Los compositores Belenish Moreno-Gil y Óscar Escudero han construido un espacio creativo híbrido, transversal, conectado con lo social y lo performativo. Desde Viena, trabajan como un organismo creativo que piensa la música más allá del pentagrama. Conversamos con ellos sobre sus múltiples proyectos tras haber obtenido recientemente una Beca Leonardo.
Por Susana Castro
Trabajar a cuatro manos implica convivir con dos imaginarios y dos impulsos creativos. ¿Cuál es vuestro método de trabajo?
Belenish: Hay ciertos aspectos que uno u otro ha desarrollado en mayor medida, por lo que algunos roles están más o menos predeterminados. Sin embargo, en cada obra tratamos de plantear cuáles son las necesidades que requiere para adaptarnos y, en base a eso, repartirnos el trabajo. Más que a cuatro manos, diría que es una constante revisión a cuatro ojos: uno escribe algo y el otro automáticamente revisa. Esta fusión de cuatro manos es más intensa que nunca: esa visión de ambos sobre la música, la escena y el texto es muy fluida y dialogada.
¿Cómo gestionáis los desacuerdos creativos?
Óscar: La experiencia nos ha dado perspectiva y nos ha hecho comprobar que hay que confiar en el otro cuando en esa discusión se impone una intuición de que hay que seguir un camino por encima de los deseos del otro. A posteriori, cuando estrenas la obra y echas la vista atrás, te das cuenta de que decisiones concretas que han sido fruto de un desacuerdo donde uno de los dos cedió porque había una gran convicción detrás nos han dado puente a descubrir un camino nuevo, que habría quedado oculto de otra forma. La confianza en el criterio del otro, la flexibilidad, pero, a la vez, la certeza de que somos personas muy exigentes que buscamos la excelencia en todos los aspectos nos relajan.
Muchas de vuestras obras parten de un giro social o de una mirada crítica al presente. ¿Qué os mueve hoy a sentaros a pensar una nueva obra?
Belenish: La realidad es tan rica que cualquier cosa nos motiva. Estamos en una época en la que encontramos numerosos conflictos y retos para nuestra generación y todo lo que sucede en el mundo nos provoca. Pensar en el arte como activador de reflexión social para nosotros es fundamental. Siempre digo que quiero hacer música que ‘diga cosas’. Suena un poco absurdo y baladí, pero más allá de un ejercicio estético y de belleza, que, por supuesto necesitamos, es importante que el público pueda ir a casa y reflexionar sobre cuestiones que suceden en el mundo. Buscamos la unión con nuestro presente más allá del acto social y estético.
Vuestro catálogo está lleno de capas performativas, narrativas y dramatúrgicas. ¿Os consideráis más dramaturgos sonoros que compositores en sentido tradicional?
Óscar: No, nos consideramos compositores, aunque nos llamamos poscompositores. Los mecanismos de la composición tradicional están en nuestro trabajo, escribimos partituras, pero estas son suficientemente flexibles como para incorporar algunos aspectos que por la influencia de la revolución digital ahora caben más. Por ejemplo, la identidad de los intérpretes.
Belenish: En el transcurso histórico de cómo se ha entendido la música primero se pensaba en la idea del instrumento y se componía pensando en él y sus capacidades técnicas. Después, llegó Helmut Lachenmann y pensó en el instrumento como objeto, que podía desprenderse de toda la carga sobre cómo se toca. Nosotros pensamos en quién es la persona que toca ese instrumento, su identidad nos importa.
Óscar: Ponemos el acento en la carga histórica que tienen tanto las personas como los instrumentos y los géneros musicales. Para nosotros es muy importante tomar los objetos de la tradición clásica occidental y repensarlos.
Óscar, has recibido el Stipendium Estatal Austriaco para compositores 2025. ¿Cómo influye la vida en Viena en vuestro trabajo conjunto?
