
La despedida de la temporada 2025-26 para el director José Luis López-Antón está suponiendo una carrera de fondo llena de compromisos, debuts, grabaciones y estrenos. Recientemente regresado de Lituania y Latinoamérica, en las próximas semanas presentará un álbum junto a la Orquesta RTVE con música de Víctor Morales y participará junto a la Orquesta de la Comunidad de Madrid en los Conciertos de las velas de Pedraza.
Por Manuel Pacheco
Antes de centrarnos en algunos de tus próximos compromisos, me gustaría preguntarte por tus experiencias del pasado mes de mayo en Colombia, donde realizaste tu debut con la Filarmónica de Bogotá (OFB), y México junto a la Sinfónica del Estado de México. ¿Qué valoración haces de estas citas?
La verdad es que el debut junto a la Filarmónica de Bogotá ha sido uno de los platos fuertes de mi temporada por múltiples razones. En primer lugar, la OFB es una de las orquestas sinfónicas más representativas del continente americano y ponerme al frente de este programa en su temporada de abono ha sido un reto y un enorme placer.
En segundo lugar, el repertorio transitaba por grandes obras cumbres del sinfonismo: la Sinfonía núm. 41, ‘Júpiter’ de Mozart es una de las páginas más exigentes del clasicismo para cualquier director y disfruté muchísimo del trabajo junto a los profesores de la Filarmónica; las Variaciones sobre un tema de Haydn de Brahms, un compositor con el que me siento profundamente identificado son tremendamente complejas en el plano sonoro y estructural; y, desde luego, completar el menú con mi gran amigo Rafael Aguirre y el Concierto de Aranjuez fue la guinda del pastel.
Además, tuve la suerte de actuar en dos de los auditorios con más solera y más representativos de Bogotá, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, donde se presentan con asiduidad orquestas como la Filarmónica de Berlín, de Viena, la Simón Bolívar de Venezuela, etc…, y el León de Greiff que tiene una acústica formidable. En este último concierto la acogida del público fue espectacular. Se llenó la sala, de unas 1700 personas, y se quedaron unas 500 fuera. Desde luego que fue algo muy significativo y que da buena muestra de la acogida del público con este tipo de repertorio.
Por otro lado, en mi debut junto a la Orquesta Sinfónica del Estado de México he podido constatar la gran tradición de dicha orquesta en el repertorio sinfónico romántico y postromántico. Interpretamos una joya tan poco programada como la Suite orquestal núm. 3 de Chaikovski, que es una de mis debilidades del repertorio.
¿Cómo se recibe en el extranjero una música de raigambre tan española como el Concierto de Aranjuez, que ofreciste en Bogotá?
Lo cierto es que la música española tiene algo especial que conecta con el público de una manera directa y arrolladora en cualquier lugar del planeta. En el caso del Concierto de Aranjuez junto a Rafael Aguirre, pudimos comprobar cómo el público colombiano entraba prácticamente en éxtasis con la música del maestro Rodrigo. Tanto es así que Rafael tuvo que hacer dos bises en el segundo concierto porque el público quería más y más.
Creo firmemente en el axioma de que los artistas españoles debemos defender nuestro repertorio en todo el mundo, y la mejor manera de hacerlo, por supuesto, es incluirlo en los programas de conciertos siempre que tengamos ocasión. Este Aranjuez he podido dirigirlo en ya quince ocasiones junto a la Orquesta Clásica Santa Cecilia, y ahora junto a la OFB. Pero no sólo Joaquín Rodrigo, también Falla, Guridi, Granados, o nuestra zarzuela. Y ahora, de manera próxima, tenemos el centenario de la Generación del 27 o Grupo de los 8. En mi caso, el compromiso con nuestro patrimonio musical siempre está presente como eje central de mi repertorio.
Tu reciente experiencia en Lituania, donde ofreciste un programa español junto a la Klaipeda Chamber Orchestra, es el mejor ejemplo de este compromiso.
Sí, totalmente. Mi experiencia en Lituania junto a Klaipeda Chamber Orchestra en abril constata plenamente esa tesis. Pude dirigir un programa que incluyó El corregidor y la molinera de Falla (como celebración del 150.º aniversario de su nacimiento) y una selección de los momentos más célebres de nuestra zarzuela junto a la soprano Ruth Terán. El concierto, que tuvo una acogida maravillosa por parte del público, se celebró dentro de la programación del Festival de Primera de dicha ciudad, la tercera en población del país después de la capital Vilnius y Kaunas y a las orillas del Mar Báltico.
Hay un hecho que me llamó especialmente la atención, y es que el público aplaudía la música española con un marcado acento rítmico en subdivisión ternaria. Es casi idéntico a como se hace en Sevilla, por ejemplo, y fue algo muy chocante cómo pueden estar conectadas dos ciudades y dos culturas tan alejadas a priori en todo. En Klaipeda se alcanzan temperaturas de 20 o 25 grados Celsius bajo cero, mientras que en Sevilla estaremos ahora a unos 40 grados. Pero lo cierto es que la música española conecta almas y tiende puentes de una manera superlativa, sin importar dónde se escuche.
