
Desde hace más de dos décadas, Adriana Tanus dirige con pasión un sueño hecho realidad: una orquesta y un coro donde conviven jóvenes talentos, amateurs de todas las edades y profesionales, todos unidos por una idea de la música como punto de encuentro. Hoy, la Orquesta Juvenil Europea de Madrid (OJEM) enriquece con sus conciertos el panorama musical madrileño y europeo.
Por Manuel Pacheco
Un origen a fuego lento
‘La orquesta nace como todo lo que me entusiasma: a fuego lento’, señala su fundadora y directora, Adriana Tanus. Todo empezó en 2001, en las aulas del Liceo Francés de Madrid, con apenas ocho alumnos que querían hacer música juntos. Un taller que se convirtió poco a poco en una orquesta de cámara de treinta músicos, y que llenaban el teatro del Liceo en sus primeros conciertos.
‘El salto llegó cuando el representante en España de la Comisión Europea, Francisco Fonseca, maravillado por la presencia en el escenario de tantos músicos muy jóvenes, me pidió que organizáramos el concierto del Día de Europa del año siguiente. En 2013 ocurrieron dos cosas: fundamos la Asociación Cultural Orquesta Juvenil Europea de Madrid, y el 9 de mayo dimos nuestro primer concierto en el Auditorio Nacional de Música. Ese día constituye nuestro verdadero punto de partida’.
Desde entonces, el crecimiento no se ha detenido. La orquesta y el coro han consolidado su presencia con el apoyo continuo del Liceo Francés y de las instituciones europeas. Más de trescientos intérpretes, entre instrumentistas y voces, forman hoy parte activa de un proyecto que atrae nuevos miembros cada año.
Pedagogía y acompañamiento
‘No solo me defino como directora, sino también como pedagoga y acompañante’, subraya Adriana. ‘Proporciono apoyo y seguridad a todos los que emprenden o quieren perfeccionarse en el camino de la música. Son muchas las etapas de inseguridad que atraviesa un músico, el camino nunca es lineal, y estar a su lado es para mí esencial. Junto a mi equipo, donde más empeño ponemos es en hacer de estas agrupaciones un proyecto musical, de crecimiento instrumental pero también humano. Hacemos mucho hincapié en el camino, la constancia. Trabajamos la disciplina y el esfuerzo, pero entendidos como fuentes de confianza. Aquí todos tienen voz, porque todos son indispensables en la construcción del conjunto’.
En cada ensayo de la OJEM se mezclan edades, niveles y nacionalidades. Por eso, las diferentes formaciones son permeables: los jóvenes aprenden de los adultos, los amateurs se inspiran en los profesionales, y todos crecen dentro del mismo lenguaje común.
La Escuela Coral y Orquestal
Si bien la OJEM nació como un coro y orquesta sinfónicos, hoy en día cuenta también con una camerata instrumental profesional, una camerata vocal y diversos conjuntos que se configuran en función del tipo de concierto.
En 2019 se dio un paso decisivo con la creación de la Escuela Orquestal y Coral, que multiplicó las oportunidades formativas y profesionales para sus integrantes. ‘Queríamos ofrecer continuidad a quienes crecieron con nosotros, y que hoy forman parte del equipo docente, así como generar una cantera de músicos formados en nuestra filosofía y, por supuesto, ofrecer un recorrido pedagógico musical completo: formación, crecimiento y empleo’. Hoy la escuela tiene una orquesta de cuerda de niños de 6 años, una de 7 a 9 años que se llama Purcell, otra de 9 a 11 años llamada Orquesta Tchaikovsky, y finalmente la orquesta OJEM Junior, de 11 a 16 años.
Ver todos los eslabones del aprendizaje y poder transitar por todos ellos es de una satisfacción inmensa para el equipo. ‘Recuerdo con emoción cuando Fátima, primer violín segundo de la orquesta sinfónica, y también profesora en la escuela, me dijo: ‘No puedo estar más feliz, ayer tocábamos Rajmáninov y Brahms en el Auditorio y hoy hemos puesto el primer dedo de nuestros niños (refiriéndose a la orquesta de cuerdas de los niños de 6 años)’. Y es que estar en esa transversalidad hace que cada clase cobre sentido y cada nota como intérprete tenga un valor excepcional’.
Una orquesta plural
La orquesta está integrada principalmente por jóvenes en etapas avanzadas de su formación musical profesional, junto a adultos que cultivan su pasión por tocar en grupo. Los diferentes coros —el infantil, el juvenil, el sinfónico, la Escuela Coral e incluso los participativos— reúnen una amplia variedad de voces y trayectorias. ‘Reflejan la sociedad misma: plural, multilingüe, europea’, dice la directora. ‘Y eso se escucha en cada concierto’.
