Partir de un concepto tan polémico como la verdad es un riesgo es un riesgo en sí mismo, sobre todo cuando se trata de la ópera. ¿Dónde puede estar la verdad en una historia donde todo se dice cantando? Una mujer fuera de lo común, un mundo de violencia ilimitada y el cuestionamiento de si realmente existe una ‘verdad absoluta’ en los medios o si esta es moldeada por la percepción pública, son los temas de esta ópera escrita por la compositora mexicana Gabriela Ortiz.
Por Enid Negrete
En 1986, en la Ciudad de México, a 1800 km de la frontera con Estados Unidos, dos hermanos artistas encuentran una fotografía de un accidente ferroviario, en un famoso periódico de sucesos mexicano. En esa foto, además del morbo causado por la crudeza de la imagen del cuerpo cercenado, aparece una mujer joven. El pie de foto lo explica así: ‘…horripilante espectáculo que numerosas personas tuvieron que soportar al ver la cabeza cercenada de Eleazar Pacheco, quien en un arranque de locura se lanzó a las ruedas del ferrocarril que habría de proyectar su cabeza a varios metros de distancia, donde su amante, de 35 años de edad…, conocida en los barrios bajos de la ciudad como ‘Camelia la texana’, lo lloraría desconsolada, para beneplácito del fotógrafo’ (¡Alarma!, México DF, 1986).
Por supuesto que, para ese momento, la sensibilidad de los hermanos Gabriela y Rubén Ortiz estaba ya tocada, porque un corrido norteño —quizá el primer ‘narcocorrido’— escrito en los años 70, empezó a crear un ser mítico, que pertenecía al imaginario popular, y así ellos comenzaron una obra que marcaría para siempre la tradición operística mexicana.

La historia de Contrabando y traición
La base del libreto de Únicamente la verdad: la auténtica historia de Camelia la texana es un corrido norteño interpretado por el famoso grupo Los tigres del Norte que cuenta la historia de una pareja de narcotraficantes que acaba con la confesión del él de que ama a otra y con la desaparición de ella, después de asesinarlo. Su letra es la siguiente:
Salieron de San Isidro
Procedentes de Tijuana
Traían las llantas del carro
Repletas de hierba mala
Eran Emilio Varela
Y Camelia, la texana
Pasaron por San Clemente
Los paró la Inmigración
Les pidió sus documentos
Les dijo ‘¿de dónde son?’
Ella era de San Antonio
Una hembra de corazón
Una hembra, si quiere a un hombre
Por él puede dar la vida
Pero hay que tener cuidado
Si esa hembra se siente herida
La traición y el contrabando
Son cosas incompartidas (sic)
A Los Ángeles llegaron
A Hollywood se pasaron
En un callejón oscuro
Las cuatro llantas cambiaron
Ahí entregaron la hierba
Y ahí también les pagaron
Emilio dice a Camelia:
Hoy te das por despedida
Con la parte que te toca
Tú puedes rehacer tu vida
Yo me voy pa’ San Francisco
Con la dueña de mi vida
Sonaron siete balazos
Camelia a Emilio mataba
La policía solo halló
Una pistola tirada
Del dinero y de Camelia
Nunca más se supo nada
El éxito de este corrido fue atronador. Fue el responsable de la fama de la agrupación, se consolidó como el himno de la música norteña y el concepto de la mujer fatal, involucrada en un mundo profundamente machista, del que toma todos los comportamientos masculinos, abrió la puerta a generaciones de corridos sobre el narcotráfico y a figuras literarias posteriores como La Reina del Sur de Arturo Pérez-Reverte.

¿Existió Camelia ‘la tejana’?
ACamelia ‘la tejana’ se le atribuyen cuatro apariciones durante la segunda mitad del siglo XX mexicano. Primero, por supuesto, como ya se ha mencionado, la Camelia asesina del corrido de los Tigres del Norte de principios de los 70, quienes declararon públicamente que era un personaje ficticio. Declaración que solo abrió la especulación, porque se comenzó a dudar de si no se trataría de una directriz impuesta por alguno de los carteles.
La segunda tuvo lugar a mediados de los 70. Una mujer que apareció en un programa de televisión dijo llamarse Agustina Rodríguez, ser la verdadera Camelia ‘la texana’ y habló de su cambio de vida: había dejado el narcotráfico y ahora era feliz siendo una fiel cristiana.
En 1986, aparece la Camelia que, según el periódico ¡Alarma!, carga la cabeza mutilada de un suicida y que fue el inicio de esta obra. Por último, el 28 de enero de 1999 en el periódico La Jornada de Ciudad de México, el periodista César Güemes entrevista a Camelia Pineda, quien también confiesa ser la protagonista del narcocorrido.
Con estos cuatro ejemplos podemos entender que, en realidad, se trata de la construcción de un mito. El mito de una mujer que debe representar a muchas mujeres que viven en ese medio, pero que le dan un estatus muy distinto del cliché común de sometimiento y abnegación. Una mujer que, de alguna manera, venga a todas las que fueron abandonadas, ultrajadas o abusadas.

