
La trayectoria de Jorge Yagüe, director titular de la Joven Orquesta Leonesa (JOL) desde 2019 y ganador en 2025 del Concurso de Dirección de Juventudes Musicales de España (JJMM), se encuentra en continuo ascenso. Tras un año de trabajo como director asistente con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL), este nuevo curso realizará su debut frente a la Orquesta Nacional de España (ONE) y regresará a podios como el de la Orquesta RTVE (ORTVE) o la Berner Symphonieorchester (Suiza).
Por Manuel Pacheco
Aunque en 2025 el premio del Concurso de Dirección de JJMM supuso un impulso a tu carrera, llevas ejerciendo la profesión desde muy joven. ¿Cómo se produce el salto desde los estudios de dirección a la titularidad de la JOL, que ostentas desde hace casi diez años?
Ha sido una oportunidad muy importante para mí. Ellos hacen cada septiembre unas clases magistrales para jóvenes pianistas y directores. Yo empecé a ir muy joven y con doble especialidad, porque estudiaba piano, aunque ya estaba metido en la dirección. Fui tres ediciones seguidas y hubo una buena conexión con la orquesta, y cuando llegó el momento en que decidieron cambiar de director titular me lo ofrecieron a mí. Me pilló un poco pronto, pero claro, como para decir que no… Aunque quizá estuviera menos preparado en aquel momento, a cambio tenía el doble de tiempo y de ganas.
Creo que hemos avanzado mucho durante estos años. El verano pasado hicimos la Sinfonía núm. 5 de Mahler y creo que sonó bastante bien, ¡fue un viaje!
¿Qué tipo de aprendizaje te ha aportado esta práctica real del oficio, a diferencia de la formación teórica que has recibido?
Para empezar, me ha dado muchas horas de vuelo, algo que no es tan evidente cuando estás acabando tus estudios. Hacer dos veces por año repertorio grande, crecer rápido y tomar decisiones que involucran a la orquesta en muchas facetas, formar parte de la cabeza del proyecto… Tienes que aprender muchas cosas que no te enseñan, pero que tienes que hacer. Me ha dado un empujón profesional y vital increíble, además de mucha felicidad, que también es importante.
Hablando del proceso formativo, ¿qué figuras han tenido un peso importante en tu trayectoria?
He tenido mucha suerte en la gente y los mentores que me he encontrado. En primer lugar, Borja Quintas, que fue mi profesor durante casi seis años y que ahora es uno de mis mejores amigos. Él me hizo darme cuenta que esto me gustaba, y me enseñó la pasión y la disciplina —es habitual dejar la dirección, hay muchas cosas emocionantes en la vida que vienen más rápido, y esta es una carrera lenta—.
Pablo González, casi desde que empecé a dirigir, se convirtió también en una figura a la que admirar, y he tenido la suerte de que ha empleado mucho tiempo y cariño en ayudarme. Ahora en septiembre tengo la oportunidad de trabajar con él como asistente. También pienso en Álvaro Albiach, que en mis comienzos apostó mucho por mí, y de forma más reciente, Nuno Coelho, con el que conecté porque proviene de la misma escuela de Zurich en la que yo he estado estudiando hasta ahora. Y, por supuesto, mis dos profesores en Suiza: Johannes Schlaefli, uno de los pedagogos con más prestigio de los últimos años y que me ha enseñado muchas cosas reveladoras, y Christoph-Mathias Mueller.
Como resultado del premio de JJMM, llevas un año trabajando con la OSCyL como director asistente de Thierry Fischer. ¿Qué labor has desarrollado junto a esta orquesta hasta la fecha?
De todos estos nombres que he mencionado, Thierry Fisher es el que más bagaje tiene: está cerca de los setenta años y ha ostentado titularidades importantes. Está siendo un proceso genial porque, entre estos mentores, es el que me pilla en un punto más desarrollado y él también es el que cuenta con más experiencia. Es una persona con mucho humor, que es fundamental, y durante el mundial nos escribíamos constantemente con los resultados de los partidos [risas].