El intercambio entre todos estos perfiles genera un notorio ambiente de aprendizaje con repertorios que combinan orquesta y coro, colaboraciones con solistas de renombre y la convivencia constante entre profesionales y debutantes. La música se convierte así en un lenguaje compartido, un lugar de encuentro donde jóvenes de orígenes muy distintos aprenden a escucharse, a respirar juntos y a emocionarse juntos.
Repertorio con alma
‘Nuestro repertorio nace de la música clásica, que es nuestro punto de partida y nuestra casa. En ella encuentro la emoción, los pilares, la exigencia, la profundidad y la belleza que debe formar a los jóvenes músicos y a los diferentes coros. Esta orquesta tiene la suerte de tener permanentemente a su lado instrumentistas solistas, cantantes y un coro sinfónico. Me parece muy formativo para un instrumentista crecer en un entorno vocal; por eso, junto a las grandes obras del repertorio sinfónico, abordamos sistemáticamente repertorio sinfónico coral o concertante. Nuestra orquesta tiene la escucha del conjunto tan formada que es capaz de acompañar a un solista sin necesidad de director.
Nuestra forma de entender la música es crear un espacio vivo, donde los músicos también aportan sus ideas; dado nuestro carácter internacional, también buscamos adentrarnos en repertorios de culturas y estéticas diversas. Cada obra es una puerta que se abre a una forma distinta de escuchar, de sentir y de comprender a los demás. Más allá de los estilos, lo que nos guía es la emoción y el sentido. Buscamos construir programas con un hilo conductor, capaces de contar una historia, de crear un vínculo entre los intérpretes y el público. Ese gran y fundamental aliado nuestro…’.
Además de esta manera de construir el repertorio, la OJEM ha hecho de la divulgación musical una de sus señas de identidad. En sus conciertos pedagógicos, los intérpretes explican las obras, se invita a cantar o a participar, y proponen formatos accesibles sin renunciar a la exigencia artística. ‘Cuando el público entiende lo que escucha, se implica, su emoción se multiplica’, dice Adriana.

Una trayectoria llena de momentos clave
La directora evoca con cariño algunos de los hitos más importantes de la OJEM. ‘Recuerdo los conciertos multitudinarios del Día de Europa, algunos de ellos retransmitidos por RTVE, donde toda la comunidad de la OJEM — coro, orquesta, alumnos, profesores y solistas— se reúne sobre el escenario. También las colaboraciones con diferentes instituciones o los homenajes conmemorativos y, por supuesto, cuando interpretamos nuestra primera Sinfonía núm. 9 de Beethoven. Por otro lado, a todos nos impresiona aún el recuerdo del primer concierto juntos después de la pandemia. Ensayamos The Black Knight de Elgar por pequeños grupos y secciones separadas, y luego tuvimos el reencuentro del tutti en el Auditorio Nacional. Fue un concierto mágico’.
La orquesta ha compartido escenario con destacados solistas internacionales, y ha consolidado de este modo su papel como plataforma de encuentro entre generaciones musicales: ‘Las colaboraciones son una inspiración para nuestros jóvenes. Ver a un profesional de cerca cambia su forma de entender la música’. Pero, entre todos estos conciertos, Adriana señala que ‘uno de los más emocionantes sigue siendo el de la Fiesta de la Música del Liceo Francés. Apenas cabemos en el escenario y cada nota celebra el esfuerzo de un año entero; además, los más pequeños se suben al escenario por primera vez’.
Presente y futuro
En las últimas temporadas la OJEM ha abordado obras como la Sinfonía núm. 2 de Mahler o Alexander Nevski de Prokófiev, y los conciertos del Día de Europa han tenido un lleno completo. La temporada 2025-26 está siendo especialmente intensa: tras tres programas en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, dos de ellos para eventos anuales corporativos, la OJEM prepara ya una doble cita. El 10 de febrero abordará Carmina Burana de Orff y la Sinfonía núm. 5 de Shostakóvich, y el 7 de mayo ofrecerá su tradicional Concierto del Día de Europa, que reunirá a todos sus coros y formaciones.
‘Con una trayectoria que crece sin perder su espíritu fundacional, la Orquesta Juvenil Europea de Madrid continúa demostrando que la música puede ser una poderosa herramienta de unión, aprendizaje y esperanza compartida’, finaliza Adriana.












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