Y de formaciones del otro lado del charco a nuestra Orquesta RTVE (ORTVE), junto a la que hace unas semanas ejerciste de director asistente para el concierto que posteriormente ofreció Gustavo Dudamel. ¿Qué tipo de comunicación establece un director asistente con la persona que luego subirá al podio en los conciertos?
Volver a colaborar de nuevo junto a la ORTVE es siempre motivo de alegría y orgullo. Es una agrupación histórica en nuestro país y que además está en un momento de forma y nivel sobresaliente, por lo que tener de nuevo la confianza de la gerencia para colaborar en este proyecto tan especial me hace muy feliz.
Qué duda cabe que colaborar como director asistente con Gustavo Dudamel es un lujo y un privilegio. Es uno de los mejores directores del mundo y desde luego fuente de inspiración para tantísimos directores de orquesta que le tenemos por referente. En este caso, yo dirigí el primer ensayo con la ORTVE previo a la llegada de Dudamel. Sus aportaciones fueron verdaderamente transformadoras para mí. La forma de trabajar este repertorio (que incluyó la Sinfonía núm. 7 y la Obertura Egmont de Beethoven) es inconmensurable. Me llamó especialmente la atención la manera en que relacionaba el sonido de cierto momento de la sinfonía con un fragmento de otra de sus obras, la ‘Heroica’. O cómo destacaba la reexposición del primer movimiento de manera análoga al de la Sinfonía núm. 8. Es un concepto global y cíclico de las sinfonías de Beethoven, lo cual para mí fue totalmente revelador. En resumen, una grandísima experiencia.
También con la ORTVE acabas de grabar Entre el Greco y Cervantes, un álbum con música de Víctor Morales que se presentará el próximo 3 de julio. ¿Cuál es el hilo conductor de este proyecto?
El hilo conductor es totalmente manchego-cervantino. Como su propio nombre indica, los pilares son los dos grandes maestros de la pintura y la literatura: el Greco y Cervantes. La grabación muestra el mundo sonoro de Víctor Morales, que puede definirse como heterogéneo y ecléctico, quizá debido a que las piezas que lo conforman datan de momentos cronológicos y vitales muy diversos para el compositor. Creo que este es el punto más atractivo del proyecto y por supuesto, el más complejo a la hora de realizar la grabación. Encontrar la esencia de cada pieza y trasladarla a la realidad sonora.
El disco incluye una obra concertante para piano y orquesta titulada Grecodías. Planteada en dos movimientos, representa de manera sonora dos cuadros de El Greco muy relacionados con Toledo: El entierro del Conde Orgaz y Vista de Toledo. Siempre se busca este carácter sinestésico-sensorial entre música y pintura. El piano solista interpretado sobresalientemente por Isabel Pérez Dobarro, se integra en la textura orquestal como un instrumento más dentro de la paleta orquestal de Morales. Es decir, no es un concierto para solista sino más bien una obra orquestal con un piano obligato que va ejerciendo de hilo narrativo/descriptivo de esta esencia y carácter oscurantista de las pinturas de El Greco.
Por el contrario, el concierto para saxofón Maese Pedro nos muestra a un solista brillante, luminoso y en primer plano en relación con la orquesta. Casi en un homenaje a El retablo de Maese Pedro de Falla, Morales elige en este caso al saxo, brillantemente interpretado por Pedro Pablo Cámara Toldos, como personaje principal dentro de la narrativa musical de este célebre episodio de El Quijote.
¿Cómo ha transcurrido el diálogo entre solistas y orquesta en esta grabación?
El diálogo ha sido muy fluido y muy fácil desde el primer momento con ambos solistas. Creo que en los dos casos hemos tenido muy buen entendimiento desde un punto de vista musical y artístico. Además, conozco a ambos en el terreno personal desde hace mucho tiempo y somos de la misma generación musical, lo que ha hecho más especial trabajar con ambos en este proyecto.
El reto ha consistido en trabajar cada pieza para transmitir el alma de cada mundo sonoro. En este punto, cabe reseñar el intenso trabajo previo realizado con Emilio Esteban, el productor de la grabación, y el compositor Víctor Morales junto a los solistas. Emilio es una referencia en el mundo de la grabación con numerosos galardones a nivel internacional, y una persona con un perfil multifacético, al estilo renacentista. Tiene también un talante cercano y agradable, pero tremendamente profesional, así que ha sido un lujo enorme el trabajo conjunto.
Por otro lado, trabajar las obras de un compositor vivo siempre tienen ese plus de poder preguntar, dialogar o consultarle sobre su idea. He tenido el placer de realizar ya varios estrenos en mi carrera de compositores como Jesús Torres y su Transfiguración con Asier Polo e Iñaki Alberdi y la Sinfónica de Navarra; Igor Escudero y sus óperas junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL)… Los estrenos siempre tienen ese punto de work in progress que obviamente no tenemos con un Beethoven o un Brahms, y que a mí me encanta y me parece tremendamente estimulante.
