
La mezzosoprano gallega Andrea Rey, voz emergente de la lírica, actuará en el Teatro Nacional de Costa Rica y en el Festival Bal y Gay este verano. Tras su paso por Crescendo (Teatro Real) y el Proyecto Zarza (Teatro de la Zarzuela), afianza una trayectoria que transita con naturalidad de la ópera a la zarzuela, con parada en la música antigua, fruto de un trabajo constante.
Por Susana Castro
Eres gallega de nacimiento y formación. ¿Qué ha significado para ti comenzar tu carrera vocal en Galicia?
Para mí la base es haber comenzado en el coro de mi pueblo. Cuando tenía 7 años, empecé a estudiar piano en el conservatorio, pero no me gustaba nada. En ese momento se creó el coro del Concello de Cambados (Pontevedra), que ya no existe, y fui de esa primera hornada. Me gustaba mucho cantar y enseguida sentí que quería seguir con ello, pero sin pensar en si, cuando fuese mayor, sería cantante. Es más, hasta hace poco ni siquiera sabía que quería dedicarme a ello. Todo surgió de forma muy natural.
Como no existe la especialidad de Canto en Enseñanzas Elementales, decidí prepararme para estudiar Enseñanzas Profesionales y accedí al Conservatorio Profesional de Música ‘Manuel Quiroga’ de Pontevedra para estudiar con Conchi Rodríguez, quien me inculcó el gusto por el género lírico. De niña, y más en un pueblo como Cambados, no tenía acceso a la ópera, ni siquiera había asistido a una representación. Ella me enseñó la pasión por cantar, los idiomas, todo. Le estaré eternamente agradecida, al igual que a mi repertorista, Alberto Vilas.
¿Cuáles fueron tus siguientes pasos?
Entré a estudiar en el Conservatorio Superior de Música de Vigo, con José Antonio Campo, de quien aprendí muchísimo, al mismo tiempo que estudiaba Magisterio. Trabajaba dirigiendo agrupaciones corales de gente mayor y me encantaba. Me sentía muy afortunada por vivir de la música en Galicia.
¿Qué aprendizaje te llevaste de esos años dirigiendo coros?
¡Muchísimo! Ellos no leían partituras, aprendían de oído, así que les enseñaba a darle importancia a la musicalidad por encima de todo. Prefiero un cantante que no esté técnicamente pulido pero que transmita algo. Eso es lo que trataba de enseñarles: que lo importante es decir algo con lo que se canta, aunque sea una misa. Todo debe tener un significado. Lo disfrutaba mucho, pero fue una época muy exigente, porque trabajaba mientras compaginaba los estudios.
¿En qué momento te trasladas a Madrid?
La voz me pedía parar ese ritmo, y algo dentro de mí me impulsó a irme de Galicia, de un día para otro. Decidí mudarme a Madrid para seguir estudiando y tener la cultura más cerca, pero sin pensar en que podría dedicarme a esto profesionalmente. Prácticamente no tenía referentes. Solo me comparaba con los discos, y eso es durísimo, porque no es la realidad.
Accedí a la Escuela Superior de Canto para estudiar con Susana Cordón e Irene Alfageme. Para mí, la Escuela es un sitio muy especial. Ofrece una formación que ningún otro sitio ofrece, y estoy muy agradecida. Tenemos profesores especializados en cada idioma, un pianista que te corrige hasta el mínimo detalle, producciones increíbles, y un profesorado que me ha enseñado muchísimo, como Marina Bollaín o Diego Carvajal.
¿Cómo llegas a participar en el Proyecto Crescendo del Teatro Real?
Al llegar a Madrid me vinculé mucho al mundo coral. Estuve en el Coro del Teatro Real y ahora tengo plaza en el Coro de la Comunidad de Madrid. Como solista, no acababa de atreverme, aunque la gente me animaba. Por eso decidí presentarme a la audición, y todo fue muy bien. Fue una experiencia muy especial. Lo más importante que me llevé de Crescendo fueron las tablas. Me ponía nerviosísima antes de salir al escenario, y ahora solo siento el nervio justo que hay que tener para estar alerta, no el nervio de pasarlo mal.
Otro de los momentos importantes de estos últimos meses ha sido tu participación en L’Enfant et les Sortilèges, de Maurice Ravel, en el Real Teatro del Retiro. ¿A qué retos te has enfrentado en esta producción?
Han sido veintidós funciones, ¡como para no hacer tablas! Ya había debutado el papel en la Escuela, en francés, pero en este caso se hizo en castellano, así que hubo bastante trabajo en ese sentido. Se formó un grupo maravilloso y disfruté mucho la producción. Es una ópera que no se programa habitualmente, al menos en Madrid, y trabajamos mucho.
Es necesario iniciar a los más pequeños en el género lírico. Está muy bien que haya iniciativas como esta, ya que ellos son el público del futuro. La gente se va alejando de nuestra música y veo el futuro un poco regular, al menos en lo que tiene que ver con mi generación. Me gusta mucho participar en estos proyectos porque disfruto con los niños. Me encanta su espontaneidad.
¿Cuándo decides presentarte al Proyecto Zarza del Teatro de la Zarzuela?