Óscar: Es la segunda vez que vivimos en Viena. Tenemos un recorrido muy europeo porque hemos vivido en varios países. Cuando terminamos nuestros estudios vinimos a vivir aquí y la tradición de la ciudad me pesaba. Ahora, con una mirada más adulta, lo que me gusta es cómo de viva está la escena, cuántas posibilidades hay para la nueva creación y cómo se está repensando de dónde viene este país. El Stipendium fue un espaldarazo para reforzar la decisión de vivir aquí. Cada uno realizamos un doctorado en una universidad diferente y la ciudad tiene una gran calidad de vida. Es muy dinámica, caben muchas propuestas. Austria siempre nos ha dado muchas alegrías a nivel creativo y mucha libertad. Sus grandes festivales, como Wien Modern, donde estuvimos hace dos años, son lugares donde nos sentimos muy representados como artistas y público.
Acabáis de recibir una Beca Leonardo para vuestra ópera basada en Ana no, de Agustín Gómez Arcos. ¿Qué lectura contemporánea estáis construyendo?
Belenish: La primera vez que leí la novela, casi de una sentada, vi muy claramente un texto operístico. La escritura de Gómez Arcos es excelente, y de una crueldad y un dramatismo que le van mucho al género. Estamos pensando cómo un tema tan complejo —y que estamos revisitando a nivel transgeneracional— se vive por nuestra parte, que ni siquiera hemos presenciado el franquismo. Con Brigitte Vasallo, que es la coautora del libreto, tratamos de pensar qué motivaciones nos acercan al libro, incluida la figura de Gómez Arcos, que es un caso muy paradigmático. Tuvo que salir fuera y encontrarse con otra realidad para desarrollar su actividad, como les pasa a muchos artistas. Nosotros somos prueba de ello. Lo decimos no sin pesar porque vivir en Viena es maravilloso, lo disfrutamos, pero, al mismo tiempo nuestra música, nuestro arte, habla mucho de España; somos muy conscientes de que el territorio tiene un gran peso en nuestra obra. Hay parte de nuestro trabajo que se desconoce por parte del público español y por eso volver a Gómez Arcos; constatar cómo veía España desde fuera, nos remite a nosotros mismos.
Óscar: También tenemos la misión de contribuir a la recuperación de un autor de esta relevancia, que está renaciendo con una fuerza inmensa. Será la primera vez que se haga una ópera sobre su obra en nuestro país. Para la salud democrática y la justicia con un autor de tamaña dimensión este proyecto es importante, y es un honor llevarlo a cabo. Esperamos que se pueda estrenar en España.
Habéis terminado recientemente The Relics Oratorio, una obra situada en una subasta de reliquias. ¿Qué os interesa de cómo la sociedad se relaciona con lo sagrado?
Belenish: Necesitamos nuevos símbolos y nuevas maneras de acercarnos a la realidad. La era digital parecía que nos había superado y caminábamos hacia un lugar en el que cada vez íbamos a ser más fríos, dentro del metaverso. Pero, sin embargo, todo lo que tiene que ver con lo sagrado —en nuestro momento, que no tiene por qué coincidir con lo sagrado en otras épocas— va a volver, como todo, porque es necesario que vuelva con el caldo de cultivo cultural que hay ahora mismo. Esas reliquias suponen para nosotros el valor que pone el mercado a cosas que a veces no se pueden o deben vender. Este escenario inicial tan variopinto nos permite hablar de un montón de temas, porque cada objeto que se vende en el oratorio nos lleva a tratar un tema de actualidad: un humedal en el sur de Europa, una tonelada del Desierto de Atacama, etc., temas que nos importan.
Óscar: La propia estructura del oratorio también es una reliquia.
¿Cómo encontráis el equilibrio entre potencia crítica y recepción institucional para que la obra pueda circular? ¿Ha habido autocensura?
Óscar: No, porque sabemos que el público interesado en la música contemporánea está deseoso de encontrar paralelismos con aquello que le preocupa. Nos dirigimos a un público que ama la tradición, pero busca que se reinterprete y le siga apelando. La autocensura para nosotros es simple: las dificultades que encontramos para ser programados, sobre todo en España, tienen que ver más con la tecnología. Es una cuestión de encontrar programadores que apuesten por un papel activo en las discusiones sociales más relevantes.
