
La pianista y compositora Sira Hernández presenta su nuevo proyecto, ‘18 ciervas’ el próximo 16 de junio en el Teatro de la Zarzuela. El espectáculo, que parte del poemario homónimo de Rosana Acquaroni, cuenta con un equipo multidisciplinar integrado por la actriz Olivia Molina, la bailaora Olga Pericet, la bailarina y actriz Janet Novás y la iluminación de Olga García.
Por Manuel Pacheco
La semilla de ’18 ciervas’ se plantó durante un recital de Rosana Acquaroni, autora de los poemas que inspiran este proyecto. ¿Cuál fue tu reacción a los textos que escuchaste, y qué te hizo decidirte por fusionarlos con tu música?
Escuché por primera vez estos poemas en una presentación que hizo Rosana Acquaroni de su libro en la Biblioteca Eugenio Trías del Retiro. Recuerdo aquel recital como una experiencia profundamente conmovedora. Los poemas me impactaron de forma muy potente: hablaban de algo muy íntimo, pero que a la vez transmitía sentimientos muy reconocibles y compartidos. Sentí, como suele pasar con la buena poesía, que había música latiendo dentro de esas palabras. No pensé en musicalizarlos en un sentido convencional, sino en dialogar con ellos desde otro lugar, más emocional e intuitivo. Fue como reconocer una afinidad artística inmediata.
Palabra y música se dan cita en este proyecto, pero no a la manera tradicional de versos musicalizados sino de una forma más ‘visceral’. ¿Cómo cobró vida este planteamiento?
El origen del proyecto no fue intelectual, sino emocional. No quería ilustrar los poemas, sino dejar que resonaran dentro de la música, la danza y el silencio. Todo surgió desde una escucha muy profunda de los poemas, tras interiorizarlos, y también en la escucha entre los distintos lenguajes escénicos. Me interesaba más crear una atmósfera, un estado interior, que construir una narración lineal.
¿Cómo reuniste al equipo de artistas que integran este recital?
El proyecto fue creciendo de manera muy natural. Necesitaba rodearme de artistas capaces de habitar ese espacio de vulnerabilidad y libertad que proponía ‘18 ciervas’. Así es como pensé en Olivia Molina, una maravillosa actriz con quien ya había colaborado en un concierto celebrado en el Festival Internacional de piano de Ibiza. Lo hicimos con mi obra Tre Impressioni sulla Divina Commedia, una música inspirada en La Divina comedia de Dante, sobre la que ella recitó extractos del paraíso, purgatorio e infierno dantescos.
Enseguida se me ocurrió que debía haber danza flamenca, pero debía ser con una artista como es la extraordinaria bailaora Olga Pericet, que se atreve a ir más allá del lenguaje ortodoxo del flamenco y sabe entrar en la danza contemporánea y hacerla suya. Además, pensamos que era necesaria una mirada externa como es la de Janet Novás, que supiera unir esos diferentes lenguajes y armonizarlos desde su perspectiva tan sutil y contemporánea. También creí muy importante contar con alguien como Olga García para la iluminación, que crea atmósferas muy potentes y que son un personaje más dentro de un espectáculo.
Por lo tanto, todo fue surgiendo de una forma muy espontánea y muy fluida. Cada persona que forma parte del recital aporta una sensibilidad muy singular, y creo que es precisamente esa diversidad la que proporciona profundidad al espectáculo. Más que reunir un equipo, sentí que iba encontrando compañeras de viaje.
¿Cuál dirías que es el hilo conductor, si es que se puede hablar de tal, en ’18 ciervas’?
Quizá el hilo conductor sea el dolor, la herida que, como le pasa a la poeta, surge en las relaciones de pareja, y también la búsqueda de una misma y la sanación de esas heridas a través de un nuevo amor. ‘18 ciervas’ habla de la memoria, del cuerpo, de la pérdida, de la transformación; en definitiva, de la capacidad de renacer de nuestras propias cenizas. Me gusta pensar que cada espectador puede encontrar su propio recorrido emocional dentro de la obra.
A la hora de dar forma a la música del espectáculo, ¿planteaste tus creaciones como un conjunto de piezas independientes, o nacieron al mismo tiempo que dabais forma a la danza y al recital?
En un principio compuse veintiuna piezas que acompañaban a la lectura de otros tantos poemas seleccionados del libro de Rosana Acquaroni. Esas obras nacieron primero al piano, en soledad, en una etapa previa que duró meses, casi un año. Después se transformaron durante los ensayos, cuando entraron en contacto con la palabra recitada y el movimiento. Había una escucha constante entre todos los elementos escénicos, y eso hizo que la música evolucionara de manera orgánica.
’18 ciervas’ verá la luz en el Teatro de la Zarzuela el próximo 16 de junio. ¿De qué manera crees que favorece este marco privilegiado a la recepción del proyecto?
El Teatro de la Zarzuela tiene una carga simbólica y artística muy especial. Es un espacio donde tradición y contemporaneidad pueden convivir de forma muy natural, y un lugar emblemático y de gran relieve en nuestra cultura musical. Por lo tanto, presentar allí un proyecto tan íntimo y multidisciplinar es un privilegio, un honor, y confiere al espectáculo un gran reconocimiento, como entrar por la puerta grande. Estoy enormemente agradecida a la directora, Isamay Benavente, que ha confiado desde el primer momento en este proyecto y se ha entusiasmado con él.
En una entrevista anterior indicabas que ‘la música está conectada con todas las artes’, y en este caso esta relación es evidente. En comparación con trabajos más íntimos como Hymns to the Hope, ¿dirías que tu planteamiento musical ha sido distinto al trabajar con un equipo, o sigue respondiendo a los mismos parámetros o inquietudes estéticas?
En el fondo, las inquietudes son las mismas: la búsqueda de verdad, de emoción y de profundidad. Lo que cambia es el modo de llegar a ellas. En un trabajo más íntimo, como Hymns to the Hope, el diálogo era principalmente interior. Aquí, en cambio, la creación ha estado marcada desde el principio por la lectura de los poemas y, ya en los ensayos, por la complicidad que se crea y la permeabilidad que la música mantiene en todo momento con las demás participantes. La voz de Olivia; el gesto y el sonido producido por los pies y las castañuelas de Olga; las sombras, la luces. En un espectáculo así todo nos interpela y se complementa. Y eso implica abrir espacios para que otras sensibilidades transformen también la propia mirada.
¿Qué supone para tu trabajo el hecho de haber sido nominada en los premios de la Academia de la Música de España, precisamente por este Hymns to the Hope?
Lo vivo con muchísima gratitud. Más allá del gran reconocimiento que significa, y de haber estado rodeada de grandes artistas, siento que es una manera de dar visibilidad a una música muy personal, íntima, creada en un periodo muy convulso para todos. Un periodo que necesita mucha fe y mucha fuerza para que sigamos con una esperanza que mira a tiempos mejores. Hymns to the Hope es un proyecto que recoge sentimientos que se corresponden a momentos de gran interiorización e intimidad, y es emocionante para mí ver que conecta con otras personas y que recibe ese apoyo.









María del Mar Arnús dice
Enhorabuena Sira. Estoy al tanto de lo que haces y te felicito!!!!