
La trayectoria de Álvaro Toscano, ganador de numerosos certámenes en España y con destacadas intervenciones en escenarios del extranjero, se ha consolidado durante esta temporada con su victoria en el 58.º Certamen Internacional de Guitarra Francisco Tárrega y el lanzamiento de su primer proyecto discográfico, Crystal.
Por Manuel Pacheco
¿Cómo nació tu interés por la guitarra y cuáles fueron tus primeros pasos aprendiendo este instrumento?
Surgió por casualidad. Mi hermana pequeña recibió de regalo de Reyes una guitarra de color rosa, de Hana Montana. Ella no le hizo ningún caso, pero yo, que tendría once años o así, empecé a improvisar, a hacer scordaturas y a jugar con el instrumento. Un día que estaba tocando mi padre me dijo: ‘Eso suena como el Concierto de Aranjuez‘. Yo no sabía lo que era eso, lo busqué en YouTube y me quedé fascinado. A partir de ahí fui aprendiendo acordes y algunas piezas simples de manera autodidacta.
Creo que esto me ha influido bastante y me sigue acompañando: no es lo mismo empezar con una formación reglada que estudiando de manera propia, porque de esta última forma aprendes desde pequeño a hablarle de tú a la guitarra, mientras que cuando hay más normas se adquiere otro tipo de respeto.
Esta cuestión didáctica, lo mismo que la capacidad de transformación de la música, son valores importantes para tu trabajo en la actualidad. ¿Dirías que todo ello proviene de este inicio autodidacta, o es algo de lo que has ido concienciando progresivamente?
Es algo en lo que me he ido involucrando poco a poco, pero viene de esta base, de jugar y descubrir con el instrumento. Entendí que, si yo me pude fascinar con la guitarra, que está en la base de tantas músicas populares y tiene esa capacidad de conectar con cualquiera, entonces era posible fascinar a más gente. Al empezar a recibir formación clásica me di cuenta de que la guitarra era un gran medio para divulgar está música; no hay más que ver cómo se venden las entradas cuando se programa un Concierto de Aranjuez y cómo la gente acaba apasionada con el instrumento y vuelve a otros conciertos gracias a ello.
Luego, uno va teniendo experiencias que le marcan. A finales de 2024 hice una gira por Latinoamérica y pude apreciar otro tipo de realidades y cómo la guitarra llega también hasta ahí. Hay mucha gente con interés por estudiarla, pero no todo el mundo tiene los mismos recursos. Este tipo de encuentros te van despertando e intentas que el instrumento sea un medio para cambiar cosas.
A lo largo de tu trayectoria has ganado importantes concursos para tu instrumento como el Fernando Sor, el Juventudes Musicales de España o el Andrés Segovia. ¿Cómo afrontas estas pruebas desde el punto de vista del estudio o la preparación psicológica?
Para mí los concursos son un camino de desarrollo personal. Más allá de resultados y premios, son importantes para saber cómo reaccionar en situaciones límite, cómo gestionar tus fantasmas. Un concurso es una situación tensa, te están juzgando, has invertido tiempo y dinero para llegar hasta ahí y, si dependes mucho de lo que opinen de ti, también te afectará. Con el tiempo aprendes a gestionar todo esto y, gracias a los concursos, considero que soy una persona feliz con la música y que tengo bastante buena relación con el instrumento.
Quizá el mayor aprendizaje que he hecho es el más simple: al principio me ponía muy nervioso, y ahora sigo con los mismos nervios, pero los concursos me han enseñado a aceptarlo. Antes luchaba más contra la tensión, ahora me entrego a ello. En cuanto a resultados, si tienes suerte y te va bien, se consiguen conciertos, conexiones, credibilidad… Pero independientemente de ganar o no, son una herramienta interesante para saber dónde estás y para crecer y mejorar.
De manera reciente, a estos se ha sumado el Primer Premio del 58.º Certamen Internacional de Guitarra Francisco Tárrega. ¿Cómo viviste tu paso por este concurso y qué peso ha tenido en tu trayectoria?
Decía que los concursos son desarrollo y este quizás ha sido el que más. He estado tres veces en la final y ha sido difícil porque cuando vuelves a un sitio en el que las cosas no han ido bien el cuerpo te lo recuerda. Pero ha sido gratificante porque muchos de los guitarristas que he admirado desde adolescente han ganado este certamen y estar junto a ellos en el palmarés es un lujo.
Además, está la cuestión de la credibilidad que decía antes, el Tárrega es uno de los concursos más importantes. Cuando empecé con la guitarra recuerdo ponerlo por la noche (la final es de once de la noche a una de la mañana) y me acostaba muy tarde por verlo entero. Este año me vi ahí y ha sido un sueño.
Para continuar con tu actividad reciente, a principios de esta temporada tuviste la oportunidad de llevar el Concierto de Aranjuez a Sudáfrica junto a la Cape Town Philharmonic Orchestra. ¿Qué acogida tiene esta música en escenarios del extranjero?
Pienso que hay músicas que son universales, que no entienden de nacionalidades. Me sorprende que el público sudafricano reacciona igual que el español, se quedan fascinados con esta obra. Pasa igual con el Concierto para piano núm. 2 de Rajmáninov, el segundo movimiento del Concierto para piano en Sol mayor de Ravel o Recuerdos de la Alhambra del propio Tárrega. Da igual quién las escuche que tienen algo que fascinan, lo que me hace pensar que hay música verdaderamente universal y conecta con la gente con independencia de su origen.
