
‘Saioa no solo canta: habita cada personaje con una intensidad que atraviesa el foso y llega directamente al público. Pocas veces se encuentra esa combinación de técnica y verdad dramática’, así define Guillermo García Calvo, quien recientemente la ha dirigido en Andrea Chénier, a la soprano Saioa Hernández. A punto de inaugurar la nueva temporada del Teatro Real con su debut en Manon Lescaut, le esperan citas en el Metropolitan Opera House, la Ópera de París, La Fenice o la Staatsoper Berlín.
Por Julio Alonso
El Teatro Real abrirá su temporada con Manon Lescaut, una nueva producción muy especial por varios motivos, primero, porque es una ópera que no se representaba en este escenario madrileño desde hace más de cien años pero también porque supone tu debut en el papel de Manon, ¿cómo afrontas este reto?
Después de muchos años dedicada al gran repertorio italiano, siempre resulta estimulante incorporar un nuevo personaje, especialmente cuando se trata de una protagonista como Manon. Cada debut supone volver a cuestionarte cosas y empezar casi desde cero, independientemente de la experiencia acumulada. Precisamente esa es una de las razones por las que sigo disfrutando tanto de esta profesión. Llego a este papel después de haber recorrido durante años el universo de Puccini con personajes como Tosca, Madama Butterfly o Turandot, y creo que este era el momento adecuado para afrontar Manon. Cada papel tiene su tiempo y nunca he sentido la necesidad de adelantar esos procesos.
¿Qué destacarías de Manon en comparación con otros grandes personajes puccinianos que has interpretado?
Creo que Manon ocupa un lugar muy singular dentro del universo de Puccini. Vocalmente exige una gran variedad de recursos. Tiene momentos de gran lirismo, otros de enorme intensidad dramática y una escritura que obliga a mantener siempre la elegancia del canto. No se puede abordar únicamente desde la potencia vocal. Es un personaje que necesita muchos colores, mucha flexibilidad y una gran atención al texto. Todo está escrito para servir al desarrollo psicológico del personaje y eso convierte cada escena en un desafío distinto. Quizá sea, junto a Cio-Cio San, una de las heroínas puccinianas donde el equilibrio entre la técnica y la interpretación resulta más delicado.
Precisamente, hace solo unas semanas interpretaste, también en el Teatro Real, el rol de Leonora en Il trovatore, ¿cómo fue esa experiencia?
Fue una experiencia muy especial. Leonora es un personaje que forma parte de mi trayectoria desde hace casi una década. La interpreté por primera vez en Nápoles en 2016 y después ha seguido creciendo conmigo en escenarios como la Bayerische Staatsoper de Múnich, el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas o el Gran Teatre del Liceu. Llegar ahora con ese papel al Teatro Real tenía un significado diferente. Ya no era un debut, sino la oportunidad de ofrecer una Leonora mucho más madura, enriquecida por todas las producciones anteriores. Es uno de esos personajes que nunca se terminan de conocer. Cada teatro, cada director y cada compañero de escena te obligan a descubrir aspectos nuevos, y eso mantiene viva la interpretación.
En ambas obras has trabajado con Nicola Luisotti, con quien ya habías coincidido anteriormente, ¿cómo es el proceso de trabajo con este maestro considerado experto absoluto en Verdi y Puccini?
Luisotti conoce profundamente este repertorio y eso se refleja en el trabajo musical. Compartimos una forma muy rigurosa de entender el estilo italiano y los ensayos suelen centrarse en el detalle, en el fraseo y en la construcción dramática. Cuando director y cantante hablan el mismo lenguaje musical, el trabajo resulta mucho más enriquecedor. A mí me interesa especialmente cuando un director plantea preguntas y no solo respuestas. Ahí es donde nace un verdadero trabajo creativo. Creo que las mejores interpretaciones aparecen cuando existe un diálogo artístico en el que cada uno aporta su experiencia y su personalidad.
Participaste en el concierto de presentación en el Carnegie Hall y eres también embajadora del programa Crescendo, ¿cómo es tu relación con el Teatro Real?
