
En 2012 la International Astronomical Union puso su nombre a un planeta, el 229191 Achúcarro, un cuerpo celeste con una órbita de 4,34 años, entre Marte y Júpiter. Es solo una anécdota que ilustra el enorme prestigio internacional alcanzado por un pianista que ha recibido todos los premios internacionales imaginables y que este año celebra el 80.º aniversario de su debut como solista. Y lo hace tocando: en España y en una gira por Japón, porque tras ocho décadas de una extraordinaria carrera musical, Joaquín Achúcarro continúa creando belleza.
Por Julio Alonso
El artículo con el que comenzaba el primer número de Melómano, hace ahora treinta años, fue una bienvenida escrita por Joaquín Achúcarro, y la revista le dedicó su segunda portada. En aquella entrevista comentaba, refiriéndose a Arthur Rubinstein: ‘es una esperanza para todos nosotros el saber que se puede llegar a su edad y seguir creando belleza’. Ahora es usted el que sigue creando belleza a una edad superior a la que tenía Rubinstein cuando se retiró de los escenarios. ¿Qué cree que gana un pianista con la edad?
La capacidad de descubrir belleza donde anteriormente no la había detectado. Además, creo, un juicio más amplio de todo el universo musical, creo que la palabra es ‘madurez’.
¿Sigue conservando esa capacidad de asombro ante obras que ha tocado en tantas ocasiones? ¿Y sigue sintiendo también ese minuto de pánico antes de un concierto?
El asombro se transforma en sobrecogimiento cuando vas descubriendo, a fuerza de horas de contacto con una obra maestra, genialidades que esos cerebros privilegiados han ido produciendo, gota a gota, nota a nota.
En cuanto al minuto de pánico… son muchos miles de minutos que pueden comenzar cuando llega el contrato a firmar.
En aquella entrevista recordaba el concierto que ofreció a los 13 años en la Sociedad Filarmónica de Bilbao, interpretando el Concierto en Re menor de Mozart junto a la Orquesta Municipal de Bilbao. Hace unas semanas se cumplió el 80.º aniversario de ese concierto y, para celebrarlo, interpretó, junto a la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el Concierto para piano en La menor de Grieg. ¿Qué le hubiera gustado que aquel niño supiera de la carrera musical que tenía por delante?
Aquel niño, visto el éxito de aquel primer concierto, creyó que la carrera venía por si sola. Pobre chico. No tardó en experimentar que el precio es gigantescamente mayor que el presupuesto.
También fue portada del número del décimo aniversario de Melómano en el que además escribía un artículo sobre su entrenamiento tras haberse fracturado el hueso metacarpiano de su pulgar izquierdo. En la entrevista comentaba que no había que idealizar la carrera de un músico porque era una lucha constante: con el compositor, con el piano, consigo mismo, con el agente, el escenario y el público… ¿Lo sigue sintiendo así?
Absolutamente, pero no la cambiaría por ninguna otra
Ocuparía más de las cinco páginas de esta entrevista mencionar las orquestas y directores con las que ha trabajado y los escenarios donde ha ofrecido conciertos, pero ¿ha habido alguno del que guarde un especial recuerdo o que haya tenido un especial significado para usted?
Por supuesto, cuando tocaba por primera vez en salas legendarias como el Carnegie Hall, Festival Hall, la Philharmonie de Berlín, la Scala de Milán, Concertgebouw… pensaba ‘aquí ha tocado gente mejor que yo’ y luego me tranquilizaba pensando ‘pero también peor’.
Son más de 300 orquestas, mi carrera está siendo muy larga… Directores paré de contar en los 400 y países voy por los 61. Claro que tengo maravillosos recuerdos. Uno inolvidable fue con la Berliner Philharmoniker en Berlín, bajo la dirección de Sir Yehudi Menuhin el concierto de Mozart K.482. Para ahorrar tiempo de ensayo no toqué la cadencia que yo había compuesto. Luego, en el concierto, al acabar de tocarla, en el primer tiempo, Menuhi se bajó del podio de director y vino al piano a decirme que mi cadencia le había gustado mucho. Luego volvió al podio y seguimos el concierto. Era un maravilloso músico.
A Emma, mi mujer, no le gusta que hable de ella, pero los conciertos que hicimos a dos pianos, fueron buenos de verdad. Los trabajamos muy a fondo.
