
El director y clavecinista gallego Pablo Devigo presenta ‘Still Life: Early Baroque Fantasy’, disco debut junto a su ensemble Música d’Outrora que reimagina el Barroco temprano desde una perspectiva radicalmente expresiva. Con primeras grabaciones mundiales y una orquestación inspirada en Monteverdi, el álbum traza un viaje emocional a través del Stylus Phantasticus.
Por Susana Castro
El disco se titula ‘Still Life: Early Baroque Fantasy’. ¿Qué significa para ti esta metáfora de la naturaleza muerta aplicada a la música del Barroco temprano?
La traducción de ‘still life’ al español sería ‘bodegón’, uno de los géneros pictóricos más característicos del Barroco. Esta metáfora refleja cómo estas obras construyen momentos suspendidos en el tiempo: secciones que funcionan como pequeños microcosmos expresivos, cuidadosamente elaborados, donde un afecto queda intensificado y cristalizado, como los objetos en una pintura… Estos instantes se suceden sin transición. Un lamento puede dar paso, de repente, a una danza, a un recitativo o a un pasaje virtuosístico.
Al mismo tiempo, encierra un juego de palabras, porque ‘still life’ también significa ‘still alive’, ‘aún vivo’. Y esa es la clave: mostrar que este repertorio, a pesar de los siglos, sigue vivo y sigue hablándonos con la misma intensidad que en el XVII, resonando con nuestra sensibilidad contemporánea.
La estética del Stylus Phantasticus atraviesa todo el álbum. ¿Cómo defines este estilo hoy, desde tu perspectiva como intérprete e investigador, y qué te atrae de él?
Históricamente, el Stylus Phantasticus fue definido por Athanasius Kircher en su Musurgia Universalis (1650) como ‘el más libre y desenfrenado método de composición, destinado a mostrar la habilidad de los intérpretes y a revelar las sutilezas de la armonía’. No se regía por una forma fija ni por reglas estrictas, sino por la libertad de la imaginación y la expresividad del compositor, y fue precisamente el lugar donde los compositores del primer Barroco pudieron dar rienda suelta a su fantasía de la manera más intensa.
Lo que más me atrae de este estilo es su radical libertad, y con Música d’Outrora nos propusimos investigar ese lenguaje y experimentar con nuevas aproximaciones interpretativas que devolvieran a estas obras su carácter improvisatorio, cambiante e incluso casi esquizofrénico en algunos casos. Nuestra intención era evitar lecturas demasiado domesticadas que, con el tiempo, han ido puliendo las aristas y forzando simetrías en un repertorio que es, por naturaleza, anguloso y asimétrico.
Uno de los aspectos más innovadores del disco es el uso de instrumentaciones inspiradas en L’Orfeo de Monteverdi para interpretar sonatas de Dario Castello. ¿Cómo fue el proceso de trasladar una orquestación operística a un contexto puramente instrumental?
Nuestra instrumentación se inspiró directamente en la fuente más importante que conservamos sobre el continuo de Monteverdi: la carta que escribió en 1611 a su libretista Alessandro Striggio donde describe con precisión cómo había instrumentado cada una de las escenas de L’Orfeo,con combinaciones que cambian incluso cada pocos compases: la muerte de Eurídice acompañada por órgano y tiorba, el descenso de Orfeo al inframundo sostenido por el regal, o la aparición de los dioses subrayada por el lirone… Por otra parte, sabemos que Dario Castello, además de dirigir su propia compañía de músicos, era instrumentista en San Marco y, por tanto, trabajó en contacto directo con Monteverdi.
El repertorio incluye primeras grabaciones mundiales de Gregorio Strozzi e Ignazio Albertini. ¿Qué descubriste en estas obras que te llevó a incluirlas en el proyecto?
Parte de la misión de Música d’Outrora es recuperar compositores que rara vez se interpretan, pero cuya calidad musical es perfectamente equiparable a la de autores más frecuentados. Ese es el caso de Ignazio Albertini, violinista italiano exiliado en Austria. Su obra se inscribe en la tradición violinística de Johann Heinrich Schmelzer y conecta directamente con la línea que culminará en Biber. Su música ha permanecido en un relativo olvido, pero estas piezas muestran una calidad igual o incluso superior a la de muchos de sus coetáneos, y ocupan un lugar crucial en la literatura violinística de su tiempo. Su lenguaje combina con naturalidad elementos italianos y centroeuropeos, desplegando un Stylus Phantasticus de extraordinaria inventiva. Gregorio Strozzi nos dejó un catálogo para tecla de gran valor artístico y virtuosismo, que rivaliza con las grandes figuras de su tiempo.
A lo largo del álbum se percibe una preocupación por el contraste, la teatralidad y la transformación afectiva. ¿Qué papel juega la emoción en tu trabajo interpretativo con Música d’Outrora?
