La mezzosoprano Annalisa Stroppa viajará este mes de agosto al Teatro Colón de Buenos Aires para abordar el rol de Charlotte en Werther, un papel que tendrá oportunidad de retomar en 2026 en la temporada de ABAO Bilbao Opera. Hablamos con ella sobre este y otros personajes que ha asumido de manera reciente, así como de su trayectoria y de los retos que se plantea para el futuro.
Por Manuel Pacheco
La temporada 2025-26 comenzará para ti a finales de agosto, cuando viajes al Teatro Colón de Buenos Aires para asumir el rol de Charlotte en Werther de Massenet. ¿Qué vínculos te unen con este escenario?
Mi debut en el Teatro Colón de Buenos Aires fue en 2012 con el rol de Cherubino en I due Figaro de Mercadante, dirigida por el maestro Ricardo Muti y con dirección de escena de Emilio Sagi. Más tarde, regresé con Adalgisa en la Norma de Bellini, en 2018, con el maestro Renato Palumbo en el podio y dirección de escena de Mario Pontiggia. Por lo tanto, esta Charlotte en Werther será mi tercera producción en este maravilloso teatro. Recuerdo la grandísima emoción que he vivido cada vez que he subido a su escenario, un teatro que, para mí, junto al San Carlo de Nápoles, es sin duda el más bello del mundo. Precisamente llego a Argentina después de dos meses de ensayos y funciones en el San Carlo con mi debut como Sara en Roberto Devereux de Donizetti ¡Qué bonita coincidencia!
Regresar al Colón es un sueño hecho realidad; es un templo operístico que tiene una historia impresionante y que ha conquistado mi alma desde la primera vez que actué en él. Sobre todo, por su acústica extraordinaria y por su energía bellísima, única, que gira en un viaje de ida y vuelta entre público y escenario. Recuerdo estar contemplando la sala y quedarme absolutamente paralizada, sin palabras, conmovida ante tanta belleza; la magia del teatro y el entusiasmo de su público, especial, participativo y cálido, me han cautivado siempre. ¡Por eso, cuando me propusieron este regreso a lo grande, no lo dudé ni un momento!
¿Cómo se plantea la producción?
Vuelvo con un rol que adoro, el de Charlotte en Werther de Massenet, un personaje maravilloso, intenso, que me permite expresarme completamente como artista, tanto a nivel vocal como interpretativo. Se trata, además, de una nueva producción del Colón con dirección de escena de Rubén Szuchmacher. Será apasionante poder construir junto a él a esta Charlotte para poderle imprimir también una parte de mí; cantar en una nueva producción es siempre emocionante por el hecho de trabajar en equipo para dar vida al personaje, tanto en el aspecto escénico como en el musical. Es la primera vez que colaboro con Rubén Szuchmacher y con el maestro Ramón Tebar, y tengo muchas ganas de, junto a ellos, dibujar una Charlotte lo más fiel posible a sus ideas y a mi sensibilidad artística.
Por otro lado, conozco al que será mi Werther, Jean-François Borras, un artista con el que ya he colaborado hace unos años en Carmen de Bizet, y estoy encantada de volver a compartir escenario con él ¡Por todo ello, volver al Colón con Charlotte es verdaderamente un regalo! No veo la hora de vivir esta nueva experiencia en un teatro y una ciudad, Buenos Aires, que amo profundamente, por su belleza y por personas maravillosas que siempre me han hecho sentir como en casa.
Se trata de un papel que has interpretado de manera reciente en el Teatro Comunale de Bolonia y en Dortmund. ¿Cómo describirías este personaje?
Charlotte es un rol interesantísimo que siempre he deseado cantar, y ahora estoy en un momento vocal en el que siento que se ajusta perfectamente, tanto a nivel musical como interpretativo. Vengo de muchos años en los que mi carrera se ha centrado principalmente en el bel canto y el repertorio francés del Ottocento, un terreno en el que me he formado y que, sobre todo, me ha dado todas las herramientas necesarias para afrontar ahora Charlotte con holgura y capacidad interpretativa.
Charlotte es una chica dulce, auténtica, honesta y responsable, dividida entre el amor que siente por Werther, un amor inesperado, y su realidad dura y complicada, que la lleva a ser responsable de sus hermanos pequeños tras el fallecimiento de su madre, a quien promete cuidar de ellos y casarse con Albert. Esta promesa le pesa cuando encuentra el amor verdadero en Werther, un poeta que le hace sentir un amor romántico y bello que la hace soñar y que nunca había podido imaginar que existiera. Albert es un hombre pragmático, que la quiere pero que le ofrece un sentimiento más rutinario, menos pasional. El amor por Werther, en cambio, le hace palpitar el corazón; ella sufre enormemente porque siente la obligación de cumplir su promesa de ser fiel a Albert, aunque su corazón pertenece a Werther, un amor, por desgracia, imposible.
