
Doctor en Química Teórica por la UAB, el barítono Pau Armengol se ha consolidado en la lírica tras formarse con Carlos Chausson y pasar por el Palau de les Arts. Hablamos con él ante una intensa temporada que lo llevará al Gran Teatre del Liceu y al Palau de la Música Catalana con obras como L’elisir d’amore, La Bohème o El Pessebre.
Por Ana Nasarre
¿Cómo un doctor en Química decide dar el salto y cambiar totalmente de profesión para dedicarse al canto lírico?
Yo siempre conviví con mi doble vocación científica y musical, de hecho, aún conservo ambas. Con 16 años empecé a tocar el piano y la verdad es que tenía cierta facilidad para la música. Al cabo de un par de años de finalizar el bachillerato, mi profesor me animaba a que entrara en el conservatorio para ser pianista, pero yo preferí seguir mi camino con la ciencia hasta obtener el doctorado en Química Teórica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Mientras estudiaba la licenciatura, empecé a cantar en el coro de la universidad, y poco a poco fui cantando en coros de nivel superior, y también puntualmente en formaciones profesionales. En este proceso empecé a tomar clases con el que es mi maestro, Carlos Chausson, con quien descubrí que tenía un instrumento que podía utilizar para intentar una carrera en el mundo de la lírica, cosa que hice cuando leí mi tesis y obtuve el grado de doctor en 2017.
¿Ocurrió algún hecho especial o, a pesar de estudiar Química, ya tenías en mente intentar probar en el difícil arte de la lírica?
La verdad es que no, estaba convencido de mi carrera científica y la idea de cantar profesionalmente fue floreciendo a medida que iba tomando clases y me iba poniendo en situaciones vocalmente más exigentes. Al principio hacía oídos sordos a los comentarios de las personas que me decían que tenía un instrumento para dedicarme al canto. Yo pensaba: ¡Soy químico! Pero con el tiempo, veía cómo mi voz respondía y gustaba, así que finalmente decidí probar suerte en este difícil arte, como tú apuntas.
¿Nos puedes explicar cómo fueron tus inicios?
Aunque ya estaba cantando en coros, mi bautizo como solista fue con L’Escola d’Òpera de Sabadell con el rol de Leporello de Don Giovanni. Tuve que pedir una excedencia de dos meses en mi grupo de investigación de la universidad para poder vivir esa experiencia. Ahí me di cuenta de que me gustaba cantar ópera, y que quería hacerlo más y más. A los pocos meses de terminar el doctorado, tuve la fortuna de ingresar en el Centre de Perfeccionament Plácido Domingo en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia y cuando volví del OperaStudio, ya empecé a trabajar, primero más modestamente y después consolidando mi presencia en varias temporadas y teatros importantes.
¿Fue un paso importante o decisivo el hecho de ganar el concurso de canto Mirna Lacambra?
Absolutamente. Creo que Mirna tuvo la valentía de confiar en mí cuando yo era aún un completo desconocido, sin estudios musicales ni experiencia, y que aún estaba realizando un doctorado en Química Teórica. Siempre le he estado muy agradecido; fue la primera persona que confió en mí y en mi voz de una forma tan clara, directa y valiente.
Has interpretado tanto ópera como lied, ¿qué te resulta más difícil?
Para mí, se trata de dificultades distintas. La ópera no deja de ser teatro. Uno interpreta un personaje, con el vestuario, la escenografía, etc. El hecho de cantar en un teatro grande con orquesta hace que sea vocalmente quizás más exigente que el lied. La dificultad que creo que entraña el lied, y que lo hace tan atractivo, es que se interpreta en un espacio mucho más íntimo, donde todo se basa en la expresión y en la poesía, y el hecho de que se cante solo con piano, con una intención más camerística, te da la libertad para jugar con los colores y los extremos de la voz.
¿Te gustaría debutar en zarzuela?
¡Me encantaría! Creo que es un género que encaja mucho con mi vocalidad. Aunque no haya debutado una zarzuela escenificada como tal, voy haciendo mis pinitos en concierto. He cantado l’Avi Castellet en Cançó d’amor i de guerra del compositor Rafael Martínez Valls en diferentes ocasiones, así como romanzas o duetos icónicos en conciertos o recitales, el último este pasado agosto con la soprano Marta Mathéu y el pianista Josep Buforn.
¿Recuerdas alguna actuación entrañable que quieras compartir?
