
El pianista Daniel Levy ha consagrado su labor interpretativa, docente y divulgativa a la cuestión de la escucha. El conocimiento de uno mismo, la mejora de las relaciones humanas o la inclusión del arte y la cultura en la vida cotidiana son algunos de los asuntos que aborda en su intensa labor concertística y discográfica, y que el próximo curso se renueva con una nueva serie de ‘conciertos diálogo’ en torno al tema de la inspiración.
Por Manuel Pacheco
Posees una mirada única hacia la cuestión de la escucha y la ‘inteligencia auditiva’, que relacionas con el crecimiento individual en todos los aspectos de la vida. ¿Cómo sintetizarías tu filosofía en torno a esta cuestión?
Esta perspectiva está presente desde que era muy pequeño, cuando me quedaba absorto escuchando las notas del piano y sus resonancias, probablemente intuyendo que encerraban significados que en ese momento no podía descifrar. El tiempo me ayudó a ver que esta preocupación acerca de la escucha está presente en todo el mundo antiguo, e incluso no solo en la cultura europea. Pitágoras, a propósito de la música de las esferas, sostuvo que en nuestro oído hay un don especial que no es solo oír con agudeza, sino comprender lo que se escucha y que esto sirva para escucharnos a nosotros mismos y a los demás.
La síntesis que hoy puedo comunicar es que la música es una maestra especial para enseñarnos a superar el egoísmo del solista —algo que debe hacerse en la música de cámara o en una orquesta—, y que es clave en el desarrollo armónico del ser humano para establecer mejores relaciones humanas y resolver conflictos. La escucha no es solo gozar estéticamente de un concierto, que es un resultado muy parcial de lo que verdaderamente importa, más allá del ‘me gusta’ o ‘no me gusta’. Una vida no basta para aprender a escuchar.