¿Qué preparación requiere para un director la grabación de un disco, y en qué se puede diferenciar del trabajo para un concierto?
Aquí sí que hay que discernir bastante en el oficio de la grabación con respecto al trabajo para un concierto. En una grabación, la labor del director está más encuadrada en el papel de concertador o unificador que en un concierto. Las grabaciones siempre tienen ese componente repetitivo de realizar varias tomas de un mismo fragmento para tener buen material de cara a la mezcla y mastering, y se va corrigiendo en cada una de ellas los elementos que tengan que ser pulidos. Es decir, tenemos varios ‘micro-conciertos’ en una misma franja de ensayos, en los cuales habrá variables dentro del mismo fragmento. Se repite mucho y es más fatigante de cara a los músicos de la orquesta y solistas.
Sin embargo, cuando preparas un concierto, los ensayos consisten en la construcción del sonido y la estructura musical en pro de la única posibilidad de culminar ese trabajo. El arco evolutivo es más lineal y culmina al final de la semana con el concierto.
Poniendo una metáfora ciclista, ahora que estamos en temporada, para mí una grabación es como una etapa del Tour de Francia con muchos puertos de primera o segunda categoría en la cual tenemos muchas subidas y bajadas. Sin embargo, un concierto de temporada es como la gran etapa reina, en la cual vas siempre subiendo y acabas en el Tourmalet culminando en alto.
En este final de temporada también regresarás al podio de la Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM) para ofrecer un concierto en la programación de los Conciertos de las velas de Pedraza. ¿Qué repertorio interpretaréis, y de qué manera dialoga con el marco histórico de la villa y el castillo?
Será mi tercera participación en esta programación, tras las ediciones de 2022 y 2023 donde dirigí a la OSCyL y la ORTVE, respectivamente. El marco estético-visual de Pedraza en esta noche es mágico. Un pueblo que conserva su estética e idiosincrasia medieval, y en el que se corta la iluminación eléctrica y se vuelve al uso decimonónico de la vela y el candil, es un elemento que nos predispone a la escucha de forma más directa. Nos hace olvidarnos por un momento del ritmo frenético de la vida en este 2026 y promueve la introspección.
Junto a la ORCAM, en esta edición nos centramos en el sinfonismo alemán del Clasicismo y el Romanticismo. Mendelssohn y Beethoven constituyen estos dos pilares del repertorio, unidos por el motivo del viaje. Comenzaremos con la obertura de Las Hébridas de Mendelssohn, ambientada en la Gruta del Fingal de dichas islas escocesas, para luego pasar a Italia con su Sinfonía núm. 4 en La mayor, ‘Italiana’, opus 90, de la que el compositor se enamoró durante un viaje en 1830. Terminaremos este recorrido con la Sinfonía núm. 7 de Beethoven, calificada por Wagner como la ‘apoteosis de la danza’.
Este concierto supondrá una nueva colaboración con esta orquesta, con la que estoy teniendo la fortuna de trabajar de manera continuada en los últimos años. Esta cita llega un mes y medio después de la Gala de zarzuela que ofrecí con ellos en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Es una institución tremendamente polifacética y conformada por numerosas agrupaciones: la Orquesta, el Coro, la Orquesta Joven, los Pequeños Cantores, el Coro Abierto de su proyecto social… Todo un universo en sí mismo que, con la Orquesta y el Coro como baluartes, están a la vanguardia de la excelencia musical y la versatilidad estilística y de géneros.
En tu última entrevista con Melómano señalaste que, aunque te apasiona todo tipo de repertorio, cada vez te encuentras más cómodo con la lírica. ¿Ha cambiado esto en los últimos años?
Sí, desde luego que la lírica es un género que amo y que dirijo con asiduidad. Hablaba antes de mis colaboraciones con la ORCAM en torno a las Galas de zarzuela, que he dirigido con ellos en 2025 y 2026. También realicé el estreno escénico de El orgullo de quererte de Javier Carmena y Felipe Nieto, que se realizó en septiembre de 2025 en los Teatros del Canal y donde tuve la fortuna de alternarme en el podio con su directora artística y titular, Alondra de la Parra.
También el género lírico es un punto central en mis colaboraciones con la Orquesta Clásica Santa Cecilia con grandes títulos del género tales como La traviata, La bohéme, Rigoletto, La flauta mágica, etc. Siempre me he sentido muy cómodo trabajando con cantantes y hay una buena comunicación entre mi gesto y sus necesidades y códigos.
Pero lo cierto es que si echo la vista atrás, creo que la palabra que mejor podría definir mi carrera en los últimos tiempos es la polivalencia. Desde el gran repertorio sinfónico, pasando por estrenos de diversa índole, grabaciones, galas líricas, trabajo en el foso… Considero que empaparse de todos los géneros y estilos musicales es la única manera de crecer y evolucionar como director. Siempre he tenido como referente al gran Leonard Bernstein, un músico total que ocupaba las parcelas de director, compositor e intérprete y que es la viva prueba de que hay que huir del encasillamiento y tener un perfil artístico lo más transversal posible.










Deja una respuesta