Los creadores
Gabriela Ortiz tenía 44 años cuando escribió esta obra y ya contaba con una destacada trayectoria que la situaba como una de las compositoras mexicanas más relevantes, pero no había escrito ninguna ópera. En la actualidad, su producción lírica incluye tres canciones y tres óperas de cámara, cada cual más arriesgada, como Ana y su sombra (2012) o Luciérnaga (2018).
En el caso de Únicamente la verdad, ¿qué busca en esta partitura? En sus propias palabras: ‘A mi modo de ver, la música no podía ser de otra forma, había que tomar el riesgo de asumir nuestra condición policultural y con ello nuestra riqueza, no solo de nuestro doble pasado (indígena y europeo) sino también asirse a los medios de música popular y urbana de la frontera’.
El resultado fue una partitura electroacústica escrita para un ensamble de 25 músicos, que incluía cuerdas con alientos madera, alientos metal —entre los que destaca el uso de la tuba a la manera en que se usa en la música popular mexicana—, percusiones, piano, guitarra eléctrica y acordeón. Además de coro a cuatro voces y nueve personajes solistas.
Los objetivos de la compositora se centraron en la hibridación de lenguaje en sus recursos artísticos. Busca el sincretismo entre los medios de expresión popular fronterizos bajo una óptica contemporánea, y emplea recursos electroacústicos para construir arquetipos sonoros que referenciaran tanto cosas tangibles y reales —como el tren—, como referentes musicales del propio corrido para apoyar el discurso dramático.
Por su parte, Rubén Ortiz, el creador visual de la ópera, parte de una de las frases más sorprendentes de Jorge Hernández, uno de los integrantes del grupo Los tigres del Norte: ‘Es verídico, simplemente, Las cosas son como son y no hay ni porqué quitarle, ni por qué ponerle; es que así es’.
Así que este artista se decanta por un ‘verismo’ más cercano al concepto brechtiano, que deconstruye el artificio de la representación de la verdad y la realidad a través no sólo del arte sino de los medios de comunicación. ¿Qué es verdad y qué es verosímil?
El realismo mágico ya había definido esta realidad ilógica pero verosímil en la que el mundo latinoamericano se mueve, pero no se había trabajado sobre la figura femenina mítica y, sobre todo, que se moviera con las leyes masculinas de manera que sus acciones fueran irreprochables en una sociedad regida por la violencia.
‘Originalmente concebí la puesta en escena con los cantantes frente a una pantalla verde para ser filmados en video, proyectados en circuito cerrado en otra pantalla y yuxtapuestos por video jockey sobre tomas filmada con anterioridad en las locaciones reales donde sucedieron los hechos. Esto permitía verlos en vivo y simultáneamente en el lugar de los hechos, mostrando a su vez cómo se construye y se arma la ilusión de la realidad cinematográfica’ (Únicamente la Verdad: Una ópera de Gabriela Ortiz, Sony Musi, Ciudad de México, 2013).
El video formó parte esencial del trabajo escénico, por supuesto, pero no se estrenó como videoópera, sino como una puesta en escena que usaba el video como uno de sus elementos dramáticos. Se trataba de dar los diferentes puntos de vista de un personaje de ficción que incidía en una realidad mexicana que, a la fecha, es imposible soslayar.

