
Escenarios míticos como el Carnegie Hall de Nueva York, la Philharmonie de Berlín o el Musikverein de Viena son testigos de algunos de sus conciertos. Pablo Ferrández, acompañado de su violonchelo Archinto, construido por Antonio Stradivari en 1689, está desarrollando una carrera internacional imparable en la que aún quedan muchas páginas por escribir. Ahora disfruta más que nunca en sus conciertos y siente que está a su mejor nivel. En esta entrevista nos habla de cómo gestiona personalmente una agenda de vértigo, de las personas que han marcado su carrera y de sus próximos retos.
Por Julio Alonso
Para celebrar el 30 aniversario de Melómano hemos querido reunir en la portada a un músico con una trayectoria excepcional, como Joaquín Achúcarro, y a uno de los músicos españoles con mayor proyección internacional en estos momentos, como es Pablo Ferrández. Creo que esta ha sido la primera vez que os habéis conocido en persona, ¿es así?
Sí, es la primera vez que hemos estado en la misma habitación. Obviamente yo le conozco de toda mi vida, es una absoluta leyenda, y estar con él en persona es un honor inmenso. Para mí fue muy especial. Me pareció una persona increíble y me encantó ver también la relación tan preciosa que tiene con su mujer, Emma. Fue un momento muy bonito.
Sueles contar que en tus primeros recuerdos ya tienes un violonchelo entre las manos, ¿sientes que lo que estás viviendo es cumplir un plan para el que te estabas preparando desde muy pequeño?
Sí, desde pequeño siempre quise ser solista. No sé por qué se me metió esa idea en la cabeza, porque desde luego no fueron mis padres, pero siempre me imaginé haciendo música por todo el mundo y tocando con orquestas como solista. Es una idea que perseguí desde el principio. En mi cabeza, de alguna manera, no había otra opción: era solista o nada. Con mucho trabajo, pero también con algo de suerte, he conseguido vivir mi sueño. Ahora no podría estar más feliz con cómo van las cosas y con la vida que tengo.
En tu etapa de formación has tenido algunos maestros que te han marcado especialmente, como Natalia Shakhovskaya y Frans Helmerson, ¿qué te aportaron cada uno de ellos?
He tenido el privilegio de tener a dos de los más grandes maestros del violonchelo del mundo, Shakhovskaya y Helmerson, y los dos fueron muy importantes para mí, aunque de maneras muy diferentes.
Shakhovskaya fue crucial porque me cogió a una edad muy temprana: empecé con ella a los 13 años. Básicamente le debo todo, porque me enseñó un nivel de exigencia que yo no conocía, y fue un shock, la verdad. Un nivel de trabajo, de escucha y de hacer música que yo solo le he visto enseñar a ella. Es una de esas enseñanzas de las que me acuerdo casi todos los días cuando estudio y, de alguna manera, ella me ha hecho ser quien soy ahora.
Con Helmerson fue muy diferente, pero me ayudó muchísimo también a nivel técnico. Me enseñó a liberarme de tensiones y a economizar, de alguna forma, el esfuerzo físico que supone tocar un instrumento. Es una persona que conoce el instrumento a la perfección. Me ayudó a resolver muchas cosas y también a saber solucionar problemas cuando estudio, que es algo muy importante.
Helmerson llegó mucho más tarde, cuando yo ya tenía 19 años, y creo que ese fue el orden correcto para estudiar con ellos. Uno sin el otro no habría funcionado, y en el orden inverso tampoco habría funcionado.
Hay otra persona que ha sido importante en tu carrera y que es, en cierta forma, un referente musical y humano para ti, Anne-Sophie Mutter.
Anne-Sophie Mutter ha sido para mí, y lo sigue siendo, un gran modelo a seguir. Es una de las personas a las que más admiro en el mundo. Es una mujer increíble que tiene una cabeza absolutamente privilegiada, y además forma parte no solo de los mejores violinistas actuales, algo que es obvio, sino para mí de toda la historia del violín.
Es una persona de la que sigo aprendiendo constantemente: cómo toca en el escenario, cómo cambia de una noche a otra en cada concierto, qué está pensando a la hora de tocar, qué quiere transmitir cada noche, dependiendo de cómo se sienta. También el rigor profesional que ella tiene es absolutamente increíble. La espontaneidad con la que toca es admirable, y es algo que intento copiar de ella. Sale a tocar a un concierto y cada noche va a hacer una versión diferente, siempre que sea auténtica para ella. Cada concierto es como una fotografía de cómo se siente ese día y es así como va a tocar, sin intentar replicar versiones que haya hecho anteriormente. Eso a mí me parece increíble, es justo lo que yo busco conseguir cada noche en cada concierto.
Comentaba Joaquín Achúcarro que era fundamental mantener un sonido propio para que tener una carrera relevante, ¿cómo es el sonido Pablo Ferrández?
Yo creo que mi sonido es un sonido lleno, con centro y con muchos colores y emoción. Siempre busco eso en mi sonido: que tenga un centro y que siempre esté cargado emocionalmente, tanto en intensidad como en color.