En cuanto al trabajo, solo puedo estar agradecido. Las funciones del director asistente abarcan desde prácticamente nada a muchísimo, dependiendo de lo que la formación, los directores o la gerencia quieran de ti. En este sentido, creo que la OSCyL al completo me ha abierto mucho las puertas. Es una orquesta extraordinaria, una de las mejores que tenemos en España; tienen una sala maravillosa, que también ayuda a la configuración de la identidad sonora, y tienen a Fischer que es un director obsesionado con cuidar el sonido y los balances.
Mi trabajo ha incluido desde labores elementales, como aportar detalles o mejoras de un concierto a otro, hasta un montón de proyectos en los que me han dejado participar como las Plazas Sinfónicas, programas didácticos o el Concierto de Navidad. Ahora en septiembre hago un concierto de música de cine con ellos. No es normal para una posición humilde como la mía el tener tantas oportunidades de podio, está siendo muy enriquecedor.
¿Cómo trasladas las dinámicas, aprendizajes y observaciones de este puesto de asistente a tus posteriores compromisos profesionales?
Conozco muy bien la dinámica de director asistente porque la he ejercido mucho y porque, desde mi primer proyecto profesional y cada vez que tengo oportunidad, voy con un asistente. Soy consciente del aprendizaje que ha supuesto para mí, pero también de su función real y la ayuda que supone. Visto desde las dos perspectivas, creo que todo se resume en un trabajo psicológico. Puedes haber terminado un ensayo que no ha sido fácil, pero si tienes a alguien que te dice que ha habido cosas buenas y que mañana será mejor, ya es increíble. También puedes haber tenido una sesión estupenda y que, cuando estés en un momento grande de confianza, te traiga un montón de detalles para mejorar al día siguiente. Es una figura que en lo profesional y en lo personal puede aportar mucho.
De manera reciente has debutado con la Tonhalle de Zúrich, la Bilbao Sinfonikoa, el Musikkollegium Winterthur o la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, por citar solo algunas. ¿Qué trabajo sigues para establecer la confianza y el diálogo con una formación que visitas por primera vez?
Estoy bastante feliz del timing con el que se está desarrollando mi carrera. No hay ni bien ni mal, las hay más veloces y más lentas; en mi caso, para el tipo de persona que soy, son unos tiempos muy adecuados porque hay presión pero también espacio para madurar. Esto me está ayudando a enfrentar estos debuts con orquestas que claramente tienen más experiencia que yo, y entre las que habrá músicos mucho mejores que yo.
En una entrevista de hace ya unos años, Yannick Nézet-Séguin decía que un director joven, en comparación con la gente que tiene delante, es menos en todo salvo en dos cosas: la preparación y las ganas. Creo que es la única forma de avanzar y tener el aplomo para colocarte al frente de estas formaciones.
En la temporada 2026-27 realizarás tu debut al frente de la ONE, con la que ofrecerás el estreno absoluto de una obra de Laura Vega junto al marimbista Corado Moya. ¿Cómo abordas este doble compromiso?
Cuando me dijeron que dirigiría una obra de Laura Vega me puse muy contento. No soy un gran especialista en la música de nuestros días, pero de la gente que puedo conocer, el lenguaje de Vega me gusta mucho. Me parece muy auténtico y honesto, y con el que creo que voy a conectar muy bien. Y Conrado es una superestrella, no sé si será el número uno de Europa pero a nivel de especialización en la marimba tiene que estar por ahí. Además de la pieza de Vega haremos La rueca de oro de Dvorák, una obra fantástica y poco interpretada, y creo que es muy buen combo.