La recepción
El proyecto había ganado una beca Guggenheim, que realmente se usó casi en exclusiva para filmar la videoópera y la Universidad de Indiana se interesó en producirla, así que se estrenó antes en Estados Unidos que en México. Sin embargo, el proceso no fue fácil. En el ámbito musical mexicano no se entendía la obra: ‘¿Un corrido norteño en una ópera?’ ‘¿Cómo una compositora seria iba a tratar un tema así?’ La mezcla de ópera tradicional con corridos norteños y música electrónica en una videópera que, además, plantea una propuesta audiovisual absolutamente rompedora era algo inaudito en 2008. El escándalo se extendió incluso a personas que no frecuentaban a la ópera.
La BBC de Londres, la CBC canadiense y muchos periódicos locales en México y en Estados Unidos acusaron a los creadores de explotar la violencia, pero la ópera trata realmente sobre la manipulación de la verdad y la creación de una ficción mítica como forma de realidad, no tanto sobre la violencia del narcotráfico.
Es muy interesante analizar que, por ejemplo, el crítico de Los Angeles Times acusara a la compositora de utilizar ‘demasiado color instrumental en los solos. Esto provoca que los sonidos se mezclen y generen una especie de ‘gris sónico’’, en relación con sus primeras obras orquestales. Una afirmación que resulta sorprendente cuando se conoce la complejidad sonora y visual del mundo que retrata la compositora.
Es lógico que, debido a su estructura no lineal, la obra pueda resultar confusa para el espectador operístico tradicional, pero ese ya es un parámetro sobrepasado por muchos compositores contemporáneos europeos y latinoamericanos, sin embargo, fue una de las críticas más repetidas en el medio periodístico mexicano, con comentarios como: ‘…en un gesto cotidiano de snobismo, se niegan a darnos la información que necesitamos de forma clara y precisa para ayudarnos a entender lo que pretenden comunicarnos. En el caso de esta supuesta ópera nos faltó toda esa información para comprender por qué hay cuatro Camelias —las cuales, desde mi asiento, leeejos del escenario, se veían iguales—(…) Como un collage hecho con recortes de periódicos, Únicamente la verdad, la auténtica historia de Camelia ‘la tejana’ resultó ser un triste simulacro de la tan esperada ópera sobre el narco, de una muy publicitada expresión de la actualidad que se estrenó a pesar de considerarse una apología del narcotráfico, como cualquier otro narcocorrido.…’ (Rodríguez, Marysol. Sobre Camelia la texana y la apoteosis de la paz. Una narcópera fallida, una exposición porfiriana. Replicante, periodismo digital, cultura crítica. 11 mayo, 2010)
Otros críticos se acercaron más a la necesidad del uso de la diversidad para mostrar la textura latinoamericana, ese es el caso de Alvaro Molina, quien escribió en el blog digital de OLA (Organización de Ópera Latinoamérica) lo siguiente: ‘La incorporación de ritmos, cantos y géneros propios de Latinoamérica es prácticamente indisociable de la evolución histórica del continente y sus procesos de cambios a nivel social, político y cultural. En distintos momentos, el folclor y los ritmos populares de Latinoamérica y las formas tradicionales de la ópera y la música académica de tradición europea reflejan la búsqueda de una voz propia en la ópera y la música docta latinoamericana’.
En ese sentido, importantes musicólogos han hecho trabajos sobre el lenguaje musical de esta compositora. En sus artículos de la revista Musicology now, Alejandro L. Madrid destaca ideas como la mezcla de géneros populares, como la música norteña, y las técnicas de la vanguardia académica no como un simple capricho estético, sino como una estrategia conceptual profunda para representar el caos de la realidad fronteriza.
En su artículo queda claro que, para este estudioso, la partitura funciona como un retrato sensible de lo que realmente pasa en la frontera entre México y Estados Unidos. La imposición de la modernidad y la sobreinformación de los medios de comunicación estarán también representados en estas líneas argumentales y dramáticas que se yuxtaponen. Es decir, la complejidad tímbrica y sonora que refleja todo lo que convive en esa zona del país: la violencia, el folclor, el mito y la realidad en la vida diaria.
Como toda obra, producto de su momento histórico, la forma retrata la cuestionada realidad que nos rodea. Y quizá esa sí sea la única verdad.
Bibliografía:
- Únicamente la Verdad: Una ópera de Gabriela Ortiz. Sony Music. Ciudad de México, 2013.
- Rodriguez, Marysol. SOBRE CAMELIA LA TEXANA Y LA APOTEOSIS DE LA PAZ. Una narcópera fallida, una exposición porfiriana. Replicante, periodismo digital, cultura crítica. 11 mayo, 2010
- Madrid, Alejando L. Deadness and the Post-Mortem Imagination in Gabriela Ortiz’s ¡Únicamente la verdad!. Musicology now. Abirl 7, 2023
- ‘¡El tren le arrancó la cabeza!’, Alarma! México DF, 1986.


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