En la Italia de la Contrarreforma, la escucha se concebía como una práctica activa capaz de conmover el cuerpo, alterar el alma y abrir un camino hacia lo trascendente. Los afectos debían dramatizarse plenamente, y la música, como el teatro, debía conmover mediante contrastes abruptos, gestos retóricos y una expresividad sin reservas. Con Música d’Outrora tratamos de recuperar esa mentalidad en la práctica interpretativa. Buscamos lecturas frescas, casi improvisadas, que transmitan esa intensidad emocional inscrita en la propia música, y de ahí surge nuestra declaración artística: ser radicalmente expresivos y no pedir disculpas por ello. Si el affetto es la razón de ser de estas obras, toda decisión interpretativa (desde el tempo hasta la instrumentación) debe ponerse a su servicio. Y ‘Still Life’ es, en ese sentido, un intento de devolver al presente la fuerza emotiva que definió el Barroco temprano y comunicarla con la misma intensidad al oyente contemporáneo.
Has hablado de ‘investigación histórica llevada a las últimas consecuencias’. ¿Podrías contarnos cómo se traduce ese principio en la práctica del ensayo, la elección de instrumentos o la articulación del repertorio?
Cuando usamos esta expresión, nos referimos a un proceso creativo que parte siempre de las fuentes. Estas fuentes, a menudo, son contradictorias y nuestro trabajo comienza precisamente con esas tensiones, preguntándonos qué pasaría si aplicamos a un repertorio una lógica documentada en otro contexto. El caso de Castello es ejemplar: ¿qué ocurre si trasladamos al terreno instrumental la instrumentación que Monteverdi detalla en sus óperas? A partir de esa hipótesis tomamos decisiones prácticas: elegir los instrumentos, buscar músicos especializados o incluso aprender a tocar instrumentos que no estaban en el núcleo inicial del ensemble. Lo mismo ocurre con los temperamentos históricos o el uso de instrumentos y técnicas originales: cuerdas de tripa, arcos históricos, disposiciones de continuo documentadas… Nuestra investigación no se limita a lo estrictamente musical; recurrimos también a la poesía, la literatura y las artes visuales del período, es decir, no concebimos una interpretación barroca desligada del Zeitgeist, porque los contrastes pictóricos, la retórica poética y la expresividad escultórica forman parte del mismo universo simbólico que la música.
La grabación tuvo lugar en St. Alban, Birmingham, un espacio histórico para la música antigua en Reino Unido. ¿Cómo influyó la acústica del lugar en la concepción sonora del álbum?
Fuimos muy afortunados de poder contar con una residencia en la iglesia de St. Alban, un espacio con gran tradición musical que albergó numerosas grabaciones para la BBC durante el siglo XX. Su acústica tiene algo de mágico, y quisimos preservar esa resonancia natural en el disco. De hecho, en el Seicento estas obras resonaban en espacios de gran reverberación… Y, para nosotros, el espacio funcionó como un instrumento más del ensemble: condicionó nuestros tempi, respiraciones y hasta la manera de articular las frases.
Eres director, clavecinista e investigador académico. ¿Cómo dialogan estas tres facetas en un proyecto como ‘Still Life’? ¿Hay tensiones entre rigor musicológico y libertad artística?
Mi primer acercamiento a la música fue como intérprete. Más tarde evolucioné hacia la dirección, y la investigación estuvo siempre presente como parte inseparable de mi concepción de la interpretación. No concibo estas tres facetas como compartimientos estancos: en realidad, forman un todo. Y si pensamos en la figura del maestro al cembalo en el siglo XVII, estaban ya plenamente integradas la interpretación, la dirección y el conocimiento teórico. Hoy utilizamos etiquetas distintas, pero en aquel tiempo eran inseparables.
En un proyecto como ‘Still Life’ esas tres dimensiones se entrelazan de manera constante. Hay momentos en los que predomina el intérprete, otros en los que la dirección ocupa el primer plano y otros en los que el trabajo es puramente musicológico. Pero al final no las diferencio, porque todas son indispensables para dar forma al proyecto. Por supuesto, existe cierta fricción entre el rigor de la investigación y la libertad de la sensibilidad artística. Mi método es partir siempre de las fuentes (musicales, literarias, estéticas) y, desde ahí, dejar que aflore la interpretación. Como intérpretes históricos, debemos cultivar nuestras sensibilidades apoyándonos en lo que podemos aprender de este repertorio, pero lo que sentimos y la manera en que reaccionamos como músicos y oyentes también es parte del proceso.

El ensemble que lideras es joven, pero ya cuenta con el respaldo de instituciones como Continuo Foundation y Angel Early Music. ¿Qué significa para ti dirigir un grupo en el que se funden experimentación artística y compromiso con fuentes históricas?
Música d’Outrora es, sin duda, mi proyecto más querido por lo abierto, cambiante y flexible que resulta. Es un ensemble que quiero seguir viendo crecer, asumir mayores responsabilidades y afrontar proyectos cada vez más ambiciosos. La conexión entre experimentación artística e interpretación histórica está en el núcleo de lo que soy como intérprete. Y Música d’Outrora ejemplifica de manera explícita esa filosofía: une el rigor de la investigación con la libertad de la experimentación. Dirigir este grupo no es solo un compromiso con la historia, sino también con el futuro de cómo puede seguir reinventándose esta música. Además, contar con el respaldo continuo de instituciones como la Continuo Foundation y Angel Early Music es un privilegio inmenso.









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