Charlotte es la representación de la mujer de la época, del Romanticismo, dedicada a la familia, de buenos valores, conformada con su destino; no sabe cómo gestionar esta lucha interna entre lo que la sociedad del momento le tenía preparado y ese inesperado amor que siente por Werther, un hombre que, por otro lado, está atormentado e inadaptado, casi al borde del suicidio, que solo encuentra la paz en su amor por los niños, en la naturaleza, y en Charlotte. Charlotte elige el deber a la libertad de amar y se convierte en una mujer triste, desesperada, nostálgica, muerta en vida.
Todo este drama está impresionantemente descrito en la música de Massenet —incisiva, intensa y con una belleza conmovedora— desde su obertura, con el leitmotiv que regresa varias veces a lo largo de la ópera y que transmite y anuncia la tragedia del final.
Vocalmente, la música que Massenet escribió para Charlotte traduce perfectamente todos sus estados de ánimo; es impactante la intensidad del drama que vive, el fraseo de las notas centrales, los colores que dan sentido a cada palabra del texto o el final, de una fuerza y dramatismo increíbles y en el que Charlotte dice a finalmente a Werther que lo ama, liberándose y expresando todo lo que siente con unos agudos extremos que no son otra cosa que un grito de dolor por todo su sufrimiento. Todo está en la partitura ¡Qué obra maestra!
En enero de 2026 regresarás a ABAO Bilbao Opera para ofrecer de nuevo este papel. ¿Qué recuerdos conservas de tus anteriores visitas a esta ciudad?
¡Sí! Estoy felicísima de volver el próximo mes de enero a Bilbao, donde actué por primera vez en el inicio de mi carrera, en 2012, en el Teatro Arriaga con La canterina (Haydn) y Der Schauspieldirektor (Mozart). Después, regresé para mi debut en ABAO, en 2016 con Rosina en Il Barbiere di Siviglia, en una producción de Emilio Sagi y el maestro José Miguel Pérez-Sierra a la batuta. Tengo magníficos recuerdos tanto de la ciudad como de estos teatros y de su público. Será maravilloso debutar el personaje de Charlotte en España. En los dieciséis años de carrera que llevo a mis espaldas, cada personaje ha ido creciendo conmigo y mis experiencias de vida, y eso es algo precioso de esta profesión; la de Bilbao será seguramente una Charlotte diferente a la de Buenos Aires, pero los sentimientos del personaje son siempre los mismos.
Amo España, así que siempre me hace feliz volver a cualquiera de sus teatros, y estoy segura que este compromiso en mi vuelta a la temporada de ABAO Bilbao Opera en el Euskalduna con un personaje como Charlotte será otra espléndida aventura. Por otro lado, la ciudad me encanta, con su precioso casco antiguo en contraste con la modernidad del Museo Guggenheim; así que espero en esta ocasión tener la oportunidad de conocerla un poco más.
El pasado mes de mayo te pusiste en la piel de Carmen en la ópera homónima de Bizet, y este mes de julio has estado en el Teatro San Carlo de Napoli con Roberto Devereux. ¿Cómo abordas la preparación de personajes o títulos tan distintos?
Efectivamente, llego a Buenos Aires después de haber interpretado esos dos roles que mencionas, igualmente maravillosos. Soy una mezzosoprano lírica y en mis inicios me formé con Mozart y el repertorio del Settecento para después afrontar principalmente roles de bel canto —el universo Rossini, Bellini y Donizetti, para entendernos—, pero al mismo tiempo adoro y forma también parte de mi temperamento artístico el repertorio francés, que se adapta perfectamente a mi vocalidad y carácter. Hablamos de Bizet, Gounod, Ravel, Berlioz, Massenet. Tengo el convencimiento de haber seguido un camino saludable para mi voz, resaltando su potencialidad sin forzar nunca nada. Hay que escoger bien los personajes que una canta, escuchar tu propia voz, que es la que nos guía para escoger el repertorio más adecuado.
Es también positivo explorar de modo prudente hasta donde pueden llegar tus posibilidades vocales en cada momento interpretando otros roles; en este sentido, he probado algunos como la Preziosilla (La forza del destino), Fenena (Nabucco), Laura (La Gioconda), Bersi (Andrea Chérnier), repertorio sinfónico del Novecento como La Canzone dei Ricordi de Martucci, por ejemplo. Se trata de un repertorio que probablemente afrontaré con más asiduidad en el futuro, pero todo será a su tiempo.
Lo importante es siempre cantar con tu voz, sin artificios. La técnica es siempre la misma, solo cambia el estilo. Por eso, cambiar de Carmen a Sara o Charlotte no es un problema, siempre que no fuerces la máquina; solo tienes que poner atención al cambio de estilo. Tener una base técnica sólida es lo necesario para poder cambiar de repertorio con facilidad.
Indicas que a lo largo de tu trayectoria has podido hacer un recorrido saludable para tu voz. Ahora que has alcanzado dieciséis años de carrera en los escenarios, ¿en qué momento vocal dirías que te encuentras?
Autores del siglo XVIII como Mozart o Rossini, que es posterior, fueron un bálsamo para mi voz, sobre todo durante mis años de estudio. Con ellos aprendí a cantar con la respiración, a reconocer la importancia de la palabra en los recitativos, en las declamaciones, el fraseo, el legato; estos son elementos que también se encuentran en todo el repertorio posterior y que han moldeado mi vocalidad y mi forma de emitir el sonido.
