
El 15 de octubre de 2024 se cumplieron 100 años del estreno en el Teatre Tívoli de Barcelona de La bien amada, zarzuela de José Padilla. El 11 de noviembre de 2025 se celebran los 100 años del estreno en París de ‘Valencia’ y el inicio de su gloria y universalidad. La música de ‘Valencia’ es conocida en todo el mundo. Inspira teatros, literatura, perfumes, moda, etc. Los más grandes cantantes de épocas distintas son sus intérpretes. ¿Conocemos su historia?
Por Eugenia Montero
‘El éxito de ‘Valencia’ se debe, quizá, al amor con que escribí sus notas, desde el momento en que empecé a componer La bien amada’, José Padilla.
La bien amada y el maestro de música
1924. José Padilla, el compositor al que llaman ‘rey Midas de la música’, vive en París. My Spanish Rose y Who’ll Buy My Violets son éxitos en Nueva York. España parece cada día más lejana en el mundo vertiginoso en el que vive, pero Padilla quiere seguir unido a su tierra. Sueña con obtener allí los éxitos que logra en París, con ese deseo viaja a Barcelona y Madrid para dirigir los estrenos de nuevas zarzuelas. El 17 de marzo, Sol de Sevilla es un éxito en el Teatre Tívoli de Barcelona y el 19 de abril en el de la Zarzuela de Madrid.
El compositor, sentimental, emotivo, de nuevo en París, con el sentimiento que siempre le produce volver a España para reencontrarse con sus raíces, vuelve la mirada a la infancia, a la adolescencia, a la madre que perdió tan pronto. Recuerda a Eugenio Lloret, el profesor valenciano que creyó en él y les dijo a sus padres: ‘Yo ya no puedo enseñarle más. Llévenlo a Madrid, que estudie en el conservatorio’.
Al pensar en el profesor que fue decisivo en la continuación de los estudios y en su carrera musical, surge la idea de una nueva zarzuela, que sea un íntimo homenaje al maestro valenciano. Habla con su amigo José Andrés de Prada, autor del libreto de Sol de Sevilla.
—¿Qué te parece si hacemos una zarzuela dedicada a Valencia, con el mar y la huerta de fondo?
—Tú mandas. Me parece buena idea. No sé si existe alguna zarzuela cuya acción se sitúe en Valencia.
Siguiendo el deseo del compositor, Prada escribe una historia situada en Valencia: amor, celos, enfrentamientos y un final feliz. Padilla, como es habitual en él, cambia frases, títulos, adapta los cantables a la música comentándolo con Prada, colaborador siempre receptivo a cuanto dice Padilla, desde que se conocieron en Barcelona. La obra está preparada para su estreno en ese mismo 1924, cuando han pasado poco más de seis meses desde el estreno de Sol de Sevilla.
‘La música es el sentimiento de la historia’
Padilla sigue en La bien amada la línea que aplica a su obra teatral. El compositor dice que una obra no debe aburrir: ha de divertir o emocionar, debe enganchar al principio, tener una romanza que conmueva y un final fuerte. ‘La música —afirma— es el sentimiento de la historia’.
La introducción, festiva, alegre, tiene un solista (barítono) y un coro de hilanderas, pescadores y marineros. El primer número, unido a la introducción, es sentimental, lírico: ‘Te quiero porque tienes en los ojos…’. José Padilla cree en esta música y la repite en un solo orquestal en el preludio del segundo acto.
En el primer acto hay un dúo, un cuarteto, una rondalla, una romanza de melodía muy bella: ‘Los ojos negros de mi morena, como una llama de pena son…’. La copla de Salvador, ‘Valenciana, valenciana…’, muestra esa musicalidad de Padilla de la que César Wonenburger ha escrito que es el mejor melodista del siglo XX, opinión que comparten, entre otros muchos, el director de orquesta Víctor Pablo Pérez, quien estrenó en primicia mundial, en el Auditorio Nacional de Música, la suite sinfónica de la obra, aún inédita, Norga.
En el segundo acto hay otro número muy rítmico, que juega primero con el aire de una jota valenciana para pasar a un tiempo de jazz (viento, madera, batería) con reminiscencias de claqué y algo de zapateado andaluz. Al protagonista de este número se le había puesto de nombre Paelleta. Al compositor no le gusta y comenta: ‘En Valencia, Paelleta… paella… Quien canta es un torero que empieza, un novillero. Vamos a llamarle Torerillo’.
