
El Festival de Música Renacentista y Barroca de Vélez Blanco (FestiMUVB) conmemora este año su 25.º aniversario con una programación articulada en torno a las ‘Celebraciones’. Bajo este título, los once conciertos que tendrán lugar entre el 17 y el 25 de julio reflexionarán sobre el papel que desempeñó la música en los acontecimientos relevantes de la Edad Moderna. Su coordinadora artística, Helena Martínez Díaz nos cuenta todos los pormenores.
Por Manuel Pacheco
Este año, el Festival de Vélez Blanco alcanza su 25.ª edición. ¿Diríais que os habéis mantenido fieles a los objetivos con los que se creó, allá en 2002, o habéis ido aprendiendo y evolucionando en algún aspecto?
Este festival fue pensado inicialmente con un modelo muy parecido al que tenemos en la actualidad. Se quería recuperar la música que pudo sonar en los monumentos y espacios renacentistas y barrocos del rico patrimonio de Vélez Blanco, y hacerlo además con una oferta formativa y musical de gran nivel. Así, junto a los conciertos nocturnos, se comenzó con unos cursos de verano, con talleres de órgano y clave, sacabuche, cuerda pulsada, canto coral, canto histórico o danza, entre otros.
Con el paso del tiempo, el festival ha ido evolucionando y definiendo con mayor claridad su perfil en música renacentista y barroca, con una especial atención a la recuperación del patrimonio musical español. Además, se ha ampliado el número de días del festival, y de los primeros talleres hemos pasado a una Academia de música barroca en la que todo el profesorado trabaja con un proyecto conjunto. De igual modo incorporamos nuevos enfoques como la especial atención a las mujeres compositoras, intérpretes o mecenas de la música. Hacemos un festival de música antigua para el siglo XXI.
Y hay algo de lo que nos sentimos muy orgullosas: haber aunado la alta calidad musical con la cercanía, la atención y el cuidado hacia los grupos, orquestas y solistas, hacia el alumnado, y hacia ese público en el que se funden los vecinos y vecinas de Vélez Blanco con visitantes de todo el país y del extranjero.

La consolidación de un proyecto de estas características implica el apoyo de una serie de entidades que velen por su continuidad. ¿Qué actores, instituciones o personalidades han sido fundamentales para alcanzar estas veinticinco ediciones?
Como solemos decir, este Festival es el resultado de un esfuerzo colectivo. Alcanzar veinticinco ediciones de forma ininterrumpida ha sido posible por el apoyo de muchas instituciones, entidades privadas y personas. Entre ellas ha sido fundamental el apoyo de la Universidad de Almería y la Universidad Internacional de Andalucía. Ambas instituciones supieron comprender el proyecto, acogerlo y contribuir decisivamente a su crecimiento y consolidación.
Igualmente imprescindible ha sido el compromiso del municipio de Vélez-Blanco. Desde su Ayuntamiento, organizador del Festival desde sus orígenes, hasta sus vecinos y vecinas, que año tras año contribuyen con su apoyo y dedicación a que esta cita siga siendo una realidad. Tampoco se puede entender la trayectoria del Festival sin la labor, durante más de quince años, de sus dos primeros directores, Fernando Martínez López y Leopoldo Pérez Torrecillas, quienes marcaron el camino que nos ha llevado hasta el Festival que conocemos hoy. Y sin los miembros de la ‘Asociación por la música Andrés de Castillo’, que somos los responsables de la programación y gestión de todo el proyecto.
De manera especial, me gustaría destacar al equipo humano que hace posible el Festival, tanto al personal de la organización como al profesorado que participa en los cursos de música y en el Seminario de Historia. A lo largo de estos años hemos tenido el privilegio de contar con figuras de referencia como Bernard Vincent, Miguel Bernal, Adolfo Gutiérrez Viejo, Thierry Fiévet, María Bayo o Raquel Andueza, entre muchas otras. Asimismo, seguimos contando con un excelente equipo docente formado por profesionales como Francisco Andujar, Jean Frédéric Schaub, Joaquín Torrecillas, Aarón Zapico, Jorge Enrique, Marta Infante, Noelia Reverte, José Vélez, Bruno Campelo o Alejandro Villar, cuya implicación y excelencia son seña de identidad del Festival.

La práctica musical ha estado presente en la vida cultural y los espacios de Vélez Blanco desde hace siglos. ¿De qué manera la programación del festival continúa con esta tradición y hace suyos estos lugares de referencia de la localidad?
El Festival constituye hoy la expresión contemporánea de la larga tradición musical de Vélez Blanco. Su castillo renacentista albergó su propia capilla musical, hubo órganos y maestros de capilla en sus iglesias, y a finales del siglo XVIII la burguesía emergente constituyó una de las primeras academias musicales conocidas. Hoy organizamos un Festival abierto a toda la ciudadanía.
Los conciertos del Festival dialogan con esa historia y los espacios y monumentos donde se celebran enriquecen la programación que ofrecemos. La elección de cada concierto responde también a una reflexión sobre el lugar en el que se celebra, ya que cada enclave posee unas características históricas, acústicas y simbólicas que lo hacen especialmente adecuado para determinados repertorios. Al mismo tiempo, procuramos que el público pueda disfrutar de la belleza de escenarios tan singulares como el Castillo, las iglesias y oratorios, las Tercias o el propio centro histórico —catalogado como Bien de Interés Cultural—.
Una de las grandes apuestas de este ciclo es su apartado didáctico, que incluye propuestas dirigidas a jóvenes intérpretes, académicos y público general. ¿Cuáles son las actividades formativas centrales del festival y de qué manera se vinculan a los conciertos?
En efecto, la oferta formativa ha sido una de las señas del Festival. Junto a los conciertos, se desarrollan tres actividades estrechamente vinculadas: la Academia de Música Renacentista y Barroca, que ofrece formación especializada, orientada especialmente a jóvenes intérpretes y a su integración en circuitos profesionales; el Seminario Doctoral Internacional, que reúne a jóvenes doctorandos y profesorado especializado de distintos países para compartir sus investigaciones en torno a la temática del Festival; y, por último, el Ciclo de conferencias, abierto a toda la ciudadanía y que sitúa al público en el contexto histórico de la música que se escucha en los conciertos.
Centrándonos en esta edición de aniversario, ¿cuál será el hilo conductor de esta programación que habéis bautizado como ‘Celebraciones’?
Este año cumplimos veinticinco ediciones y queríamos celebrarlo a través de los conciertos y actividades que hemos preparado, de ahí el hilo conductor ‘Celebraciones’. Por ello, hacemos un recorrido por los diversos modos en los que la música acompañó y dio sentido a acontecimientos relevantes, tanto de carácter político como cotidiano. Lo cierto es que en la Edad Moderna las celebraciones fueron eventos cruciales que integraban lo religioso, lo político y lo social en los que la música fue un eje fundamental.