El público sudafricano es especialmente entusiasta de la guitarra. A veces me planteo que los músicos españoles, especialmente los guitarristas, tenemos una imagen o un cliché y eso también lo viven. La gente se imagina al ibérico moreno de pelo rizado que toca la guitarra [risas] y antes de vernos tocar eso ya les fascina. A veces pasa que nada más salir al escenario, antes de empezar a tocar, ya te están gritando e incluso después del concierto te hablan con admiración porque siguen recreando esa imagen.
Además, tienes prevista una gira por China en fechas cercanas. ¿Cómo se ha gestado este tour, y qué puedes adelantarnos sobre el repertorio que interpretarás?
Ha surgido gracias al Certamen Francisco Tárrega, que lo ve mucha gente y se emite también en streaming. Me contactaron de unos festivales en China y estaré allí por junio. Tocaré sobre todo música española, entre otras cosas transcripciones de Iberia de Albéniz.
En medio de todos estos compromisos también has lanzado tu primer álbum, Crystal. ¿Cuál es el hilo conductor del repertorio que propones, y que combina a nuevos creadores con obras y autores clásicos?
La guitarra tiene mucho registro, desde acompañar por bulerías en una fiesta hasta lo más íntimo y, en este disco, exploro esto último: un repertorio que muestre, por utilizar una palabra que me gusta, su faceta más ‘vulnerable’. La guitarra es un instrumento muy vulnerable, es fácil que suene sucio, que cualquier pequeño contacto de la yema o la uña genere un sonido, y quería profundizar en este registro que la vuelve frágil —que no lo es, por otra parte, porque una de sus grandes fortalezas es aceptar esto—.
El disco incluye música de Mompou, Asencio o Albéniz, y en medio hay intercaladas pequeñas improvisaciones que son los Crystals y que hacen que se unan las piezas. A veces funcionan como separadores y otras como conectores.
Supongo que la improvisación ha seguido acompañándote desde tus inicios.
Sí, siempre ha estado presente. Hace dos años toqué un concierto en la Fundación Juan March con un repertorio muy parecido al del disco, y lo empecé improvisando porque me gusta crear una atmósfera, un contexto. Realmente creo que la naturaleza de la guitarra es la improvisación, el juego, no creo que sea un instrumento hecho para tocar cosas escritas —en realidad, casi ningún instrumento—.
Ya que hago esto en directo pensé que podía meterlo también en el disco. Hay una estructura pensada: la primera improvisación, por ejemplo, entre las obras de Mompou y María Camahort, funciona como nexo y conecta las tonalidades y atmósferas. Luego hay otras, como antes de la Iberia de Albéniz, que ayudan a hacer la ruptura puesto que va a haber un cambio de lenguaje. Como cuando vas a oler perfumes y te dan a oler café [risas], para que la pituitaria se oxigene.
Parece un repertorio muy inmersivo y pensado para escucharse en directo. ¿Has tenido oportunidad de presentar este proyecto en concierto?
Este repertorio es un viaje, de principio a fin, y cuando lo he tocado ha funcionado realmente bien, aunque pienso que no es para cualquier tipo de entorno. Si tengo que amplificar para un espacio muy grande no termina de funcionar, porque la magia de esto está en tener la guitarra cerca.
De hecho, la propia grabación del disco se ha hecho con un concepto diferente. Normalmente se suele grabar más de lejos, en modo recital, para percibir la atmósfera del sonido. En cambio, Crystal está grabado muy de cerca, de manera que se escucha la respiración y los ruidos del mecanismo, que decidimos no quitar para que se escuchara esa vulnerabilidad que mencionaba.
¿Tienes en el horizonte algún otro lanzamiento discográfico?
A raíz del Certamen Francisco Tárrega grabé un nuevo disco que saldrá en agosto. Se grabó a finales de 2025, de modo que presenté uno y dos semanas después estaba grabando otro [risas]. En este caso será música del Romanticismo: hay algo de Fernando Sor —el Beethoven de la guitarra—; una sonata en homenaje a Schubert de Manuel Ponce, y que Andrés Segovia decía que era la obra que Schubert se había dejado sin escribir; dos piezas de Antonio Jiménez Manjón, un compositor jienense de finales del siglo XIX; y finalmente unas mazurcas de Tárrega y un arreglo de un preludio de Chopin.
Me gustaría terminar con una pregunta abierta: ¿con qué dificultades te has ido encontrando en el camino, como músico joven y en especial como guitarrista, a la hora de hacer llegar sus propuestas a las programaciones y circuitos en España?
Hay instrumentos con los que, si ganas concursos como el Chopin o el Chaikovski, tienes muchas puertas abiertas. En el caso de la guitarra es sorprendente que, por ejemplo, en el Centro Nacional de Difusión Musical no haya todavía un ciclo dedicado en exclusiva al instrumento. En 2027 tenemos el aniversario del nacimiento de Francisco Tárrega, que es uno de nuestros grandes músicos, y de momento no hay nada programado.
Es difícil encontrar a la guitarra en según qué ciclos, y me cuesta entenderlo. He podido tocar en ciclos importantes como el de la Fundación Juan March o el de la Fundación BBVA, o con algunas orquestas sinfónicas, pero todavía me da la impresión de que hay que trabajarlo demasiado. Creo que es una cuestión de credibilidad del instrumento, que no ha tenido mucha durante los últimos 30 años, pero también pienso que ahora está volviendo a reconocerse como se hacía en la época de Narciso Yepes o Andrés Segovia. Me parece que ahora los guitarristas vamos siendo más solventes en el sentido de poder llenar una gran sala. Se debería apostar más por la guitarra, porque a la vista está que cuando se programa cosas con el instrumento, la gente acude encantada.









Deja una respuesta