Mi trayectoria ha sido saludable porque he abordado el repertorio adecuado, siguiendo siempre, como decía antes, las necesidades de mi instrumento, escuchándolo. Pero es importante tener claro que cualquier tipo de repertorio se aborda con la misma base técnica, solo que utilizamos nuestro instrumento de manera diferente según el estilo. Siempre he dicho que la voz es como un guante que se adapta a diferentes necesidades.
Rossini, Bellini y Donizetti, con sus distintos estilos de escritura, tienen en común que realzan la voz. Esto es, permiten al intérprete una gran libertad de expresión, exaltándola y realzando la expresión vocal, y la orquesta actúa como acompañamiento, como un apoyo. El repertorio francés es diferente, allí la voz se funde con la orquesta y se convierte en una sola. El cantante es como un atleta que debe saber leer cada vez que interpreta una partitura, y debe ser capaz de comprender todas las indicaciones del compositor para que la interpretación sea lo más fiel posible a sus deseos.
Por otro lado, hay que prestar atención a todos esos signos expresivos que el compositor ha escrito en detalle, es decir, hablo del fraseo, del legato, de los acentos, del tono de una palabra o una sílaba para acentuarla, para darle importancia. En Bellini y Donizetti, por ejemplo, la pureza del sonido es primordial, la importancia de la palabra, las declamaciones, el fraseo, el legato, la messa di voce; en Rossini, la coloratura; en Bellini, la línea melódica; en Donizetti, por otro lado, el aspecto dramático, la profundidad psicológica de sus personajes, que lleva a una nueva sensibilidad, una sensibilidad romántica; de hecho, Donizetti fue el precursor de Verdi y el acento romántico que encontramos especialmente en Massenet.
Ahora siento que mi voz tiene una base sólida sobre la que apoyarse, sobre la que construir, para poder abordar también otros roles. Mi voz ha crecido con la edad, siento que ha adquirido mayor peso, mayor sustancia y, por lo tanto, está lista incluso ahora para abordar cierto tipo de repertorio que, siempre en línea con el bel canto y el repertorio francés del siglo XIX, también me atrevería a decir que lo veo moviéndose hacia un Verdi temprano, por ejemplo.
Por último, reconozco que la naturaleza ha sido muy generosa conmigo regalándome una voz dúctil, de extensión amplia, y de auténtico color de mezzosoprano, algo que me han dicho grandes directores con los que he trabajado. Digo esto porque considero una suerte que ya desde el inicio, con mi primera profesora, no hubo duda sobre mi registro vocal, y esto me ha ayudado siempre a escoger el repertorio correcto.
En relación a esto, ¿qué títulos, tanto operísticos como de concierto, te gustaría incorporar a tu repertorio para un futuro próximo? ¿Hay algún rol que consideres un reto personal?
Al leer esta pregunta me vino una sonrisa casi sin querer, porque si me la hubiera hecho hace unos años, siempre pensé que mi sueño era llegar a interpretar Carmen, Charlotte, Léonor de Guzman en La Favorite, Sara, Giovanna Seymour, todos los personajes que he tenido la fortuna de haber ya debutado, y esto me llena de felicidad —aunque tengo que decir que para concluir el ciclo de las reinas donizettianas me falta Elisabetta en Maria Stuarda—. Continuando con Donizetti, también me gustaría mucho interpretar óperas como Dom Sébastien, Pia de’ Tolomei, además del primer Verdi con Oberto, Conte di San Bonifacio y naturalmente la Princesa de Eboli en Don Carlo, también de Verdi. En cuanto al repertorio francés desearía interpretar óperas como La Damnation de Faust de Berlioz, Mignon de Ambroise Thomas, Sapho de Gounod, o Don Quichotte de Massenet y, cómo no, Samson et Dalila de Saint-Saëns, etc. ¡Cuánto repertorio por descubrir!
Además de Werther, ¿qué otros compromisos te esperan para la próxima temporada?
Después de la Charlotte de Buenos Aires me esperan Preziosilla en la Opernhaus Zürich; la mencionada Charlotte en ABAO Bilbao Opera, Rosina en el Teatro Verdi en Trieste, Carmen en La Fenice de Venecia, y otros fabulosos compromisos que no puedo revelar porque no han sido presentados por los teatros.
Personalmente, y para finalizar, tengo que decir que me siento muy feliz por haber tenido la fortuna de hacer del canto, que es mi pasión, mi profesión, y doy gracias por ello cada día. Espero poder desarrollarlo el máximo tiempo posible sin dejar nunca de tener entusiasmo, y de soñar. Para mí, lo básico es afrontar esta profesión con el corazón, con amor y con pasión, y vivirla como una misión, y no solo como un trabajo.
Es una vida llena de exigencias, de sacrificio, es cierto, pero la recompensa es infinita e inmensa, gracias también a mis seres queridos, que me sostienen y creen en mi. Amo profundamente esta profesión, más allá de las dificultades.










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