¿Qué formaciones destacadas visitarán este año el festival para traer sus diversas celebraciones?
En torno a ese eje temático, el Festival reúne a agrupaciones musicales de primer nivel. Por ejemplo, las celebraciones de carácter político y escénico aparecen en la programación de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL), de Íliber Ensemble, Tercia Realidad y la Academia del Festival. Las religiosas, en los conciertos de Bachcelona Consort y de Al Ayre Español, con el oratorio Il martirio di Santa Teodosia de Alessandro Scarlatti. Entre lo popular y lo religioso se sitúa Harmonia del Parnàs, con un viaje que celebra la interculturalidad musical surgida en los territorios de ultramar durante el periodo colonial. Y se recupera el repertorio poético-musical de las celebraciones populares conservado en cancioneros españoles y portugueses, una labor del vihuelista portugués Tiago Matias y el ensemble Chiavette.
Finalmente, el Festival continúa explorando el diálogo entre música antigua y contemporánea en torno al Año Falla con dos propuestas: el homenaje de La Tempestad a Wanda Landowska, y el proyecto de Paola Requena y Contrastes, que aborda la recepción de la música antigua en la obra del compositor gaditano.
Este homenaje a la teclista Wanda Landowska y a Manuel de Falla por parte del ensemble La Tempestad es una de las citas más destacadas. ¿Qué puedes contarnos sobre este programa?
Se trata de un programa especialmente cuidado. Silvia Márquez, directora de La Tempestad, ha diseñado un repertorio excepcional dividido en dos partes, que han requerido además una plantilla instrumental específica para cada una.
La primera parte se centra en el repertorio barroco, con obras de autores como Cabezón, Domenico Scarlatti, Bach o Couperin, compositores habituales en los programas que Landowska interpretó al clave y al piano durante sus giras europeas y estadounidenses. A través de estos conciertos, la intérprete contribuyó decisivamente a la difusión de autores y repertorios que entonces eran aún poco conocidos. La segunda parte del concierto está dedicada al Concierto para clave de Falla, compuesto hace ahora cien años y estrenado precisamente por la propia clavecinista polaca.
Este concierto está precedido de una conferencia impartida por Francisco J. Giménez, musicólogo y catedrático de la Universidad de Granada, sobre los primeros conciertos de la clavecinista polaca en España a inicios del siglo XX.

Además, la edición incluye una representación de Dido y Eneas de Purcell a cargo de Aarón Zapico. ¿Qué tiene de especial esta actividad, con la que se despedirá el festival?
Sin duda es uno de los proyectos más ambiciosos del Festival. A lo largo de una semana, el alumnado de la Academia trabaja de forma intensiva en la preparación de una ópera que culmina en el concierto final de nuestra 25.ª edición. En esta edición hemos elegido Dido y Eneas de Purcell, una auténtica joya de la música antigua inglesa que, siglos después de su estreno, sigue conmoviendo por su fuerza dramática y musical.
El profesorado desarrolla un trabajo muy exigente para garantizar una formación de máxima calidad, que se traduce en una propuesta de carácter semiprofesional especialmente enriquecedora para el alumnado de últimos cursos y para quienes se encuentran en los inicios de su carrera profesional. La dirección musical corre, un año más, a cargo de Aarón Zapico, quien nos acompaña desde hace más de una década, y a ella se suma en esta edición la dirección de escena de Mario de la Torre.
Para finalizar, y tras estos 25 años, ¿cuáles son los objetivos, mejoras o proyectos pendientes que persigue el Festival de Vélez Blanco para los próximos 25?
Estamos muy contentas con esta edición y creemos que será muy bien acogida por el alumnado y público asistente. No obstante, siempre hay que pensar cómo mejorar y qué nuevas perspectivas pueden hacer más atractivo y rico este proyecto. Queremos seguir ofreciendo una programación y una propuesta formativa del máximo nivel, consolidarnos como un referente en la recuperación del patrimonio musical español y continuar tendiendo puentes entre la música antigua y las sensibilidades del presente. En definitiva, aspiramos a reforzar la proyección del Festival de Vélez Blanco como uno de los grandes encuentros internacionales dedicados a la música antigua, manteniendo siempre el rigor, la excelencia y la cercanía que han definido nuestro proyecto desde sus orígenes.









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