En esta temporada que termina has realizado una gira, precisamente, con Anne-Sophie Mutter y Yefim Bronfman, otra gira por Alemania y Austria con la Orquesta Nacional de España, has tocado con orquestas como la Boston Symphony, la National Symphony de Washington, Pittsburgh Symphony, RAI, has vuelto al Carnegie Hall… ¿En qué momento de tu carrera crees que te encuentras y cómo te gustaría que siguiera evolucionando?
Yo creo que ahora mismo estoy en mi mejor momento. Nunca me imaginé poder estar donde estoy. Además, me encuentro en una etapa genial con el instrumento. Creo que estoy tocando mejor que nunca, aunque quizá suene un poco raro decirlo yo mismo, pero tengo muy buenas sensaciones.
Llevo ya año y pico, quizá cerca de dos años, disfrutando muchísimo en los conciertos. Antes, a veces, solía sufrir un poco por los nervios, pero ahora me encuentro en un momento en el que toco con mucha seguridad y puedo centrarme completamente en la música. Estoy disfrutando mucho de tocar con las grandes orquestas del mundo y siento que estoy en mi mejor nivel.
En 2025 aparecías entre los seis chelistas que más conciertos habían ofrecido en todo el mundo y has comentado que ese año pasaste más de 300 días fuera de casa ¿Cómo haces para cuidar tu salud física y mental en medio de esa vorágine de viajes, ensayos y conciertos?
Es algo que llevo a rajatabla: cuido mucho el deporte y la alimentación. Estoy últimamente trabajando con nutricionistas y con expertos en microbiota para afinar mi cuerpo al máximo y poder rendir lo mejor posible y aguantar este ritmo bastante salvaje de viajes y noches fuera. Lo más difícil para mí es poder dormir bien. Eso es algo en lo que he mejorado mucho, pero que aún no he conseguido al cien por cien. Me resulta muy difícil, sobre todo cuando estoy cambiando de zonas horarias tan a menudo. Aunque pienses que no pasa nada, tu cuerpo lo va pagando poco a poco. Por eso estoy intentando ser lo más consciente posible de mi cuerpo. Al fin y al cabo, ser un músico profesional tiene un componente de atleta, sobre todo cuando estás a un determinado nivel, pero yo lo disfruto mucho. Sí soy consciente de mi cuerpo y siento que todo está al cien por cien, voy a tocar mucho mejor. Y me gusta sentir que estoy rindiendo a mi más alto nivel.

La próxima temporada tocarás 22 veces el concierto de Dvorák, 7 veces el concierto de Schumann… ¿cómo consigues ilusionarte en cada concierto y no perder la capacidad de asombro ante obras tocadas tantas veces?
Yo creo que es imposible aburrirse de estas obras, porque es música tan absolutamente genial y con tantas posibilidades, tantos detalles y tantas cosas que sigo descubriendo a la vez que voy cambiando mi percepción sobre ellas, que me resulta realmente imposible ni siquiera imaginarme hartarme del Dvorák o del Schumann. Además, la manera en que yo pienso y abordo estas obras es siempre con ojos nuevos.
Cuando recupero una obra, por ejemplo, el Dvorák, no intento tocarla como la última vez que lo toqué hace unos meses o como lo toqué hace tres años, aunque me gustara mucho ese concierto, por lo que fuera. Siempre intento ver qué me dice la obra hoy y voy por ahí. Estudio para tener todos los recursos posibles para, una vez en el concierto, poder hacer absolutamente lo que yo quiera. Si tienes esa libertad en el concierto es imposible aburrirse.
Siempre estás buscando incorporar nuevo repertorio, ¿qué te motiva a la hora de elegir y estudiar una obra nueva?
Estudiar obras nuevas es algo que quiero hacer cada año, pero con mucho cuidado porque da muchísimo trabajo y tengo muy poco tiempo libre para dedicar a una obra nueva, que necesita muchos meses de preparación que voy dosificando entre días libres que tengo a lo largo de la temporada.
Cada año intento aprender una obra nueva y decido cuál pensando cuál gustaría tocar, por ejemplo, el año pasado fue Dutilleux, este año es Britten y así con otras obras que siempre he querido aprender y a las que voy dedicando tiempo. Es como mi reto anual, pero tengo mucho cuidado con aceptar demasiadas obras nuevas porque eso requiere muchísimo trabajo y siempre supone un estrés añadido cuando las tocas por primera vez. Por lo tanto, lo hago con mucho, mucho cuidado.
Has comentado también que uno de tus propósitos es tocar más Bach, que interpretarás en varios recitales en Toronto la próxima temporada. ¿Qué supone para ti como chelista la música de Bach? ¿Te planteas tocar o grabar las Suites para chelo solo?