Hay también una romanza al vino, una danza acompañada de dulzaina y tabalet y un Himno a Valencia en cuya partitura autógrafa el compositor escribe el tiempo: ‘Grandioso’.
Del Teatre Tívoli de Barcelona al de la Zarzuela de Madrid. ‘La partitura contiene paginas de una belleza cautivadora’
La bien amada es una loa a Valencia, una amorosa exaltación de sus costumbres y su gente: el mar, la huerta, el pescador, el marinero, todo lo que era —es— Valencia en 1924.
El 15 de octubre se estrena en el Teatre Tívoli de Barcelona La bien amada. Los protagonistas son Cora Raga y Emilio Vendrell, muy conocidos y admirados en esos años. Entre otros intérpretes también está Enriqueta Serrano, que años más tarde se casará con otro gran compositor, Pablo Sorozábal, y será madre del único hijo de ambos, Pablo Sorozábal Serrano.
La obra se estrena después en Madrid, en el Teatro de la Zarzuela, el 2 de marzo de 1925. Al día siguiente, en el diario ABC aparece la crítica:
La bien amada, zarzuela que se estrenó anoche en el coliseo de la calle de Jovellanos, al propio tiempo que tejía una fábula sentimental colocándola en un marco levantino, supo dejar ancho campo a Padilla, ofreciéndole repetidas situaciones musicales para que en ellas demostrara su inspiración, su buen gusto y sus conocimientos de técnica orquestal. La partitura contiene páginas de una belleza cautivadora, destacando el primero de sus números, que se repite como sinfonía del segundo acto, y el del torerillo y el coro, que fueron los más aplaudidos por el público.
La bien amada hace una gira por España. En las partes de orquesta, los músicos, a veces, anotaban su nombre, un comentario, una fecha. Puede seguirse así un itinerario en el que la obra llega incluso a Canarias.
La magia de ‘Valencia’ y el estreno en París
Padilla compone en París para Edmée Favart una opereta, Pepete, la primera creada por un compositor español en la cuna del género, que Favart y Bournier estrenan en el Théâtre de l’Avenue. Al mismo tiempo es director de orquesta del Casino de París, y los encargos de obras —la comedia musical Chipée para 1926, canciones y estrenos—le impiden volver a España y continuar el destino de La bien amada.
Enrique Gómez Carrillo, escritor y diplomático guatemalteco, separado de Raquel Meller, guía los pasos artísticos de Mercedes Serós, aragonesa como Raquel, y logra un contrato para el mítico Olympia del bulevar des Capucines.
Mercedes Serós, de 25 años, quiere hacer una presentación espectacular y piensa en el traje típico valenciano. Gómez Carrillo le aconseja: ‘Acude a Padilla. Es el ídolo de París, lo que él compone es siempre un éxito’. Serós está en Barcelona y se dirige a Prada. Este conecta con el compositor, pero Padilla no tiene tiempo para componer algo nuevo. ‘Ahora no puedo, pero el número uno de La bien amada, después de la introducción, con una letra nueva puede valer. Si la chiquita lleva un traje de valenciana, ponle de título ‘Valencia».
Prada hace una nueva letra; Padilla la adapta a la música. Mercedes Serós se presenta en el verano de París, en el Olympia, cantando ‘Valencia’. Entre el público está el catalán Rogelio Huguet, amigo del compositor desde los primeros años en Barcelona y director de la compañía Salabert, editora de José Padilla y la más importante de Francia en esos años. Huguet asistió también al estreno de La bien amada en Barcelona y habla con Padilla: ‘Me gustó mucho La bien amada y ayer disfruté con ‘Valencia».
Padilla, de pensamiento rápido, se prepara un gran espectáculo: el regreso de Mistinguet al lugar de sus primeros éxitos, el Moulin Roug. Ella quiere cantar La violetera. El compositor se dirige a Mistinguett, la estrella adorada de París:
—Miss, tengo otra canción para usted. Con ella tendrá aún más éxito. Confíe en mí.
—Querido, siempre he confiado en usted.
