Con una nutrida trayectoria concertística y de premios a sus espaldas, el saxofonista Luis González Garrido vive un momento especialmente prolífico. Tras haber lanzado su primer disco en solitario, GENESIS, se encuentra trabajando en un segundo con una de sus formaciones, el Dúo Métis. Además, realiza colaboraciones con el mundo del flamenco y de la escena, y visita de manera asidua programaciones musicales en España —como Música en Segura o Noches en los Jardines del Real Alcázar— y Francia.
Por Manuel Pacheco
Ya desde muy joven, tus interpretaciones te han granjeado premios tanto en España como en el extranjero. Esta dinámica de concursos, con la presión y la exigencia que requiere, ¿ha moldeado tu manera de interpretar?
Los primeros concursos que hice, quizá hasta los 18 o 19 años, no suponían gran presión. Íbamos a pasarlo bien y salía muy natural. Si tocábamos bien y gustaba, había recompensas, pero sobre todo se trataba de compartir lo que hacíamos, que me parece la manera más sana de acercarse a los concursos. Conforme vas creciendo y teniendo más conciencia te alejas de este prisma, te lo tomas muy diferente. Ahora llevo varios años dando conciertos y la dinámica es completamente distinta, por eso los últimos concursos que he hecho han sido los que menos he disfrutado.
Además del saxofón, tus intereses formativos también se han dirigido hacia la musicología o la composición. ¿De dónde proviene esta inquietud, y de qué manera ha influido en tu visión como instrumentista?
He tenido la suerte de tener profesores muy completos en su formación. El grado profesional lo hice con Alfonso Romero Ramírez, un saxofonista que también es compositor e hizo la carrera de dirección de coro. Él intentaba inculcarnos una visión de la interpretación que partiera del análisis para poder comprender realmente la partitura.
Después de hacer el superior en Musikene me fui a Francia, y el profesor con el que quería estudiar, Vincent David, tenía un perfil semejante. Es un intérprete muy reconocido, pero también es compositor. Sus clases no eran de saxofón, sino que se centraba en la música; cada uno tenía que arreglárselas técnicamente para llegar al objetivo, que era transmitir algo.
Tuve la suerte de que estudié también con David otros dos años en Bruselas, y como él vivía en París compartimos muchos viajes de tren y yo le preguntaba muchas cosas. A veces pensaba que debía estar un poco harto de mí [risas]. Quería saber cómo llegaba a tener unas ideas tan claras sobre obras que quizá aún no había tocado, y él me hablaba de la importancia de los estudios de análisis o armonía. Quizá al principio mi interés en todo esto era pura curiosidad, pero después comprendí la importancia para la interpretación.
El flamenco es también otro de tus grandes referentes. ¿Cómo te introdujiste en este universo?
Yo vengo de Utrera, que es una tierra de flamenco, tanto del viejo o ‘puro’ como de nuevas generaciones que lo han mezclado con otras vertientes. Mi primer profesor de saxofón, Juan Jiménez Alba, tiene un papel bastante importante en la escena de la danza contemporánea española; ha trabajado con bailaores como Israel Galván o David Coria, cantaores, guitarristas… Cuando no podía asistir a algún compromiso me llamaba a mí, y yo de repente me veía en el teatro de Sadler’s Wells de Londres con una compañía de danza espectacular y haciendo algo muy diferente de lo que hace un músico clásico. Estas experiencias me han marcado mucho, lo mismo que el sentido del espectáculo que hay detrás, sonido, luces, movimiento. Creo que a los músicos clásicos es algo que nos hace falta, esa manera de pensar en todo nos aportaría mucho y es algo que quiero incorporar en mis conciertos.
De hecho, has tenido oportunidad de profundizar en esto en tus colaboraciones con el coreógrafo Rubén Molina.
