
El clarinetista Pablo Barragán se enfrenta a unos meses de verano repletos de compromisos nacionales e internacionales como el Festival Intonations de Berlin, el Festival de Santander o el Landshut Festival. Hablamos con él sobre los diversos repertorios que interpretará, sus compañeros de viaje en estas citas y la actividad prevista para la nueva temporada.
Por Manuel Pacheco
Esta semana has regresado al Festival Intonations de Berlín, donde llevas varios años siendo un invitado habitual. ¿Qué puedes contarnos sobre su particular dinámica de conciertos y los músicos con los que has compartido escenario durante esta edición?
Este festival es un punto de encuentro muy especial en torno a nuestra querida y admirada Elena Bashkirova, y significa mucho para mí participar un año más. Es una familia de locos por la música de cámara, un grupo de artistas maravilloso entre los que hay leyendas de la música como Martha Argerich o Emmanuel Pahud, y nos reunimos para disfrutar y compartir con nuestro público. Este año ha sido especial además por la participación del maestro Daniel Barenboim, con el que hemos abordado la Gran Partita de Mozart.
Tu agenda veraniega no ha hecho más que comenzar. Durante las próximas semanas viajarás a Rumanía, Austria, Alemania, Noruega, República Checa o Hungría para ofrecer conciertos y clases magistrales. ¿En qué repertorios o estilos te sumergirás en estas citas?
Pues va a ser un verano bonito y colorido en cuanto a los programas. Por una parte, voy a sumergirme en un mar de repertorio que conozco bien, desde Mozart hasta Brahms, pasando por Beethoven, Bartok, Debussy, Nino Rota, Lindberg… Pero, por otro, hay alguna obra nueva para mí y no tan conocida en general, como la Sonata para clarinete y piano de Mendelssohn que tocaré en Kaposvár y en Oslo.
Entre otras citas, interpretas el Concierto para clarinete de Mozart junto a la Orquesta de Cámara de la Radio de Bucarest. ¿Qué relación mantiene un intérprete con estas obras centrales del repertorio que, como en este caso, aborda de manera habitual y en todo tipo de escenarios?
Este concierto es una obra con tanta vida, tanta alegría y tanta dulzura, que es imposible no abordarla con todo el entusiasmo que me cabe en el alma. Es una obra que crece en detalles y se transforma con uno mismo, con los momentos de la vida que vamos navegando. Para mí representa la esencia, el amor, la sencillez, todo ello alcanzado desde la complejidad del equilibrio. Es mi último concierto de la temporada, y me hace ilusión también por el encuentro con Jonathan Bloxham, un músico al que tengo gran aprecio y respeto.
Ya en agosto regresarás a España para intervenir en el Festival de Santander junto al Cuarteto Gerhard con un programa de música actual. ¿Te resulta sencillo moverte entre diferentes épocas y compositores?
Tengo muchas ganas de esta colaboración con los Gerhard y de ir al Festival de Santander por primera vez. Será con un repertorio muy exigente, y seguro supondrá un reto en muchos niveles. Creo que no hay nada sencillo cuando se aspira a seguir creciendo, siempre en busca de la excelencia, y a seguir haciendo música con curiosidad y con pasión. Creo que soy un instrumentista bastante versátil, pero sencillo no hay nada. Dedicación plena y autoexigencia, siempre en pos del crecimiento, de progresar… para mí ese es el camino.
Para despedir el verano acudirás a una cita especial en el Landshut Festival, la programación que dirige Mikhail Pochekin y que reúne a músicos diversos para ensayar de manera intensiva y ofrecer una serie de conciertos. ¿Cómo valoras este formato de festival y qué aprendizaje se deriva de él?
He escuchado cosas maravillosas de este festival y estoy muy feliz de que Mikhail me haya invitado. Me parece un formato muy interesante y variado, lo cual te empuja a ser flexible, a exprimir los momentos de estudio y de descanso, pero también a conectar con el entorno para contagiarse del espíritu del lugar. Es mi primera vez en Landshut pero tengo la sensación de que vamos a pasar una semana estupenda ahí.
Si nos asomamos a tus compromisos para la temporada 2026-27 destaca una gira por Argentina. ¿Cómo se presenta esta visita?
He ido ya varias veces a Argentina, pero esta es una ocasión especial. Tocaré el Concierto para clarinete núm. 1 de Weber, pura ópera, puro fuego y ternura, una música que conozco bien y con la que tengo experiencias y recuerdos bonitos. Hacerlo en el Teatro Colón de Buenos Aires es un sueño, una invitación muy especial, y como te podrás imaginar estoy deseando. Me siento muy bien en Latinoamérica, tengo la suerte últimamente de visitarla cada año, y es un honor formar parte de una temporada tan icónica.
Han pasado ya un par de años desde tus últimas publicaciones discográficas. ¿Hay algún repertorio que te gustaría llevar pronto a la sala de grabación?
Me gustaría mucho grabar cosas que vengo trabajando y tocando en conciertos estos últimos años, conciertos de Mozart, Nielsen, Lindberg, o una integral de Weber, Kalevi Aho, Daniel Freiberg o Copland. Espero que llegue el momento pronto, quizás sea en un formato diferente al disco habitual. Estamos valorando ideas.
Normalmente la época de verano se asocia al descanso y la desconexión. ¿Hay algún truco para equilibrar una agenda tan nutrida como la tuya, o son los propios viajes, los lugares y la gente con la que tocas, una manera de cambiar de aires?
Pues yo creo que hace falta descansar y desconectar y, al mismo tiempo, reconectar con uno mismo y con el círculo más íntimo para no perderse. Es importante cuidarse, cuidar los vínculos que sostienen nuestro mundo interior. Vivimos una realidad que no nos favorece, todo es producir y no parar.
A título personal diría que los viajes, los lugares y la gente con la que comparto tantas experiencias son una fuente de inspiración y aprendizaje. Pero esto no siempre representa la perspectiva completa. Creo que mantenerse unido a los orígenes es clave para caminar con certidumbre y avanzar con un sentido vital más completo.










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