Yo siempre quise estar en el Zarza, pero pensaba que buscaban un perfil diferente al mío. De hecho, me presenté anteriormente y no me seleccionaron. Durante la audición final de Crescendo, el director adjunto del Teatro de la Zarzuela, Miguel Galdón, nos animó a presentarnos a las pruebas y decidí volver a intentarlo.
El Zarza ha sido un antes y un después en mi vida. Trabajar con Enrique Viana ha sido increíble. ¡Cuánto he aprendido con él! ¡Es una joya! [risas] También he aprendido muchísimo de mis compañeros de teatro musical. Me gusta nutrirme de todo el mundo; creo que es lo bonito de esta profesión.
¿Qué sentiste la primera vez que se levantó el telón del Teatro de la Zarzuela?
Fue indescriptible. Es mi sitio ideal. Soy muy feliz en ese teatro, y nos trataron muy bien. El primer día de escenario se me caían las lágrimas. Fue una sensación parecida a la primera vez que estuve en el Teatro Real, cuando estaba en el coro. Recuerdo que la primera vez me quedé extasiada, pensando en que un mes antes estaba en Galicia sin saber lo que iba a hacer con mi vida. No hay un solo día en que no me despierte pensando que soy la persona más afortunada del mundo. Con la agenda que tengo y mi ilusión, soy feliz. Voy día a día y vivo las cosas muy intensamente.
¿Qué representa para ti la zarzuela?
La zarzuela, para mí, era algo desconocido porque en Galicia no se le presta atención. La semilla me la plantó el Coro de la Comunidad de Madrid. Hace un año hicimos una gala de coros de zarzuela. Cuando vi a mis compañeras cantando con ese gusto ‘chulapo’, me quedé fascinada. No puedes cantar zarzuela como si cantaras ópera, y esto lo aprendí con Javier Carmena. Es fundamental preservar la identidad de la zarzuela.
Pronto llega un nuevo reto para ti. ¿Cómo afrontas tu primer rol protagonista en El barberillo de Lavapiés, de Francisco Asenjo Barbieri, junto a Borja Quiza, en Costa Rica? Con dirección musical de Andrés Salado y dirección escénica de Alfredo Sanzol.
Estoy nerviosa, no te voy a mentir. Tengo muchas ganas y creo que voy a aprender un montón de Borja, que es una persona muy accesible. Estoy muy ilusionada. Además, el día 8 de julio ofreceré un recital de canción española junto al pianista Ramón Grau.
Volverás a coincidir con Borja Quiza este verano en el Festival Bal y Gay, en tu tierra. ¿Qué supone para ti cantar en un marco tan especial?
Creo que el Festival Bal y Gay es una iniciativa fantástica; estuve allí el año pasado y me encantó. Cantar en casa siempre es una gozada; estás más a gusto. A Mariña lucense es preciosa. En el concierto hay mucha zarzuela, ópera, canción gallega… Es una mezcla muy interesante en torno a Borja. Va a ser muy bonito.
A principios de temporada participarás en El orgullo de quererte, una zarzuela de nuevo cuño, con música de Javier Carmena y libreto de Felipe Nieto, que se podrá ver en los Teatros del Canal. ¿Qué te atrae de este título?
Precisamente me atrae que sea nueva. Admiro muchísimo a Javi y su trabajo. Creo que es fundamental componer títulos con un toque moderno, pero sin perder lo castizo. Además, en este caso la historia está protagonizada por una pareja homosexual, lo que actualiza la narrativa. Es muy importante traer la zarzuela hasta nuestros días para que no se muera. Igual que se componen óperas nuevas, debe haber renovación en la zarzuela. Javi ha hecho un trabajo excepcional. El libreto de Felipe es una maravilla. ¡Estoy muy emocionada! Tanto por la admiración que siento por ellos como por el cariño que les tengo.
Tu repertorio abarca desde música barroca hasta ópera y zarzuela. ¿Qué te mueve a elegir un papel o proyecto?
Ahora mismo no estoy en el momento de encasillarme, y tampoco tengo claro si querría hacerlo. Me encanta la música antigua y tengo la suerte de que hay pocas voces de mezzo o contralto, así que surgen proyectos. Es bonito aprender diferentes músicas y adaptarte a cada estilo. La clave está en ser versátil, y es lo que quiero ser. Quizá con el tiempo sí me decante por algún periodo o repertorio específico, pero de momento quiero aprender de cada experiencia, porque me nutre como artista. Para ser un buen cantante de ópera hay que saber qué hubo antes, entender cómo se llegó hasta ahí. Quiero explorarlo todo. Soy muy curiosa.
¿Qué metas te has marcado a corto o medio plazo?
Mi meta es mejorar cada día. No me marco objetivos concretos, como debutar un rol determinado o actuar en un teatro específico. Voy aprendiendo y mejorando poco a poco para que, cuando lleguen las oportunidades, esté preparada. Quiero nutrirme para que, cuando me propongan un proyecto, sepa que estoy lista. Y tener en los pies en la tierra para no llevarme un golpe. Mi sueño era vivir de cantar, y lo he conseguido.









Deja una respuesta