Y en Nueva York con la New York Philharmonic y Zubin Mehta tocando el Concierto núm. 4 de Rajmaninov o en Berlín con las Noches en los jardines de España de Falla o con la Berliner Philharmoniker y Sir Simon Rattle o en Los Ángeles con Rafael Frúhbeck de Burgos y Los Ángeles Philharmonic tocando la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rajmáninov o en Tokio con la Yomiuri Nippon Orchestra y Jesús López-Cobos en el Suntory Hall también con las Noches de Falla.
Tantos y tantos recuerdos maravillosos.
Ha comentado alguna vez que lo importante, como intérprete, es tener un sonido propio ¿Cómo explicaría el sonido Achúcarro?
Creo que fue Chopin quien llamó al pedal ‘el alma del piano’. A mí siempre me han interesado mucho las enormes posibilidades del piano como instrumento. El pedal libera toda una cantidad de armónicos, a veces demasiados, que luchan entre sí. Un ejemplo que sorprende es el primer bajo del Concierto para la mano izquierda de Ravel. Descubrí que dejando tenido el primer La bajo, si en vez de un pedal largo se hacen dos pedales rápidos, ese La parece crecer. Eso es porque de todos los apagadores de todas las notas del piano que estaban levantados, con el rápido cambio de pedal, solo quedan los del La bajo, cuyo sonido se ‘limpia’ instantáneamente.
Ha sido compañero y amigo de una generación que ha marcado la música clásica actual con nombres como Alicia de Larrocha, Zubin Mehta, Claudio Abbado…, ¿Qué recuerdos guarda de su relación con ellos?
Todos luminosos. Con Alicia era un amor fraternalísimo, basado en una admiración recíproca. Yo la llamaba ‘mi reina’ y ella a mí ‘el monstruo’ —recordando a Manolete—. Era una artista increíble. Asistí a muchos de sus conciertos en Estados Unidos. Allí era adorada. Tocaba una media de cien conciertos por año…. Cuando hice el Concierto núm. 4 de Rajmáninov con Zubin en Nueva York, ella nos dejó su apartamento a Emma y a mí. Pero emocionalmente recuerdo el concierto que ella organizó en el Teatro de la Zarzuela en homenaje a Victoria de los Ángeles. Participamos varios músicos, pero al final, como propina, tocamos El Cant des Ocells en la versión para cuatro manos que Xavier Montsalvatge había preparado para nosotros dos…qué tarde irrepetible.
Con Claudio Abbado recuerdo un estupendo concierto de Schumann que hicimos juntos en Trieste, por entonces los dos estábamos empezando. Luego, ya en Londres, estábamos en contacto constante. Cuántas veces, al salir de cenar, ayudó a empujar nuestro ‘600’ que, con el frío, solía negarse a arrancar.
Y en su casa de Cerdeña pasamos fantásticas vacaciones, invitados por él. Todavía me acuerdo de partidos de voleibol waterpolo con Claudio, el compositor Luigi Nono y Maurizio Pollini. Que insensatos éramos los dos pianistas que dependíamos de las manos para comer…
Con Zubin fue una amistad sólida desde el primer encuentro en Siena siendo él todavía estudiante, allá por 1956. Tocamos por primera vez juntos la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rajmáninov en la Accademia [Accademia Musicale Chigiana de Siena]. Era ya un talento colosal. Luego en nuestra época de estudiantes en Viena, nuestra amistad se consolidó. Solíamos almorzar juntos —un par de salchichas compradas a un vendedor en la calle—. Luego él ganó el Concurso de Liverpool para directores y un año después yo gané el mismo Concurso para pianistas [Liverpool International Piano Competition].
Hemos tocado juntos en Los Ángeles, en Italia, Nueva York, Madrid, Granada, en muchos sitios. Y cada vez es una fiesta.
Y qué decir de Simon Rattle, además del DVD que grabamos con la Berliner Philharmoniker ¡hemos tocado tantas veces juntos en Inglaterra!
Acaba de mencionar una de sus grabaciones más memorables, las Noches en los jardines de España de Falla junto a la Berliner Philharmoniker y Sir Simon Rattle, una obra que también grabó junto con el Concierto para clave de Falla en sus dos versiones (clave y piano) junto a la London Symphony Orchestra dirigida por Eduardo Mata, por citar solo dos, ¿qué siente al escuchar hoy sus grabaciones?