A Rubén Molina lo conocí en París. Mi mujer, entonces mi pareja, se apuntó a clases de flamenco con él. Yo no lo conocía y descubrí que ha hecho cosas muy interesantes en Francia. Entramos en contacto por conocidos comunes, le habían propuesto una carta blanca en el Museo Picasso de París y quería hacer algo distinto, y ahí me contactó. Empezamos a experimentar y fue muy enriquecedor, a raíz de eso hemos hecho algún proyecto más, he participado en alguno de sus espectáculos y hemos hecho otras colaboraciones. Me encanta trabajar con él y con todos estos artistas de otras disciplinas.
También has profundizado en esta dimensión escénica con el premio Talents Adami Classique, que recibiste en 2025.
Gracias a este premio hice una residencia con un director de escena que culminó con un concierto en el que todo estaba coreografiado. Me pareció increíble como esta narrativa de movimiento y luces daba valor a la música. Después de esto hemos dicho que queremos hacer algo juntos, un concierto con elementos de escena. Pienso que todo esto le da más valor a lo que hacemos y ayuda a transmitirlo.
En el apartado de colaboraciones, quizá la más destacada sea la que mantienes con el guitarrista Antoine Guerrero, con quien formas el Dúo Métis. Considerando vuestra atípica asociación, ¿cómo dais forma al repertorio que queréis interpretar?
Nuestros primeros programas nacen de no saber qué hacer con la formación [risas], sabíamos que queríamos tocar juntos pero no el qué. Después de un tiempo hablando, llegamos a la conclusión de que lo primero que debíamos hacer era música que nos representara, y ya veríamos cómo lo arreglábamos. El primer repertorio mezcla música española y francesa: Antoine es francés pero de padre español, yo soy español pero vivo en Francia. Además, pensamos que era necesario explorar el aspecto más ‘clásico’ de nuestra formación; había piezas contemporáneas para nuestro dúo, pero no con ese sentido más melódico o tradicional.
Después de ver que funcionaba, se nos ocurrió trasladar este concepto a otras músicas que nos gustan, y pensamos en hacer lo mismo con música sudamericana: Villa-Lobos, Guastavino, Piazzolla… Ahora nos encontramos en el punto en que necesitamos algo más, no solo arreglar y reinterpretar sino también creaciones y estrenos. Tenemos una obra de Fabien Waksman para saxofón soprano y guitarra, y estamos en conversaciones con algún otro compositor para que nos escriba algo.
Actualmente os encontráis dando forma a un álbum. ¿Qué programa vais a incluir?
El disco lo grabamos hace casi dos años, pero queríamos sacar nuestros discos individuales antes del dúo. Está basado en una mezcla de los dos primeros repertorios, el de corte más europeo, con Falla, Fauré, Boulanger o Granados, y el de la parte sudamericana. Estamos trabajando ahora en la posproducción, ojalá salga para principios de 2027.
Precisamente acabas de lanzar GENESIS, un disco junto al pianista Orlando Bass que supone tu carta de presentación. ¿Qué puedes contarnos sobre este trabajo?
Al principio no sabía qué grabar, hay tantas cosas que no sabía qué escoger. Se me ocurrió que, al ser mi primer disco, partiría de esa idea del debut, del inicio. Esta cuestión de la ‘génesis’ lleva implícita la idea de partir de algo muy simple para construir todo un universo, y eso está presente en las obras del disco. También hace referencia a que es mi primer disco con Orlando Bass, pianista y compositor, y al origen del saxofón moderno, que tuvo su gran desarrollo a partir del siglo XX y fue cuando se escribieron sus primeras grandes obras.
Escogí repertorio francés porque está muy ligado a la historia del instrumento y también a mi historia —una de las primeras obras que toqué fue el Aria de Bozza, que está incluida en el disco—. Y esto lo puse a dialogar con la música actual porque me parecía importante que en esta carta de presentación se resuma lo que hago: obras originales y transcripciones, pero también nueva creación, que actualmente es lo que más me mueve.
