Nacido en Angers (Francia) en 1985, ha sido director musical de la Orquesta Nacional de Lille entre 2016 y 2024 y ha trabajado como director invitado junto a algunas de las principales formaciones europeas. Ahora inicia una nueva etapa al frente de la Orquesta Sinfónica RTVE, con la que presenta este mes de octubre dos programas que permitirán conocer las líneas de su nuevo proyecto artístico en España
Por Julio Alonso
En febrero de 2025, debutaste al frente de la Orquesta y Coro RTVE en un concierto que tuvo a Poulenc y Ravel como protagonistas. ¿Cuál fue tu impresión de aquel primer encuentro con la formación?
Me impresionó mucho desde el primer momento su nivel, pero también su capacidad de concentración y su rapidez de adaptación ante un programa especialmente exigente.
Me llamó la atención la rapidez con la que asimilaban las propuestas y todo lo que pudimos desarrollar juntos en unos pocos ensayos. Ese primer encuentro fue, inevitablemente, muy intenso y muy rápido; ahora estoy deseando volver de otra manera, tomarme el tiempo necesario para conocer de verdad a los músicos, a los cantantes, al equipo de RTVE, pero también al público y a los colaboradores que rodean a esta formación.
Convertido ya en su nuevo director titular para el periodo 2026-2029, ¿qué esperas de esta nueva etapa?
Estoy muy ilusionado. Es un nuevo capítulo para mí en un país en el que aún he dirigido bastante poco. Tengo ganas de descubrir al público español, de conocer mejor su cultura musical y de construir, junto con la orquesta y el coro, algo que sea propio.
Uno de mis grandes objetivos será desarrollar con los músicos una auténtica identidad sonora, a través del gran repertorio sinfónico y coral, pero también a través de descubrimientos, obras menos conocidas y encuentros con artistas españoles.
También tengo muchas ganas de descubrir, desde dentro, ese universo tan particular que es la radio y la televisión. Me encanta el trabajo colectivo: un nuevo equipo, una nueva orquesta, un nuevo coro, un nuevo público… para mí, todo ello supone nuevas relaciones que construir. Estoy deseando poner los pies en Madrid.
Acabas de mencionar tu intención de construir una identidad sonora propia de la Orquesta y Coro RTVE. ¿Qué características de la formación te gustaría preservar y cuáles te gustaría desarrollar durante los próximos años?
Una identidad sonora no se impone. Se construye con el tiempo, a través de la forma en que ensayamos, escuchamos y respiramos juntos y mediante la acumulación de experiencias y recuerdos de conciertos.
Quiero apoyarme en las cualidades de la orquesta y continuar el trabajo realizado por mis predecesores, al tiempo que aporto mi propia sensibilidad: la de un director francés de cuarenta años, muy apegado al repertorio francés, por supuesto, pero también al gran repertorio germánico y estadounidense.
Y luego hay un terreno que tengo muchísimas ganas de explorar: el repertorio español. Lo conozco menos que los repertorios con los que crecí y eso es lo que me entusiasma. Tengo muchas ganas de pasar tiempo en la biblioteca de la orquesta, de buscar partituras, joyas a veces olvidadas o poco conocidas, incluso en España, y poder luego compartirlas con nuestro público.
Pero el sonido de una orquesta también nace de la relación humana y musical: ir encontrando poco a poco nuestro ritmo de trabajo, comprender lo que necesitan los músicos, hacerles entender lo que busco, descubrir lo que les gusta hacer y lo que pueden aportar. Esta simbiosis se construye ensayo tras ensayo y concierto tras concierto. Es precisamente este viaje lo que me interesa.
Tu debut como director titular tendrá lugar los días 8 y 9 de octubre, con un programa que incluye Im Herbst de Brahms y la Sinfonía n.º 2, ‘Resurrección’, de Mahler. ¿Por qué has elegido estas obras para un concierto tan significativo?
Cuando empiezo a trabajar con una orquesta, la elección del repertorio es, para mí, fundamental. No se trata solo de elegir obras que vayan a brillar en concierto, la programación es también una herramienta de construcción artística: hay que saber adónde queremos llevar a una orquesta y elegir las obras que nos permitan recorrer ese camino juntos.
Esta temporada abre así varias líneas que seguiremos en los próximos años, en particular en torno a Brahms y Mahler, y después a Strauss y Bernstein. Son compositores emblemáticos de la escritura orquestal. Su música puede ser increíblemente brillante, pero, sobre todo, es exigente para toda la orquesta.
En Mahler, en particular, hay todo un mundo dentro de cada sinfonía. Comenzar nuestro viaje con su segunda sinfonía ‘Resurrección’, tiene para mí un significado muy profundo, casi simbólico.
Y también quería empezar de inmediato a trabajar con el coro. Im Herbst, de Brahms, íntegramente a cappella, nos dará ese espacio: estar solos juntos, tomarnos el tiempo para escucharnos y descubrir nuestra forma común de hacer música.
Así que es mucho más que un programa inaugural, es un primer paso del trabajo que quiero construir a lo largo de las próximas temporadas.

