Es sabido que Haydn fue un católico convencido, con una profusa fe que no dudo en manifestar a través de la composición a lo largo de toda su vida, sirva tan solo de ejemplo su oratorio La Creación que narra el génesis, deslumbrado por El Mesias de Händel.
Por José Manuel Gil de Gálvez
Si hay una obra majestuosa del insigne compositor sobre esta temática son Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz. El maestro consiguió darle forma de adagios a las conocidas siete últimas frases de Jesús de Nazaret, añadiéndole la introducción y el terremoto final. Tras su audición, el papa Benedicto XVI describió el trabajo como ‘un ejemplo de la más alta sublimidad en la música, que muestra como el arte y la fe pueden ser interconectados’.
Desde mi visión, puedo corroborar que, si hay alguna pieza fúnebre o alguna otra que relate este episodio bíblico, ninguna se acerca a la de Haydn en su expresión compositiva. Solo basta deleitarse en el adagio ‘Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso’, para detectar lo que estoy contando, y que me perdone incluso Mozart y su Réquiem, pero esta pieza es probablemente la obra más elevada del género a la vez que obra maestra de Haydn. Armónicamente su discurso y progresiones ya son muy atrevidas si se comparan con otras piezas contemporáneas y con su mismo catálogo.
Además, hacer un discurso formal basado en siete adagios unos de tras de otro, no lo hace cualquiera, y Haydn te sostiene con el corazón en un puño sin que le quites la atención a pesar de dicha dificultad. A este respecto nos dejó escrito el compositor: ‘no fue tarea fácil componer siete adagios de diez minutos cada uno, y que se sucedieran uno a otro sin fatigar a los oyentes’. Estamos ante una pieza trascendental de la historia de la música universal, fundamental desde el punto de vista fenomenológico y conmovedora desde el punto de vista espiritual. No pudo estar más acertado en la forma de poner música a la Pasión de Cristo, fruto de la importancia que los creyentes le ponemos a la muerte de Dios en la tierra. Extraordinario relato musical, es de esas obras que uno se siente afortunado de existir para poder tocarla o dirigirla. Justamente después de interpretarla varias veces con Concerto Málaga, este verano tendremos el honor de poder grabarla con la batuta de Jordi Mora, altamente conocedor de la profundidad de la pieza.
Esta pieza tiene una bella historia detrás que sitúa a Cádiz en epicentro de este relato singular. La obra, fue encargada por el sacerdote José Saénz de Santamaría, marqués de Valde-Iñigo, para la Hermandad de la Santa Cueva de Cádiz, vinculada a la Cofradía de la Madre Antigua. Esta organización, estaba compuesta por un grupo de jóvenes que se reunían para meditar sobre la Pasión de Cristo, inicialmente en la aneja Parroquia del Rosario y posteriormente, tras el descubrimiento en 1756 de un subterráneo, en el interior de la ‘cueva’, donde se organizaban los oficios. De ahí el nombre.
El espacio está situado en el casco antiguo de Cádiz, en la calle Rosario casi esquina con Columela. Un edificio con una fachada de planta civil que nada hace sospechar lo que hay. La construcción alberga dos espacios superpuestos de altísima riqueza histórica y cultural. La estancia superior en primera planta, de riquísima arquitectura, tiene tres lienzos de Goya, entre los que se incluye el de la Santa Cena. Esta capilla alta es icono del neoclasicismo de temática religiosa en Andalucía. Como hemos dicho, posee otra estancia en la parte de abajo, con aspecto austero y sobrio, con un calvario de madera policromada de Vaccaro y Gandulfo, donde se celebraban los oficios de Semana Santa. Fue precisamente para este espacio el encargo de la pieza. Un encargo inicialmente pensado para Boccherini, por sugerencia del violonchelista Carlo Moro que ejercía en Cadiz y poseía el Stradivarius ‘Piatti’. Sin embargo, el marqués, promotor del Oratorio de la Santa Cueva, decidió encomendárselo a Haydn. Para ello, contactó con Francisco de Paula y Micón, el Marqués de Méritos, el cual hizo efectivo el encargo. A la postre, la relación de Haydn con España fue profusa por medio de los encargos de la Condesa-duquesa de Benavente o de José Álvarez de Toledo, duque de Alba.
Muchos se preguntarán cómo Cádiz pergeñó algo así, pues porque la ciudad en este momento del siglo XVIII era una de las metrópolis más importantes de España, poseía la exclusiva de la Casa de Contratación que hacía los viajes a América y el flujo de personas era enorme. En este momento la ciudad tenía cuatro teatros activos, cada cual con su orquesta, una capilla catedralicia de primer orden o un movimiento de instrumentos de primera línea.
Al estreno acudieron los mejores músicos de la ciudad. Un Viernes Santo por la mañana, a cuenta de los ejercicios espirituales de ‘la devoción de las tres horas’, en las que se leían las últimas palabras de Cristo durante los tormentos que padeció en la cruz, práctica original de las misiones jesuitas del Perú, en las que intercalaban música entre cada una de las palabras.
¿Saben cómo se efectuó el pago del encargo a Haydn? Se le hizo mandar un pastel, el compositor empezó a partirlo con disgusto, para su sorpresa, éste estaba relleno de monedas de oro. Un oro heredado por Saénz de Santamaria de sus padres riojanos, procedente de América.
Diferentes versiones
Tras la primera representación en 1786 en Cádiz, se corrió la voz en toda Europa de la extraordinaria composición de Haydn sobre la Pasión. La primera impresión del trabajo mostraba el texto insertado debajo de los motivos musicales relevantes en la primera parte de violín.
Obviamente es la más completa de todas, por su discurso unitario y coherencia, la versión sinfónica, aunque sea la versión más extendida la de cuarteto de cuerda. La versión camerística es una extrapolación exacta de la parte de la cuerda de la versión sinfónica, que deja innumerables huecos en el discurso musical, un paradigma difícil de entender. ¿Cómo un compositor de este calibre la dejo así?
Posteriormente, estando el compositor en Passau, a la vuelta de su segundo viaje a Londres, escuchó una versión revisada de la pieza que añadía coro, realizada por el Maestro de capilla Joseph Friebert. Haydn quedó absorto con la versión y decidió mejorarla con la asistencia del barón Gottfried van Swieten, el cual revisó la letra utilizada por Friebert. Por último, ya en 1801, el compositor realizó la versión de piano para Breitkopf & Härtel.
Lo que llama la atención es posiblemente lo versátil de la pieza, pues se muestra en la versión de cuarteto a modo de stabat mater, que reclama una voz, cual Pergolesi. El oratorio sinfónico con coro rememora la sonoridad del réquiem, cual Mozart, pero más introspectivo y menos heroico. El ‘Terremoto’ a toda orquesta pareciera Beethoven…




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