Sí, las suites de Bach son algo que de repente me ha apetecido mucho hacer. Lo he evitado prácticamente toda mi vida, porque es una obra tan monumental a la que, como chelista, siempre he tenido mucho respeto. Disfruto mucho tocándolas, pero soy consciente de la dificultad enorme que suponen. Ahora, a mis treinta y cinco años, no sé por qué, pero me ha apetecido mucho tocarlas y quiero hacerlo mucho más. Me planteo hacer uno o dos conciertos enteros con la integral de las seis suites, que es como el desafío supremo para un chelista. Me gustaría hacerlo seguramente en España en los próximos dos o tres años. Es uno de los conciertos más especiales que quiero hacer, pero tengo que ver bien los tiempos de todo ello. Digamos que es un proyecto personal
Junto a tu carrera como solista, participas también habitualmente en conciertos de música de cámara, como los que realizarás este mismo mes de julio en el Festival de Verbier, ¿qué te aporta como intérprete?
Tocar música de cámara es algo que es extremadamente delicado porque no siempre es fácil. Cuando tocas con gente que funciona es lo más sencillo del mundo y de las cosas más agradables y más satisfactorias que hay. Pero si no funciona, por la razón que sea, es horrible [risas]. Por ello toco muy poca música de cámara durante el año e intento hacerlo solo con músicos con los que ya he tocado, con los que sé que va a funcionar bien y voy a disfrutarlo. Lo reservo para ocasiones muy especiales y cuando funciona es una absoluta maravilla.
La verdad es que soy un gran fan de la música de cámara. Pienso que la mejor literatura de música que hay es para tríos, cuartetos, sextetos, y es como una fiesta con amigos.
Tu carrera se ha desarrollado en medio de una transformación radical de la industria musical: del disco físico y la crítica especializada al consumo digital y las redes sociales. ¿Cómo crees que ha cambiado la relación entre el intérprete, el repertorio y el público en este nuevo contexto?
Yo no he vivido cómo era antes, así que es un poco difícil ser consciente del cambio. Cuando yo empecé ya prácticamente existía el streaming y las redes sociales, así que yo no he notado mucho cambio. Lo que sí me gusta es que hay una cercanía con el público que a lo mejor antes no había y puedes llegar a mucha gente cada día desde donde estés, Al final uno solo puede tocar en una ciudad cada noche y con las redes sociales, llegas a medio mundo y eso es algo que me gusta.
La próxima temporada estarás en los BBC Proms, tocarás con orquestas como San Francisco Symphony, The Philadelphia Orchestra, BBC Philharmonic, realizarás giras con Musikkollegium Winterthur y Roberto González Monjas y con NDR Elbphilharmonie Orchester con Manfred Honeck, interpretarás el triple de Beethoven con la Royal Philharmonic Orchestra junto a la Jan Lisiecki & Julia Fischer, bajo la dirección de Vasili Petrenko, y también junto a Lang Lang y Leonidas Kavakos con la Gewandhaus Orchester dirigida por Andris Nelsons… Impresiona bastante.
La verdad es que tengo proyectos que me hacen mucha ilusión. Ese triple de Beethoven con Kavakos y Lang Lang, con Andris Nelsons, es algo de lo que realmente tengo muchas ganas. Con Kavakos ya he tocado, pero con Lang Lang no, y me apetece mucho porque, además, el triple de Beethoven es una de mis obras favoritas, aunque es extremadamente difícil para el violonchelo, pero a mí me encanta. Mi madre me dice que me la ponía a menudo cuando estaba embarazada de mí. No sé si eso ha influido o no, pero es una obra a la que le tengo un cariño realmente especial.
Por último, ¿cómo es Pablo Ferrández cuando no tiene un violonchelo entre los brazos?
Pues me encanta el deporte, es mi actividad favorita. Cuando no estoy tocando, seguramente esté haciendo deporte. No me gusta estar sin hacer nada o tirado en el sofá, es algo que no disfruto. Cuando me quiero relajar o tengo tiempo libre juego al tenis o corro o hago fuerza. Mi hobby preferido es el tenis y quizá sea lo que más me gusta después del chelo. En mi escaso tempo libre estoy intentando mejorar mi juego, porque tiene muchas similitudes con tocar y yo creo que aprendo cosas del tenis que me ayudan a la hora de tocar.
Por lo demás soy una persona muy activa pero también muy casera y familiar. Además del deporte, me gusta estar en casa con mi mujer y hacer cosas juntos, como salir a cenar.
Pablo Ferrández hace 30 años
En 1996 Pablo Ferrández tenía cinco años y posiblemente estaría con su juguete preferido, su pequeño violonchelo, tocando junto a su hermana pequeña, la violista Sara Ferrández y empezando a soñar con ser un gran músico. Poco podía imaginar que, 30 años después, tras uno de sus conciertos como solista con la Boston Symphony Orchestra se encontraría en su camerino a uno de sus ídolos musicales, Yo-Yo Ma que había acudido a escucharlo y no quiso dejar la oportunidad de decirle en persona cuánto le había gustado su interpretación.
Los Angeles Philharmonic, San Francisco Symphony Tonhalle Orchestra Munich Philharmonic, NDR Elbphilharmonie, London Philharmonic, Czech Philharmonic… son solo algunas de las orquestas con las que Pablo Ferrández ha tocado o realizado giras. Su sueño de niño se ha cumplido, pero aún le queda mucho por dar.










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