
Convertida en una de las violinistas más solicitadas internacionalmente, María Dueñas continúa construyendo una carrera marcada por el rigor, la curiosidad y la fidelidad a su propia voz. Su nuevo trabajo discográfico para Deutsche Grammophon, Homage to Heifetz, grabado junto a Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, nace de su admiración por el legendario violinista, pero también de la voluntad de dialogar con su legado desde una mirada personal.
Por Julio Alonso
En 2021, cuando Melómano te entrevistó para la sección Promesas cumplidas, decías que tu mayor aspiración era que la música siguiera ocupando el centro de tu vida. Cinco años después, tu carrera ha alcanzado una dimensión verdaderamente internacional. ¿Cuáles dirías que han sido los mayores hitos que has vivido en este periodo y cómo ha cambiado María Dueñas en estos cinco años?
Creo que, más que hitos concretos, lo que realmente ha marcado estos años ha sido la toma de conciencia de lo que implica vivir con la música como centro. Evidentemente, han ocurrido cosas que hace cinco años parecían lejanas, como ha sido colaborar con el maestro Zubin Mehta y conocerle de cerca o la posibilidad de grabar repertorios que forman parte de mi identidad, pero lo verdaderamente transformador ha sido aprender a escucharme más, a aceptar los momentos de duda como parte del camino, y a entender que crecer como músico no es acumular logros, sino profundizar en la honestidad de lo que uno quiere decir y mantener tu propia voz y estilo.
Durante mucho tiempo la prensa ha hablado de ti como una joven promesa o un talento precoz. Sin embargo, hoy ya eres una de las violinistas habituales de algunas de las principales orquestas del mundo. ¿Sientes que ha llegado el momento de desprenderte de esa etiqueta? ¿Cuándo deja un músico de demostrar lo que puede llegar a ser para empezar simplemente a ser él mismo?
Las etiquetas, en cierto modo, siempre vienen de fuera. Tienen el poder de afectarte si las asumes. Creo que la expectativa constante de ‘llegar a ser’ en un sentido amplio del término se derrumbó para mí durante la pandemia. Todos los planes de futuro cambiaron radicalmente de un día para otro. Eso creó la necesidad de dejar de proyectarse hacia el futuro y empezar a vivir y disfrutar del presente en toda su plenitud. Cada vez me preocupa menos demostrar algo y más compartir una visión. Ser músico es un proceso continuo de construcción, y quizá nunca dejamos de ‘llegar a ser’.
Acabas de presentar un nuevo disco con Deutsche Grammophon que es un homenaje a Jascha Heifetz, una de tus grandes referencias históricas del violín, ¿Cómo nació la idea del disco y qué querías contar con él?
La idea del disco nace de una admiración muy profunda hacia Heifetz y su legado. Heifetz tenía una claridad y una precisión casi escultórica, un sonido muy distintivo y una intensidad muy personal. Quería encontrar ese equilibrio entre respeto y reinterpretación, intentando que el disco fuera una conversación entre épocas.
Has grabado el álbum junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y Gustavo Dudamel, un director con el que ya habías colaborado anteriormente. ¿Qué aporta él a un proyecto como este y cómo ha evolucionado vuestra relación artística con los años?
Gustavo aporta una energía muy particular, una mezcla de claridad estructural y libertad expresiva que resulta muy inspiradora. Es un lujo poder colaborar con él asiduamente. Tiene una forma de trabajar que genera confianza, y eso permite asumir riesgos. No necesitamos hablar mucho sobre nuestros conceptos, lo plasmamos con la música y los dos sabemos qué funciona y qué no. Este proyecto no hubiera tenido sentido sin él y sin la Orquesta Simón Bolivar de Venezuela.
Parte de la grabación tuvo lugar en los míticos estudios Abbey Road. Más allá del simbolismo del lugar, ¿qué recuerdos te llevas de aquellas sesiones?
Abbey Road tiene algo que trasciende lo puramente acústico. Es un espacio cargado de historia, pero también de una cierta calma que favorece la concentración, que te aísla casi del exterior. Recuerdo especialmente la sensación de estar completamente inmersa en el sonido, de poder trabajar con un nivel de detalle muy fino. Más que el mito, me llevo la experiencia de que el tiempo se detuvo y muchas risas con Gustavo y los músicos sensacionales que lo dieron todo.
Para algunas obras has podido tocar el Stradivarius ‘Heifetz-Piel’, el mismo instrumento asociado durante décadas a Heifetz y cedido especialmente para la ocasión. ¿Hasta qué punto un instrumento así condiciona o inspira la interpretación?
El instrumento generó una magia y un aura especial que nunca olvidaré. Solo de pensarlo se me pone la piel de gallina. Un instrumento así no solo condiciona, sino que dialoga contigo. Podía sentir la profunda memoria sonora del instrumento y solo imaginaba la mano de Heifetz pisando las cuerdas. Era una sensación tan extraña que no quería repetir y repetir los mismos pasajes porque de algún modo sentía que la magia se desvanecía. Sentí que desprendía un sonido lleno de honestidad y quería preservarlo. Fue una experiencia muy intensa, casi como entrar en una tradición viva.