Recuerdo con mucho cariño cantar el papel de Jesús de LaPasión según San Mateo de J.S. Bach en el Auditorio Nacional y en el Palau de la Música Catalana. Era un debut soñado por mí, y recuerdo que fue un placer inmenso. También recuerdo el Winterreise de Schubert que hicimos con Francisco Poyato en el Teatre Principal de Sabadell el pasado diciembre. Por la naturaleza de la pieza fue una especie de proceso catártico: el estudio casi obsesivo del texto, los ensayos y finalmente el concierto, donde recuerdo sentirme muy conectado con Francisco, con el texto, la música y el público. Tampoco puedo olvidar mi debut en el Gran Teatre del Liceu, interpretando el Sprecher de Laflauta mágica, con Dudamel a la batuta. O quizás la que creo que es una de las producciones que más disfruté en mi carrera fue Gianni Schicchi que hicimos también en el Liceu con Ambrogio Maestri en el rol titular. ¡Pura diversión!
¿Qué rol te gustaría interpretar y no te hayan ofrecido todavía?
¡Muchos! La verdad es que muchos de ellos son para barítonos más bien creciditos. Ahora mismo estoy interpretando roles que creo que se adecuan bien a mi tipo de voz, y no quiero cometer el error de aceptar papeles que me puedan pesar o que no pueda asumir con la suficiente tranquilidad. Tampoco quiero proyectar una carrera a muchos años vista, creo que es mejor dejarme guiar por mi voz y ver hacia dónde me lleva. Eso no quiere decir que no tenga una idea de por dónde quiero que vaya, y trabajo para ir en esa dirección, pero nunca iré en contra del desarrollo natural de mi voz.
En nuestro país cada vez hay más ciudades que programan ópera con una muy buena aceptación por parte del público y también los grandes teatros con funciones más económicas para jóvenes que se llenan. ¿Ves con optimismo el futuro de este género, a pesar de que desde la escuela no se da la importancia que merece el estudio de la música?
Sin duda, la poca importancia que se le da al estudio de la música y al de las artes en general es un problema que debe ser atacado cuanto antes. El desarrollo de la sensibilidad artística debería ser prioritario en la educación porque es justamente lo que nos hace más humanos, e incorpora valores que creo que son básicos en una sociedad moderna, como la empatía, la fraternidad o la capacidad de experimentar distintos puntos de vista. Aun así, creo que la ópera está en un buen momento. Más allá de discursos catastrofistas, hay mucha actividad operística, se hacen óperas de todos los géneros, desde óperas barrocas hasta óperas contemporáneas de nueva creación. El género ha sobrevivido a momentos terribles de la humanidad, y lo continuará haciendo, justamente por ser salvavidas de la misma. Además, creo que en un mundo donde lo digital y lo ‘artificial’ cada vez van ganando más espacio con la IA, la experiencia de realidad que ofrece el teatro, que es intrínsecamente humano, real y falible,va a causar cada vez más y más interés.
¿Las declaraciones hechas por parte de algunos artistas, como; que la ópera no interesa a nadie o haciendo críticas despectivas hacia el tipo de público que asiste a conciertos de música clásica, crees que influyen negativamente para fomentar que los jóvenes asistan a este tipo de espectáculos?
No lo creo, al contrario. Creo que no se le debe dar tanta importancia a unas declaraciones hechas en un contexto relajado por un actor que hablaba desde la ignorancia y que seguramente solo quería parecer artísticamente contemporáneo.
Por último, de cara a la nueva temporada, ¿qué proyectos tienes?
La verdad es que la temporada llega cargadita y con proyectos que me hacen mucha ilusión. Empieza en octubre con el personaje de Belcore de L’elisir d’amore de Donizetti, que voy a interpretar por distintas ciudades de Cataluña con la Fundació Òpera de Catalunya. En noviembre cantaré el Réquiem deZerafa con mis amigos de la Filharmónica de Malta en la Catedral de San Pablo en Mdina. En diciembre, El Pessebre de Pau Casals en el concierto conmemorativo del 150 aniversario de su nacimiento en el Palau de la Música Catalana de Barcelona. Otros proyectos que me ilusionan especialmente y que interpretaré en el Gran Teatre del Liceu son Schaunard de La Bohème en enero. En marzo, La Fanciulla del West de Puccini con el rol de Sid y, en abril, el estreno absoluto, en versión concierto, de Schiava e Regina, de la compositora Lluïsa Casagemas, en el papel de Budú también en el Liceu, una ópera que no se pudo estrenar en su momento por el atentado ocurrido en el teatro en el año 1893, a la cual se le va a hacer justicia.











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