Mi reacción a mis grabaciones normalmente es aceptarlas, puesto que las he dejado salir, guardándome algunos ‘peros’. Pero una vez oí un pianista en la radio del coche en Londres y le dije a Emma: ‘¿quién será? Todo lo que hace me parece fabuloso, es lo que yo querría hacer’ Acabó y dijeron: ‘Han escuchado Uds. tal y tal obras interpretadas por Joaquín Achúcarro’. Qué lección sobre la influencia de los a priori, tanto en lo positivo como en lo negativo.
No he sido muy partidario de grabar, pero grabé bastantes vinilos y CD al principio de mi carrera. Luego, cuando apareció el primer digital, realmente odié el sonido y durante veinte años dejé de grabar. Hace doce o trece años volví y tengo que decir que estoy contento de esa ‘segunda’ ola, tanto de los DVD como los CD.
A pesar de la resistencia inicial a dedicarse a la enseñanza, a lo largo de más de tres décadas ha formado a varias generaciones de pianistas en la cátedra de piano de la Southern Methodist University de Dallas, ¿cómo valora esa etapa?
He tenido la sorpresa de que enseñando se puede aprender. He tenido jóvenes pianistas, que han ganado primeros premios internacionales y aconsejarles cómo trabajar, cuándo descansar, como ‘digerir’ la partitura, experimentar sus ideas, estimula mi imaginación.
Su carrera comenzó en una época en la que el acceso a la información musical era mucho más limitado que hoy. ¿Qué ventajas y qué riesgos observa en la formación de un joven pianista que puede acceder instantáneamente a decenas de versiones de cualquier obra? ¿cree que puede conducir una mayor homogeneización interpretativa o que, al contrario, puede animar a buscar una voz propia?
Pienso que lo que ha pasado en la música desde la invención del fonógrafo, en la pintura ha sucedido por cientos de años: tener a disposición una enorme cantidad de información y que, a lo largo de la Historia, los ‘utensilios’ con los que se trabaja han ido perfeccionándose. El joven artista puede sentirse influido por esta o aquella versión. También recuerdo un concurso en el que había aspirantes que pretendían destacar, que si la partitura pedía crescendo, hacían diminuendo, si pedía rallentando, aceleraban…
En mi juventud las grabaciones eran escasas y solamente las hacían los Rubinstein, Cortot, Rajmáninov, etc., así que había una garantía. Hoy encuentras docenas de versiones de una misma obra.
¿Sigue a los músicos españoles jóvenes? ¿Hay algunos que le gusten especialmente?
Sigo con gran cariño y admiración la magnífica carrera de Javier Perianes, a quien conozco desde que era una promesa. Promesa que ha cumplido y ¡cómo!
Ha tocado recientemente en Alicante, en Bilbao, tiene una gira en Japón, ¿dónde podremos seguir disfrutando de la belleza que crea Joaquín Achúcarro?
Mientras el cuerpo aguante…. Cuando entre en imprenta esta entrevista estaré en Japón, si Dios quiere. Tengo conciertos con la orquesta Yomiuri, la de Sapporo, la de Kobe y recital en el Oji Hall de Tokio… esperemos que todo vaya bien.

Joaquín Achúcarro hace 30 años
En septiembre de 1996 Joaquín Achúcarro fue portada del segundo número de la revista Melómano, con motivo de sus ‘bodas de oro’ con el piano. Se encontraba en ese momento celebrando el Año Falla. Acababa de interpretar Noches en los Jardines de España en La Scala de Milán y estaba a punto de hacerlo en los PROMS de Londres. ‘Creo que es una diversión muy bonita hacer el ejercicio mental de ponerse en la piel de los autores cuando crearon su obra, pese a lo que se espera de ellos…pero hay que pensar entonces ¿dónde acaba la tradición y dónde empieza la evidencia humana de lo que estaba pasando por el interior del autor en aquel momento?’, comentaba en dicha entrevista.
Celebraba también el 50 aniversario de su debut, a los 13 años, como solista con la Orquesta Municipal de Bilbao, ‘aquel día tuve que pedir permiso en el colegio para faltar por la tarde’. Y con motivo de esa celebración acababa de interpretar y dirigir un concierto para piano de Mozart y el doble de Mendelssohn, junto a su esposa Emma Jiménez. ‘Para mí, la dirección de orquesta es un poco como ir de ‘picos pardos’, hacerle un feo al piano para darle celo’. En mayo de 2026 ha celebrado en ese mismo escenario de la Sociedad Filarmónica de Bilbao el 80.º aniversario de su debut, interpretando el Concierto para piano de Grieg, junto a la Orquesta Sinfónica de Bilbao.










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