Desde que te incorporaste a Deutsche Grammophon has construido una discografía muy cuidada, con álbumes como Beethoven and Beyond junto a la Orquesta Sinfónica de Viena dirigida por Manfred Honeck y los 24 Caprichos de Paganini, ¿Qué han supuesto estos anteriores discos y cómo es trabajar con un sello mítico como Deutsche Grammophon?
Cada disco ha sido una etapa muy distinta. Beethoven and Beyond fue una especie de declaración de principios, una manera de situarme en relación con un repertorio fundamental. Paganini fue más un reto mental y de resistencia. Trabajar con Deutsche Grammophon implica un nivel de exigencia muy alto, pero también una libertad artística que valoro y agradezco mucho.
Siempre has mostrado una enorme curiosidad musical. ¿Sientes que esa curiosidad ha cambiado con los años? ¿Qué músicas, compositores o intérpretes te están inspirando especialmente en este momento?
La curiosidad no ha disminuido, pero sí el tiempo del que dispongo, así es que tengo que ser muy selectiva para poder abarcarlo todo; ahora me interesa profundizar más en ciertas líneas. Estoy explorando repertorio del siglo XX y XXI, y también redescubriendo obras menos conocidas.
La próxima temporada incluye una gira por Corea y Taiwán junto a Gustavo Gimeno y la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, además de nuevos compromisos en Latinoamérica y con algunas de las principales orquestas internacionales. ¿Qué conciertos esperas con especial ilusión?
Cada concierto tiene algo único, pero las giras tienen una dimensión especial, porque llegas a conocer más de cerca a los músicos y se establecen vínculos más estrechos que, sin duda, influyen en la manera de hacer música. Será mi primera vez en Corea y Taiwán, pero con Gustavo Gimeno colaboro a menudo porque hay un entendimiento personal y musical perfecto. También me hace mucha ilusión el tour por Latinoamérica y explorar países nuevos. Creo que la relación con la música en Sudamérica es muy directa y emocional. Más que un concierto concreto, lo que espero es ese momento en el que todo se alinea y la música produce su magia.
¿Podremos verte también en España?
España siempre es un lugar muy especial para mí, no solo por lo que representa a nivel personal, sino también por la relación con el público. Lo que puedo adelantar es que hay proyectos previstos donde exploro nuevo repertorio en un tour con la Orquesta Sinfónica de Viena. Tocar en casa tiene una carga emocional distinta, una mezcla de responsabilidad y de cercanía que no se da en otros contextos.
El año pasado aparecías como una de las violinistas internacionales que ofreció más conciertos, ¿cómo llevas el tener una agenda tan llena de viajes, cambios horarios, ensayos, etc.?
No sé si eso es realmente así, pero intento buscar el equilibrio. Viajar constantemente puede ser agotador, pero también forma parte de la riqueza de esta vida. Intento encontrar espacios de estabilidad, aunque esté cambiando de lugar continuamente. Intento respetar los tiempos de descanso, aunque no siempre lo consigo. Al final, todo influye en cómo uno llega al escenario.
Además de intérprete, en tu adolescencia también destacaste como compositora, con obras premiadas como Farewell. ¿Sigues encontrando tiempo para escribir música? ¿Te gustaría que esa faceta tuviera un mayor protagonismo en el futuro?
Sigo escribiendo, especialmente arreglos de obras que me apetece tocar. Tengo en mente un proyecto muy ambicioso, pero necesito tiempo y tranquilidad para llevarlo a cabo. Creo que la composición es un espacio muy personal que debe surgir cuando sienta que tengo algo que decir desde ese lenguaje.
Nos decía recientemente Joaquín Achúcarro que antes de cada concierto seguía sintiendo un minuto de pánico, ¿te ocurre algo similar? ¿Tienes algún ritual o costumbre en los ensayos o antes de un concierto?
Sí, ese momento existe. No sé si lo llamaría pánico, pero sí una especie de emoción muy intensa justo antes de salir. Es un instante en el que todo se condensa. Luego, en cuanto empieza la música, esa sensación se transforma. No tengo rituales estrictos, pero sí necesito un cierto silencio previo, un espacio para concentrarme.
Mantienes una presencia activa en las redes sociales, aunque siempre muy vinculada a tu actividad artística. ¿Te parecen una herramienta útil para conectar con tu público? ¿Es difícil encontrar el equilibrio entre la cercanía y la necesidad de preservar una parte de la vida privada?
Son una herramienta útil, porque dan visibilidad y permiten acercar la música a más personas y compartir procesos que antes quedaban ocultos. Sin embargo, es importante mantener un límite. Creo que la música ya es una forma de exposición muy profunda, y es necesario preservar un espacio personal sin una mirada constante.
Me gustaría acabar con la misma pregunta que te hicimos hace cinco años, ¿Dónde se ve María Dueñas dentro de diez años?
Me veo intentando seguir en ese mismo camino, con la música como epicentro, sumando experiencias bonitas. Ojalá dentro de diez años pueda mirar atrás y sentir que he sido fiel a lo que quería expresar, y que cada paso ha tenido sentido. Por el momento, quiero quedarme con el presente y disfrutar de mi nuevo proyecto Homage to Heifetz que con tanto amor hemos creado entre muchos. Espero que la gente pueda disfrutarlo tanto como nosotros.











Deja una respuesta