Precisamente has dicho en alguna ocasión que no tienes un compositor favorito, pero Mahler ocupa un lugar especial en tu repertorio. ¿Cómo ha cambiado tu relación con Mahler tras haber dirigido la integral de sus sinfonías con la Orquesta Nacional de Lille?
Sumergirme durante un año en todas las sinfonías de Mahler ha sido un viaje extraordinario. Pero, paradójicamente, en lugar de darme la sensación de haberlas agotado, me ha permitido solo rozar la montaña que supone la comprensión de su universo.
Mahler también era director de orquesta, y eso se percibe profundamente en su escritura. Conoce la orquesta desde dentro, lo que los instrumentos pueden aportar, la forma en que se combinan los colores, la tensión que se puede crear entre las secciones. Esa es una de las razones por las que sus sinfonías resultan tan estimulantes, emocionantes y, a veces, trascendentales a la hora de interpretarlas con una orquesta.
Pero mi relación con Mahler, al igual que con Brahms, sigue siendo también muy instintiva. Lo que me conmueve de esta música no se reduce a un análisis, llega un momento en que las palabras se quedan cortas, es algo que se vive y se siente.
En tu segundo programa en octubre, abordará el Concierto para piano de Schumann, junto a Javier Perianes, la Obertura trágica de Brahms y la suite de El caballero de la rosa de Strauss. ¿Qué nos puede comentar sobre este concierto?
Para mí era muy importante colaborar desde el principio con grandes artistas españoles. Ya será así en la Sinfonía núm. 2 de Mahlercon Elena Sancho-Péreg y Carol García, y este segundo programa me permitirá conocer a Javier Perianes, un pianista excepcional al que admiro desde hace mucho tiempo y con el que aún no he tenido la oportunidad de trabajar.
Brahms y Strauss nos permitirán, al mismo tiempo, continuar el trabajo iniciado con la orquesta en torno al sonido, las cuerdas, la armonía, la coherencia y la fusión entre las diferentes voces.

©Marco Borggreve
Comenzaste estudiando violonchelo. ¿Qué aportó aquella formación como instrumentista a tu manera de relacionarte con los músicos de una orquesta?
Me enseñó desde muy temprano a escuchar no solo lo que yo tocaba, sino también lo que sucedía por encima y por debajo de mí. Más tarde, mis estudios de composición y armonía hicieron que esa escucha fuera aún más consciente y transformaron por completo mi comprensión de las partituras.
Recuerdo que, cuando aún tocaba en la orquesta, a veces me sentía frustrado y me decía: ‘¿Por qué el director no pide más ese Mi bemol al tercer clarinete? ¿Por qué no resalta más la sonoridad de las violas?’. En un momento dado, pensé que quizá la mejor manera de oír esas notas tal y como las imaginaba era dejar mi violonchelo, coger una batuta… ¡y pedirlo yo mismo!
Durante su etapa como director musical de la Orquesta Nacional de Lille, impulsó formatos innovadores para acercar la orquesta a nuevos públicos. ¿Tiene proyectado desarrollar iniciativas similares con la ORTVE?
¡Por lo general, no me faltan ideas! Cuando llegué a Lille, tenía treinta años, mucho entusiasmo y, probablemente, ganas de probar un montón de cosas a la vez. Creo que, con los años, he conservado esas mismas ganas de inventar, pero he aprendido a priorizar mejor las ideas: identificar cuáles son realmente sólidas, encontrar el momento adecuado para desarrollarlas y aceptar que algunas son excelentes… pero para otra ocasión.
Por eso no quiero llegar a Madrid con una caja llena de recetas prefabricadas. Primero quiero comprender la Orquesta y el Coro de la RTVE, descubrir cómo funciona la radio y la televisión y conocer mejor al público al que nos dirigimos.
Es dentro de este entorno, cuando lo conozca de verdad, cuando podremos imaginar juntos nuevos formatos. Y el hecho de formar parte de una cadena de radio y televisión abre, evidentemente, un inmenso abanico de posibilidades. Para que una idea sea buena, tiene que encajar con el lugar, los equipos y el público para la que se crea.
¿Qué música escucha Alexandre Bloch por puro placer, cuando no está trabajando?
Tengo mis ‘magdalenas de Proust’: Aretha Franklin, Michael Jackson, Ricky Martin… y también artistas más recientes como Bruno Mars. También me gusta mucho el jazz, que escucho cada vez más en los últimos años.
Y en casa se entrecruzan varias generaciones musicales, lo que sin duda es la mejor manera de no quedarse encerrado en los propios hábitos. Eso me lleva a escuchar tanto música actual como cosas a las que quizá no me habría acercado de forma espontánea.
Además, últimamente también escucho muchas canciones infantiles… y, sobre todo, las canto. Quizá no sea el repertorio más sofisticado de mi colección de discos, ¡pero tiene un público especialmente entusiasta!









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