¿De qué manera toma forma esta enseñanza en tus conferencias, seminarios o conciertos?
Toma forma al transmitir mi experiencia. Siempre busco hacer recordar algo que parece banal y no lo es. Aprendemos a hablar, leer y escribir, pero nunca a escuchar porque creemos que el tener dos oídos basta para este aprendizaje que en realidad es continuo. No existe una materia en ningún conservatorio, academia o universidad, que se ocupe de este tema central, y no es suficiente esa introducción a la escucha de la música clásica que se concentra solo en las formas musicales o los instrumentos. Esta es una mínima parte de una verdadera ciencia-arte.
En una conferencia o seminario, me dedico con todo lo que tengo a mi alcance a hacer escuchar; en medio de tanto ruido mediático, intento mostrar lo que es importante y por qué el sonido puede transformarnos y hacernos abrir los oídos. En un concierto es similar, con la diferencia que hay un piano que hace audible la inspiración de un compositor. El misterio reside en tratar de imaginar lo que el compositor escuchó antes de escribir, aquello que captó en silencio y confió en hacer audible a otros.
Fruto de esta actividad, durante la temporada 2026-27 ofrecerás una serie de ‘conciertos diálogo’ en torno al tema de la inspiración. ¿Qué formato caracteriza a estas presentaciones?
Estos conciertos reúnen interpretación, inspiración y escucha profunda. El formato parte de una vivencia precisa, y que es distinta de ese concierto tradicional con su protocolo fijo: la expectativa de oír y reconocer un programa determinado, una interpretación que normalmente se oye comparativamente, sus aplausos de rutina, sus salidas y entradas… Siento que esta modalidad está obsoleta con respecto a la necesidad actual, aunque la fuerza de la costumbre la ha consolidado como única forma posible.
Después de haber atravesado esta experiencia en cientos de formas, ahora me dedico a introducir el repertorio no de manera musicológica ni como una lección, sino a través de las palabras mismas de los compositores. Sus indicaciones acerca de lo que sentían, lo que expresaron sobre su creatividad y fuentes de inspiración, genera un contacto íntimo con el público. El resultado es fascinante y rico, y muchas veces genera un diálogo con los presentes que me permite confirmar el interés y hacer que la escucha se produzca sin las interferencias o distracciones normales en cualquier concierto. De este modo, todo cambia tanto para quien escucha como para quien comunica.
¿Cuáles son los autores que has escogido para abordar esta exploración de la inspiración musical?
Son muchos, y por distintas razones, pero tienen en común el reconocer una fuente de inspiración no solo literaria sino interior, de distintas proveniencias, y que ellos mismos han confesado. Aparte de su música, existen testimonios literarios o biográficos que, aunque nos parezcan solo anecdóticos, integran también el patrimonio que nos han legado, y ante él no tenemos el derecho de erigirnos como críticos que solo toman una parte y desechan la otra.
Es algo que va más allá de lo histórico, y en la obra pianística se ve clarísimo en Scarlatti, Bach, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Brahms, Grieg, Chopin, Liszt y Scriabin. Creo que es un tema fundamental que no ha sido enseñado porque la formación técnica ha tenido siempre preponderancia. Los jóvenes músicos se han tenido que arreglar solos para buscar sobre este tema, incluso si lo han considerado esencial para su formación humana y profesional.
A la hora de seleccionar los repertorios pareces seguir un criterio que es al mismo tiempo conceptual e intuitivo. A propósito de tu reciente álbum Inspired by Love, señalaste que las obras que recoges ‘se han reunido con el tiempo como si se buscaran solas’. ¿Puedes desarrollar un poco más esta idea?
En el caso de Inspired by Love se trata, al igual que en otras grabaciones como A Piano Recital for Venice o A Piano Recital for the World’s Children, de obras con las que he convivido desde mi juventud; piezas que nunca abandoné y que me acompañaron en todas las etapas del ser músico. He dicho que se han reunido como si se buscaran solas porque, llegado un momento, algo me ha llevado a unirlas con un hilo coherente, diría que con preponderancia de lo intuitivo. Así ha surgido un repertorio que lleva un mensaje que no está basado en motivos intelectuales, históricos ni musicológicos, sino en el sentir, en la experiencia de lo que reúne épocas y estilos diferentes, y que al relacionarse cobran de pronto un sentido coherente. Quizá esto mismo alcance a quien escuche el disco, y eso me haría feliz porque es mi objetivo principal. Lo demás no me interesa.
Escuchando este lanzamiento discográfico llaman la atención las grabaciones en directo que incluyes por suponer una ‘experiencia conmovedora’. ¿De dónde proviene la energía de estas interpretaciones, y en qué se diferencia de las grabaciones en estudio?
He incluido en este disco algunas obras que formaron parte de un recital muy amplio. La emoción experimentada se debía al lugar y su acústica privilegiada, y a un público atentísimo que captó la intención no forzada de los mensajes. En verdad, para mí no hay diferencia entre lo que hago en público o en estudio, dado que en todos los casos trato de brindar lo que mejor pueda: es la misma responsabilidad delante de la música, en todas sus modalidades. Una característica de mis grabaciones es que, salvo en el estudio de Abbey Road, todas han sido realizadas en espacios acústicos como salas de palacios, capillas e iglesias, como principio para la pureza del sonido. Así ocurrió en estas tres obras de Brahms, Elgar y Mahler grabadas en directo.
Eres fundador de la Academia Internacional de Eufonía. ¿Qué tipo de proyectos educativos desarrolla esta institución, y a qué perfiles se dirigen?
Los proyectos de la academia son muy variados. Parten de la investigación y desarrollo de la Eufonía como arte y ciencia que se relaciona con el estudio del sonido y la música en todas las civilizaciones —no se limita a la cultura occidental, sino que se extiende a Asia o América—. El objetivo es la profundización en la escucha como elemento fundamental y su implementación como materia de estudio ausente en las escuelas, academias y universidades. Cursos superiores, clases magistrales de instrumento, conciertos de cámara y publicaciones completan este panorama. Otra área importante de la academia es el significado y efectos del color en una disciplina llamada Eucromía.
Las acciones se dirigen a personas interesadas y estudiosos del panorama internacional que consideran la cultura de forma práctica o teórica. La filosofía es que la cultura debe reflejarse en la vida cotidiana para ayudar a promover una educación completa: que la música, las artes y la poesía constituyan un vehículo formativo integral.

En tu intensa labor pedagógica, los jóvenes ocupan un lugar central, y en alguna parte has confesado que te gustaría ‘poder dejar una semilla’. Considerando tu profunda experiencia y el legado pianístico al que perteneces, ¿cuáles son las enseñanzas principales que buscas infundir en las generaciones más jóvenes?
Las enseñanzas principales que trato de hacer nacer en las generaciones de jóvenes están implícitas en la música, como en un proceso mayéutico de reconocimiento de las fuentes. Como ejemplo, lo que llamamos valores humanos se aprecian en los intervalos, que son modos de relación de un sonido con otro y espejo de las relaciones humanas. Los acordes como acuerdos, sea con nosotros mismos y con los llamados otros. La nobleza del sentimiento, la ética… todo convive como arquetipo en la música, incluido el poder del silencio.
Agradezco a la vida y a los maestros que me comunicaron que la música habita en todo, y no solo en las escenas de las salas de concierto. El piano siempre ha sido ese gran amigo que me ha conducido a lo más profundo del alma, nunca como límite sino como una gran puerta: es la fuente misma de toda mi experiencia vital. El legado que he recibido estuvo siempre constituido por una sinergia muy estrecha entre escucha, técnica instrumental, filosofía práctica, amor por la belleza, admiración ante la sabiduría de los compositores, y un constante estupor por el misterio de la inspiración. Esta es la semilla que puede superar todos los límites estrechos que determinan el hacer musical clásico habitual. Esas semillas de cambio son las que trato de infundir y dejar para los que buscan la armonía.










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