El último volumen de la integral para piano de José Antonio Bottiroli, un proyecto discográfico liderado por el pianista Fabio Banegas dedicado a reivindicar la figura de este compositor argentino, incluye diversas colaboraciones con el Anton & Maite Piano Duo. Hablamos con ellos sobre su papel en este disco, la música de Bottiroli y su compromiso con los repertorios menos difundidos.
Por Manuel Pacheco
¿De qué manera se ha gestado la colaboración entre vuestro dúo y este proyecto de grabación de la obra integral para piano de José Antonio Bottiroli?
Fabio Banegas, que es quien dirige el proyecto, nos contactó en la primavera de 2024 para proponernos esta colaboración. En aquel momento no conocíamos la música de Bottiroli y nos pareció interesante adentrarnos en la obra de un compositor argentino con raíces europeas. El hecho de que fueran obras inéditas también atrajo nuestra atención, ya que en los últimos años parte de nuestro trabajo se ha centrado en descubrir repertorio menos conocido para nuestra formación. Nunca antes habíamos realizado un disco colaborativo con otros artistas, y el hecho de grabar en la República Checa y trabajar con la Filarmónica de Brno terminó de convencernos para participar en el proyecto.
¿Cómo describiríais la música de Bottiroli para aquellos que no estén familiarizados con su producción?
Es un compositor muy ecléctico. Más que optar por un estilo cerrado o fácilmente identificable, parece situarse de manera consciente en continuidad con distintas corrientes estéticas. Su música dialoga con modelos del pasado, y los adapta a su sensibilidad y a ese acento argentino que siempre está presente.
Bottiroli conocía muy bien a los autores europeos, incluso a algunos menos habituales, como Tarenghi o Pescetti. Sentía una especial afinidad por el pequeño y mediano formato, y compuso numerosos valses, nocturnos y elegías. Es como si todo lo que le influyera o impactara pasase por su propio filtro y saliera transformado. Escribía para evocar, para conservar impresiones y momentos personales. En ese sentido, creemos que el subtítulo del disco, ‘Mementos’, refleja muy bien lo que encontramos en estas obras: pequeños instantes musicales que encierran recuerdos y experiencias de su vida.
Todo el repertorio que habéis interpretado para este álbum está escrito para dos pianos. ¿Qué diferencias principales encontráis a la hora de trabajar una obra para cuatro manos y otra a dos pianos?
El piano a cuatro manos es más íntimo y, en cierto sentido, más incómodo. Una partitura para cuatro manos es casi una obra de ingeniería, donde el balance, los planos sonoros, el pedal y la parte técnica tienen que estar muy trabajados y definidos. El hecho de que todos los elementos musicales estén recogidos en un mismo instrumento tocado por dos personas exige un orden, una organización y una sincronía perfectos.
Cuando tocamos a dos pianos, la sensación es mucho más camerística. Los gestos y las respiraciones son más amplios. Seguimos buscando un sonido y una energía comunes, pero cada uno respira y existe como individuo dentro del grupo, siendo dueño de su instrumento y de su ‘espacio personal’. Ese espacio personal no existe en el piano a cuatro manos.
En los Valses de concierto de El caballero de la rosa intervenís como parte de un conjunto que cuenta también con violín, viola, clarinete y arpa. No es habitual encontrar ensembles que incluyan dos pianos; ¿habéis encontrado alguna dificultad añadida al hecho de tener que coordinaros entre vosotros y con el grupo, o es algo a lo que estáis acostumbrados?
Sí, es la primera vez que tocamos en una formación tan variopinta. Cuando estábamos preparando esta obra la planteamos como si fuese un concierto para dos pianos y orquesta con reducción orquestal, algo que sí habíamos hecho anteriormente. Es cierto que en esta obra cada instrumento tiene su momento ‘solista’, pero los dos pianos desempeñan un papel fundamental. Fue divertido asumir roles tan distintos dentro de la obra: a veces solistas, a veces dúo, en ocasiones acompañantes y en otras, parte del tutti.
Tras otro vals, participáis también en el disco con las últimas obras que recoge: una Suite para dos pianos en Si bemol mayor con el subtítulo ‘Argentina’. ¿Cuáles son las diferencias o contrastes entre estas piezas y los números anteriores?
El Valse en Sol mayor es una versión para dos pianos de una obra anterior para piano solo. Incorpora algunas texturas y voces nuevas, pero en esencia es una partitura relativamente sencilla. La Suite Argentina es probablemente nuestra favorita, precisamente por la variedad de colores, estilos y caracteres que consigue dentro de un formato tan reducido. Tiene un sabor más definido, con ecos y ritmos de danzas argentinas como el malambo o el chamamé. Muestra un perfil claramente nacionalista, con guiños muy directos a estos ritmos tradicionales. Estos movimientos más enérgicos contrastan con el central, de atmósfera más introspectiva y con un lenguaje cercano al neoclasicismo.
Durante el proceso de grabación, ¿habéis contrastado vuestro acercamiento a estas obras con Fabio Banegas, el pianista que lidera este proyecto de recuperación de la obra de Bottiroli?
Fabio nos dio desde el principio una libertad artística total y confió plenamente en nuestro criterio. Nuestro trabajo no consistió únicamente en grabar las obras a dos pianos, sino también en revisarlas y editarlas para su publicación. Esto nos permitió aportar una visión tanto profesional como personal sobre las partituras y participar activamente en su proceso de recuperación.
¿Qué compromiso mantenéis con respecto a la difusión del repertorio menos conocido para piano a cuatro manos y dos pianos?
Amamos el repertorio tradicional, pero siempre hemos reservado un espacio en nuestros programas para obras menos conocidas o de nueva creación. En nuestro primer disco, Essenz, incluimos una transcripción propia de The Serpent’s Kiss de William Bolcom. En el segundo, Mort au Printemps, recuperamos la desconocida obra El día y la muerte del compositor navarro Fernando Remacha. También realizamos la edición crítica de su Sinfonía en tres tiempos en versión para dos pianos, publicada por la Universidad Pública de Navarra (UPNA). En este tercer disco hemos editado y grabado las obras de Bottiroli y, recientemente, hemos grabado en Viena la obra para dos pianos y orquesta Guernica, de la compositora ítalo-japonesa Sarai Vangelli.
Nuestra intención es seguir ampliando el repertorio, también mediante nuestras propias transcripciones y composiciones. Sentimos que aún queda mucho por explorar, proponer y cuestionar dentro del repertorio para dúo de piano.
¿Habéis tenido oportunidad de interpretar estas obras de Bottiroli en concierto? ¿Os gustaría incorporarlas a vuestro repertorio en el futuro?
Hasta ahora no hemos tenido ocasión de interpretarlas en concierto. Vamos a presentar el disco en varias embajadas, aunque todavía no sabemos si podremos contar con dos pianos en ellas. Nos encantaría incorporar alguna de ellas a nuestro repertorio en el futuro, quizá dentro de un programa dedicado íntegramente a autores argentinos.









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