¿Cómo afrontas tu prolífico diálogo con la música actual, que te ha llevado a trabajar con partituras de creadores destacados del momento?
Toda obra que he estrenado ha sido en estrecha colaboración con los compositores. Siempre he tenido esta suerte de trabajar con ellos y preguntarles cosas; me gusta mucho tener al autor porque me permite ir a todo lo que hay detrás. Me parece algo enriquecedor para ambas partes, se nota mucho qué compositores piensan para el instrumento y explotan sus posibilidades en favor de su música.
Trabajar una obra nueva es una de las cosas que más disfruto. A veces me permito sugerirles: ‘Estaba trabajando la pieza y este pasaje está escrito así, pero me he equivocado y ha salido esta otra articulación, ¿qué te parece?’. He tenido la oportunidad de trabajar con muy buenos compositores y ojalá haya muchos más.
La pedagogía es un ámbito importante de tu trabajo, sea como profesor, como divulgador en proyectos sociales o en tus propios conciertos. ¿Cuál es la filosofía detrás de esta apuesta por la mediación cultural?
Es algo que siempre me ha gustado. Ya en mi época de estudiante preguntaba mucho a las personas que habían recorrido el camino que yo quería seguir. En esa transmisión hay algo de crear vínculos; me gustaba cuando yo lo recibía y me encanta compartirlo.
Hace ya dos o tres años que no doy clase de manera regular, pero siempre que tengo oportunidad de dar clases magistrales, o participar en proyectos de mediación, intento hacerlo. Creo que la música clásica puede ser para todo el mundo, y que hay que tratar de desmentir los prejuicios. Cuando vamos a festivales a veces nos piden dar conciertos en una escuela, y ahí los niños, sin haber escuchado nada antes, se ven dentro de algo que les gusta sin saber por qué. Son cosas que también me aportan mucho.
Acabas de intervenir en el festival Música en Segura con el Dúo Métis. ¿Qué otras citas te esperan para los últimos meses de temporada?
Este mes de junio voy con la compañía de Úrsula López al Festival de Flamenco de Albuquerque, siempre lo paso muy bien en este tipo de experiencias. Después participaré en la academia-festival del Quatour Ellipsos en Celles-sur-Belle, donde daré una clase magistral, un concierto de profesores y otro con el Dúo Métis. Y ya en julio tocaré en las Noches en los Jardines del Real Alcázar el programa del disco GÉNESIS con Orlando Bass, y tocamos algo de Falla para celebrar el 150.º aniversario del nacimiento.
A partir de octubre hay muchas fechas con el Dúo Métis. Participamos en una organización que se llama Les concerts de poche (Los conciertos de bolsillo) que lleva la música a sitios rurales sin oferta cultural. Y en el Festival de Dinard me han invitado a hacer varias cosas, tocaré con Antoine, con Rubén Molina, y habrá eventos de mediación.
¿Qué objetivos te marcas para un futuro cercano? ¿Te encuentras ya planificando nuevos proyectos, o quieres dejar que se asienten los actuales?
Soy muy inquieto, siempre estoy pensando en cosas nuevas, pero creo que es importante asentar lo que ya está y compartirlo con el público porque ahí también se encuentran cosas nuevas. Ahora mismo, lo que más ilusión me hace es ese nuevo disco con el Dúo Métis, estamos trabajando mucho para que quede muy bien. Tengo otros dúos con otros músicos; con el acordeonista Pavel Efremov he hecho ya un programa de música americana y estamos preparando un segundo. Y hay un dúo nuevo con arpa, que me parece muy interesante por su sonoridad característica.
También tengo pendiente hacer un programa de música española con piano. Tengo una obra que me escribió Joan Magrané hace unos años, y otras de otros compositores, y me gustaría hacer dialogar la tradición con lo contemporáneo con el objetivo de mostrar la riqueza que tenemos en España.









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