Sobre el debut con la ONE, todas las ganas del mundo. Para mí, la ONE es la Filarmónica de Berlín, yo soy del barrio del Auditorio Nacional de Madrid y toda la vida he ido a escucharles los domingos. Quizá los cien primeros conciertos de orquesta a los que he asistido han sido de la ONE, conozco a todos los músicos y sé de dónde vienen y lo que están haciendo. Además, mi padre es abonado desde antes de que yo naciera, y ahora en este concierto me escuchará a mí. Va a ser algo muy especial.
Como mencionabas antes, este septiembre estás trabajando con Pablo González en el montaje de Las bodas de Fígaro para la temporada de Ópera de Tenerife. ¿Qué relación mantienes con el mundo operístico?
Mi relación con la ópera es de amor no correspondido [risas]. Nos pasa a casi todos los jóvenes, la ópera y la zarzuela son fascinantes pero, salvo que tengas una formación específica en determinados países o ganes un concurso de lírica, es difícil meter cabeza. Creo que el 99 % de los jóvenes directores sueñan con la escena, y la forma más fácil de acercarte al género es este trabajo de asistencia. Es algo que estaba buscando de manera activa, y qué mejor que con Pablo, con una obra de Mozart —creo que es mi compositor de ópera favorito, o uno de los tres— y con la fantástica Sinfónica de Tenerife.
Además, este curso regresarás a formaciones ya conocidas como la OSCyL, la Orquesta RTVE (ORTVE) o la Berner Symphonieorchester. ¿Qué puedes adelantarnos de los repertorios que ofrecerás con estas orquestas?
Me hace mucha ilusión trabajar con la Berner Symphonieorchester, es un orquestón. Con ellos tuve mis primeras oportunidades siendo estudiante, y ahora volver se siente como que apuestan por ti y valoran tu trabajo. Vamos a ir a Murten, donde se celebra un concurso de violín en el contexto de su festival, y en la última fase acompañamos dos obras a cada finalista. Además, durante la deliberación del jurado interpretaremos algunas oberturas de Mozart.
En la ORTVE me pasa como con la ONE, las orquestas de Madrid las siento muy cercanas. Volver a este podio me hace muy feliz porque noté una gran conexión con la orquesta, y este regreso avalado por los propios intérpretes significa mucho en lo personal. Haremos un programa entero de música española, con ocho compositores y compositoras diferentes.
Y en cuanto a la OSCyL, estaré encantado con cada oportunidad que me ofrezcan. En septiembre tenemos este programa de música cine; el archivero de la orquesta, Julio García, tiene un conocimiento increíble, y siempre nos dejamos aconsejar por él.
Me gustaría acabar con una pregunta abierta: si tuvieras la oportunidad de diseñar una programación sinfónica, ¿qué tipo de repertorio te gustaría incluir? ¿Hay autores u obras por los que sientas una inclinación especial?
Para dar forma a un proyecto profesional tienes que aportar tu sello, pero también hay que saber mantener cierta distancia para equilibrar y ofrecer un espectro amplio. No solo para el desarrollo de la propia orquesta y la fidelización del público, sino también por ti mismo, como crecimiento.
Dicho esto, si hablamos del repertorio que siento más cercano, mi compositor preferido es Mahler. A través de su obra he descubierto mucho sobre la música, pero también mucho sobre quién soy yo. Es fácil identificarse con él porque es uno de los autores que escribió más ‘sin filtro’ su forma de ser y de percibir la vida. No buscando reflejar la belleza o el canon, sino lo que uno es.
Más allá de esto, considero a Beethoven como el gran compositor de la historia de la música, de manera objetiva. Aunque quizá no tenía el talento de un Mozart o un Schubert, superó su técnica y las piedras que le puso la vida para transmitir su mensaje. Su búsqueda de la comunicación emocional le ha convertido en la piedra angular del repertorio sinfónico. En cuanto a la ópera, Strauss, Puccini y Mozart son tres autores que me encantan y que en este género es donde dan lo mejor que tienen.










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