos la fortuna de conocer a Susana, y nos damos cuenta de que se nos hace muy difícil definirla en pocas palabras, quizá porque su esencia no se puede encapsular en un currículum (aunque el suyo sea especialmente sólido), pues nace de algo más profundo: su manera de vivir el mundo musical, su ética de trabajo, su sensibilidad y esa capacidad tan suya de tratarnos a todos como si fuésemos lo más importante en ese momento.
Aun así, vamos a intentar recorrer algunas etapas de su vida especialmente para quienes no han llegado a conocerla de cerca, y haceros sentir parte de la historia de quien ha guiado y liderado esta publicación con naturalidad, valentía y un gran sentido de la responsabilidad desde 2022.
Susana nació en Lugo y, con apenas 18 años, tomó la decisión de trasladarse a Madrid para estudiar sonido. En realidad, la música era algo que ya vivía en su casa, pues su padre es cantante y ella había estudiado piano desde la infancia. Sin embargo, su inquietud la llevó a explorar otros territorios y se adentró en el mundo del sonido aplicado al cine, entrando así en contacto con una faceta de la música más técnica y narrativa.
Tras varios años en este sector, decidió dar un giro que acabaría marcando su trayectoria: estudiar Musicología en la Universidad Autónoma de Madrid, justo cuando la especialidad se convertía en un grado con el Plan Bolonia. Y fue precisamente a lo largo de estos estudios cuando empezó a tramar la faceta que hoy todos conocemos de ella: la de comunicadora musical. Así, mientras cursaba su carrera, entró como estudiante en prácticas en la revista, entonces dirigida por Alfonso Carraté. Él mismo recuerda que desempeñó su trabajo con tal calidad y diligencia que en poco tiempo fue nombrada jefa de redacción de la revista. Y es que lo cierto es que Susana no buscaba destacar: simplemente hacía las cosas bien. Cuando alguien trabaja con la coherencia y entrega que la caracterizan, el camino se abre solo.
Alfonso dejó la dirección de la revista en enero de 2022 y, como no podía ser de otra manera, Susana quedó al cargo de esta, no solo porque conocía a la perfección todo su funcionamiento, sino porque era —y sigue siendo— la persona indicada. Este nombramiento, que en apariencia podría pasar desapercibido, supuso en realidad un hito histórico, pues Susana se convirtió en la primera mujer en liderar una revista de música clásica de primer nivel en España, toda una pionera en el sector.
Bajo su dirección, y gracias a su enfoque personal, pudimos disfrutar de una necesaria renovación en la revista, más abierta y conectada con la actualidad, aunque sin perder la esencia que la ha hecho sobrevivir con éxito durante casi tres décadas.
Y es que la importancia del papel que ha tenido Susana en esta publicación no se explica únicamente por su trayectoria, ni siquiera por este logro pionero. Lo esencial está en quién es ella, en sus valores, en la forma en la que vive la música y la cultura, y su enorme capacidad para comprender las necesidades de los músicos, pero también de los públicos. Y es que la sensibilidad, la capacidad de escucha y su tremenda intuición no son cosas que se aprendan en una escuela.
En un gremio a menudo extremadamente competitivo y cada vez más fragmentado, Susana apuesta por lo contrario: promover una visión colaborativa del mundo clásico. En sus propias palabras, el sector de la música clásica es un engranaje formado por muchas partes que deben funcionar en sintonía y de forma cooperativa, y lo dice con la convicción de que el éxito de un intérprete, de un festival o de una revista repercute en toda la cadena profesional.
Su labor en el respaldo a los jóvenes talentos nacionales no es un gesto puntual, sino una línea de trabajo constante que se refleja de distintas maneras. Por un lado, en las páginas de Promesas cumplidas, donde da voz a músicos emergentes, constituyendo, en muchos casos, la primera oportunidad para estos de hacer una entrevista a un medio especializado. Pero donde su implicación se hace aún más evidente es en el certamen Intercentros Melómano, que dirige desde la Fundación Orfeo. El carácter humilde de Susana la lleva constantemente a señalar que ella no es la creadora del concurso, pero la verdad es que es el elemento fundamental que convierte una experiencia que podría ser dura en un proceso amable, humano y didáctico, abogando siempre por crear un ambiente de compañerismo y respeto en el que los estudiantes se sienten arropados, escuchados y valorados.
En cuanto a la prensa especializada, Castro ha señalado en repetidas ocasiones la importancia de entrar en el terreno de la comunicación digital y las redes sociales, pero siempre desde una mirada consciente y coherente. Para ella, adaptarse a los tiempos no significa rendirse a la inmediatez ni a la velocidad que domina otros ámbitos, sino saber dialogar con los nuevos formatos sin perder de vista a un lector que busca exactamente lo contrario: alguien capaz de detenerse, escuchar y degustar la música con profundidad. Por eso defiende una convivencia natural entre los distintos lenguajes y ritmos comunicativos, siempre manteniendo el rigor y las formas.
Hay una faceta suya que aquí apenas podemos desarrollar y que merece ser también nombrada: su labor como docente en la Universidad Autónoma de Madrid, donde ha formado a nuevas generaciones de estudiantes con una mezcla de sentido práctico y cercanía que no es tan habitual como debería, marcando una diferencia enorme.
Y es que, llegadas a este punto, nos damos cuenta de que al hablar de ella siempre nos quedamos cortas. Podemos enumerar cargos y responsabilidades, proyectos y logros, pero la parte más valiosa es la que no se ve a simple vista: su manera de preguntar, de escuchar, de estar presente sin acaparar, de acompañar sin imponer. Y lo mejor es la certeza de saber que con personas así, la música seguirá teniendo un futuro. Por eso resulta tan fácil admirarla y tan difícil despedir estas líneas. Gracias por tanto, Susana.






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