ÀDYTON, vuestra instalación de realidad virtual estrenada en 2023 y ahora presentada en el memorial de la Guerra Fría, convierte al espectador en frontera y cuestiona la idea misma de Europa. ¿Qué buscabais explorar con este dispositivo?
Óscar: ÀDYTON es la continuación de una reflexión que iniciamos en Subnormal Europe, un encargo de la bienal de Múnich que estrenamos en 2020 y que plantea la génesis de la identidad europea. En Subnormal Europe se hace mediante un recorrido por la documentación audiovisual y en ÀDYTON se remonta al propio inicio mitológico de Europa. El espectador con el uso de las gafas de realidad virtual entra en un ádyton donde se halla inmerso en una reinterpretación de ese mito y adopta el rol de extranjero. Fue una instalación pensada para un espacio en Barcelona, pero ahora se visualizará de manera masiva en quince puntos de Austria, teniendo como eje central una de las fronteras con el antiguo telón de acero.
En BIO, junto al pianista Juan Floristán, buceáis en su trayectoria a través de vídeo, audio y acción. ¿Cómo fue el proceso de convertir una biografía en un concierto performativo?
Óscar: Trabajar con Juan es un placer porque es un intérprete integral, una persona muy curiosa y se ha formado como actor de teatro. Desde el primer momento vimos que la pieza le encajaba perfectamente. Se había estrenado en Alemania con textos en inglés previamente. La personalización de BIO requiere un proceso complejo, con entrevistas, material de archivo familiar, y una parte del texto que hay que reelaborar. La obra impone una manera de contar la biografía, pero el intérprete tiene margen para reelaborar su propio curriculum. Como espectadores no sabemos si todo lo que se dice en BIO es verdad, hacemos un ejercicio crítico con el rol del curriculum vitae en la carrera de los músicos. La idea es hacer una reflexión crítica sobre las fake news y la posverdad.
Acabáis de estrenar Homenaje a María Zambrano, una obra concebida para la sintonía de Concierto Desorden que dialoga con esta filósofa, pero también con voces locales. ¿Cómo encontrasteis ese equilibrio entre lo íntimo, lo popular y lo universal?
Belenish: Para mí es muy importante nuestra propia identidad y creo que se siente en nuestra música. Cuando se nos propuso componer esta sintonía para el pódcast decidimos que, aunque era algo pequeño de duración, tenía que tener mucha enjundia. Llevo un tiempo obsesionada con María Zambrano, una autora poco leída en nuestro territorio. Esto se debe a que su filosofía es en parte poesía, y esto la complejiza muchísimo. Pero, sin embargo, todas las personas interesadas en la filosofía hemos leído a otros pensadores muy complejos. Considero que esta diferencia es una cuestión tanto de género como de lugar de procedencia. Encontramos un aforismo de María Zambrano —’sabido es que lo que más difícil no es ascender, sino descender’— que resume muy bien su pensamiento y es una buena forma de entrar a un pódcast en el que se habla con grandes personalidades, en el que el curriculum está presente. Enseguida se nos ocurrió ponerlo en la voz de Rosa la del delantal quien, más allá de encarnar una realidad muy concreta, se ha vuelto un símbolo para muchas señoras que nunca han tenido voz, aunque son sabias. Se dio la simbiosis perfecta que necesitábamos.
Si pensáis en el futuro, en la obra que aún no habéis escrito, ¿qué forma creéis que tendrá la música que necesitaréis hacer en los próximos años?
Belenish: Como intentamos basarnos en el presente me cuesta pensar a futuro. Eso sí, me gustaría que dentro de cinco años lo que hacemos no sea visto como algo bizarro, sino que haya algunos circuitos en nuestro país donde se nos permita seguir explorando. Me gustaría también que la idea de música se haga un poco más plural y generemos sinergias, porque eso significará que nosotros podemos seguir creando.
Óscar: Necesitamos gente que nos rete porque nos estimula. Estamos viendo que las nuevas generaciones de intérpretes quieren vivir de forma intensa la nueva creación y tomar decisiones. Aquellos proyectos que nos llenan de electricidad surgen de estos retos.










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