Mistinguett pone una sola condición: que se haga una letra exclusiva para ella.
‘Valencia’ invade Francia
La promoción de ‘Valencia’ empieza antes de su estreno. Padilla, avanzado a su tiempo, dirige lo que hoy llamaríamos una campaña de marketing. Se envían partituras de ‘Valencia’ a todas las orquestas de Francia con la petición de que no la toquen hasta después del estreno. Se hacen dos letras: una exclusiva para Mistinguett, y otra distinta. El título, siempre, ‘Valencia’.
La escenografía: un fondo de colores intensos de abanicos y flores, una escalinata central. Se edita un disco de ‘Valencia’ para exponer en el promenoir.
El 11 de noviembre de 1925 se estrena para el mundo ‘Valencia’, a tiempo de marcha. La música, ya desde el inicio, atrae la atención e impresiona al público. Se han aumentado los instrumentos de viento y, cuando tocan, los focos se centran en ellos extendiendo una luminosidad de brillos dorados.
Las bailarinas, divididas en grupos, visten de soldados y llevan pequeños tambores que aparentan tocar. Otras lucen trajes estilizados de inspiración valenciana. Unas portan cestos de flores, otras naranjas de algodón. Al fondo están los coros. Mistinguett desciende por la escalinata. Viste un traje largo claro con una pequeña cola cubierta enteramente de flores.
Ya sobre el escenario, extiende los brazos hacia el público y canta su letra exclusiva:
Valencia,
Je suis fille étrange
J’viens du pays d’ l’oranger
Valencia.
Mientras Mistinguett repite el estribillo ‘Elle n’a qu’un seul amour‘, con los últimos compases de la música, las bailarinas lanzan al público las naranjas y las flores. Una lluvia de pétalos cae sobre el escenario y la sala se impregna de aroma de azahar. Es un número para los sentidos, una explosión de vida y color.
‘Valencia’ se repite entre ovaciones. La gente sale cantando ‘Valencia’. Los discos se agotan.
Arthur Honnegger dice: ‘¡’Valencia’! ¡Esa gran obra maestra!’. Darius Milhaud afirma: »Valencia’ es la obra genial de un gran músico’.
‘Valencia’ se adueña con su música del mundo. Surge una literatura francesa inspirada en la canción; también en Italia y en América. Muchos años después, William Saroyan escribe la novela Las aventuras de Wesley Jackson, que comienza así:
‘Me llamo Wesley Jackson, tengo 19 años y mi canción favorita es ‘Valencia’. Supongo que tarde o temprano todo el mundo se busca una canción favorita. Yo sé que la mía es esa porque no paro de cantarla ni de oírla, incluso dormido’.
La bien amada permanece en España como la bella durmiente, esperando al príncipe que la despierte, hasta que, en 1995, Rita Barberá, entonces alcaldesa de Valencia, recibe a la heredera de José Padilla, quien le entrega el original de la introducción y del número 1 de la zarzuela. La alcaldesa se emociona al ver la partitura y la letra original del compositor. Decide que se interprete la obra completa en el Palau de la Música en versión de concierto. Manuel Galduf dirige el Coro y la Orquesta de València. Los cantantes protagonistas son María José Martos, Francisco Valls, Itxaro Mentxaka, Miquel Ramón, Vicente Ombuena, María José Riñón e Ignacio Giner.
La bien amada no ha sido aún recuperada en su original creación teatral, pero después de un nuevo silencio de treinta años, la zarzuela de José Padilla volverá a escucharse en el Palau de les Arts con la Orquesta de València, el Coro Catedralicio y nuevos intérpretes, dirigidos por Cristóbal Soler.
La luz de la música
Valencia, ciudad de música y de grandes artistas, que ama a José Padilla, agradecerá como se merece la luz de la música que ha llevado por todo el mundo, durante cien años, el nombre de la ciudad.
José Padilla, desde algún lugar de luz, rodeado de ángeles —los que guiaron su mano al escribir música—, disfrutará de este concierto, cercano al día de la Comunitat Valenciana, y pensará que su paso por la vida hizo feliz a muchas generaciones y dejó una estela inmortal. Unas palabras suyas lo explican: ‘Yo escribo con el corazón’.


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