En los últimos años mi relación con el Teatro Real se ha intensificado de forma muy natural. Junto al reconocimiento con el Premio Teatro Real 2022, o el Premio Talía por mi interpretación en Nabucco y la nominación por Médée, han surgido proyectos importantes; mi debut en el rol de Turandot ha sido aquí, ahora como Manon Lescaut, el concierto en Carnegie Hall o mi participación junto a Francesco Pio Galasso como embajadores del programa Crescendo. Creo que acompañar a los jóvenes artistas es una responsabilidad que todos asumimos en algún momento de nuestra carrera. Todos hemos aprendido de quienes nos precedieron y es bonito poder contribuir ahora desde la experiencia. Me resulta especialmente satisfactorio poder desarrollar una parte importante de mi actividad artística en España, después de tantos años centrando mi carrera en los grandes escenarios internacionales. Por supuesto, eso no cambiará, y sigo viajando sin parar y debutando roles y nuevos escenarios, pero es muy gratificante poder sentir y decir que siento el Teatro Real como ‘mi casa’ —se dice mucho, pero rara vez coincide con que sea verdaderamente el teatro del lugar donde naciste—.
En esta temporada te esperan grandes papeles en los más importantes escenarios: Tosca en el Metropolitan, de nuevo Leonora en la Ópera de la Bastilla de París, Norma en la Staatsoper de Berlín o un nuevo debut, como Adriana Lecourvreur, en La Fenice. ¿Cómo afrontas esta temporada?
Es una temporada muy intensa porque reúne personajes que forman parte de mi identidad artística con otros que debutaré por primera vez. Sin duda, el debut en el Metropolitan tiene un significado especial. Era uno de los pocos grandes escenarios en los que todavía no había debutado. Llegar ahora con Tosca tiene una lógica muy natural dentro de mi trayectoria, porque es el personaje que más he interpretado y el que me ha acompañado en algunos de los momentos más importantes de mi carrera, desde la inauguración de la temporada de La Scala con Riccardo Chailly hasta la apertura de la temporada de la Ópera de París con Gustavo Dudamel. Es un papel con el que me identifico profundamente y me alegra que sea precisamente Tosca quien me presente al público del Met.
¿Hay algún papel que esperes con una especial emoción?
Además de Manon, me ilusiona especialmente debutar Adriana Lecouvreur. Los debuts son mi debilidad. Siempre he dicho que amo debutar nuevos roles, pero siempre he incorporado los nuevos papeles con mucha prudencia, esperando el momento adecuado para mi voz y para mi evolución artística. Nunca he tenido prisa por ampliar repertorio, y creo que esa forma de construir una carrera me ha permitido llegar a cada personaje con la madurez que necesita.
¿En qué momento artístico dirías que se encuentra Saioa Hernández?
Es un momento de consolidación. Durante los últimos años he tenido la oportunidad de interpretar este repertorio en los principales teatros del mundo, y esa experiencia cambia la manera de enfrentarte a cada personaje. Hoy siento que tengo una mayor libertad para profundizar en ellos y, al mismo tiempo, continúo ampliando mi repertorio de una forma muy meditada. Esa combinación entre experiencia y nuevos desafíos es probablemente la mejor definición del momento artístico que estoy viviendo y, probablemente, lo más estimulante de este momento de mi carrera.
Imagino que tu perra Giulietta estará muy contenta de tenerte cerca estas semanas.
Sin ninguna duda. Ella es quien menos entiende de agendas, teatros o ensayos; simplemente sabe cuándo estoy en casa y procura no separarse de mí ni un minuto, pero siempre está bien cuidada y en familia cuando faltamos ambos por motivos de trabajo. Mi profesión implica pasar gran parte del año viajando, así que los periodos en Madrid tienen un valor enorme. Ahora por fin disponemos de apartamento en el centro, y poder disfrutar de la vida cotidiana, de mi familia y de Giulietta, que es parte fundamental de ella, es una forma de recargar energía durante los ensayos, después de las funciones o antes de volver a empezar los periodos que pasamos fuera de Madrid. Creo que ese equilibrio es fundamental para mantener una carrera tan intensa durante tantos años.











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