
El barítono Carlos Álvarez continúa sorprendiendo con su exploración de repertorios de nueva creación o poco difundidos. Este mes, protagonizará en el Metropolitan Opera House (MET) de Nueva York la ópera El último sueño de Frida y Diego, que en España podrá disfrutarse en las pantallas de Cine Yelmo. Además, se encuentra también sumergido en la 2.ª edición del Ópera Estudio Málaga, que este año propone la representación de Don Procopio de Bizet.
Por Manuel Pacheco
Este mes de mayo subirás al escenario del Metropolitan Opera House (MET) de Nueva York para ponerte en la piel de Diego Rivera en la ópera El último sueño de Frida y Diego de Gabriela Lena Frank. ¿Qué puedes contarnos sobre esta partitura, que ha sido descrita como ‘imaginativa’ y ‘llena de color’?
Cuando recibí la oferta para interpretar esta ópera, lo que me atrajo fue fundamentalmente su aproximación casi ‘tradicional’ al uso de la voz como protagonista —y no como un elemento orquestal más, muy propio de las composiciones operísticas contemporáneas—. Es una partitura con una tímbrica, ritmo y dinámicas cercanas al folclore, y cuenta con leitmotivs y números cerrados que cuentan una historia de manera lineal. Es una gran ópera, con un tratamiento delicado en la adecuación de texto y música.
Se trata de una obra con un reparto muy limitado, y en la que los personajes de Frida y Diego asumen todo el peso como unos modernos Euridice y Orfeo. ¿Cuáles han sido los retos a la hora de preparar este rol?
Aunque el texto describe cómo fue la verdadera relación entre ambos artistas, el personaje de Diego Rivera está presentado desde un punto de vista no realista. En el devenir del drama órfico, Diego es fuerte y vulnerable a la vez, cercano al momento final de su vida y, de alguna manera, arrepentido.
Todos los matices, todas las posibilidades han de estar abiertas en la interpretación de este personaje que, aun siendo un reconocidísimo muralista y un intelectual políticamente comprometido, creó conflicto en sus relaciones de pareja. La vocalidad de la partitura me ha permitido encontrar todos estos matices.
¿De qué manera dialoga la producción de Deborah Colker con el universo creativo de estos dos pintores?
Una coreógrafa como Deborah Colker no podía sino hacer del movimiento el hilo conductor de esta producción, que refleja estéticamente la producción pictórica de ambos personajes. Danza, descripción cinética de las acciones y emociones de los personajes se dan cita en esta producción, todo dentro del ambiente onírico y social característicos de Frida y Diego y que está remarcado en la partitura de Frank.
Tu debut en el MET se produjo precisamente hace 30 años con el rol de Germont en La traviata. ¿Cuál es tu relación con este escenario y cómo abordas este regreso?
Recibir la llamada de Peter Gelb para que me uniera a esta nueva producción de una ópera en español supone el reconocimiento de una trayectoria que, en lo profesional, sólo me había permitido abordar repertorio verdiano (La traviata, Luisa Miller, Un ballo in maschera, Il trovatore, Rigoletto…). Ahora, sin embargo, esta oportunidad me presenta como un cantante maduro —cumpliré 60 años el próximo agosto—, con la capacidad de matizar personajes que son poliédricos tanto en lo dramático como en lo vocal. Estoy muy agradecido por la invitación.
¿Consideras que hay algún tipo de reivindicación política por parte de esta institución en el hecho de programar una ópera con texto en castellano y protagonizada por dos figuras centrales del arte mexicano?
Creo que cuando el MET programó esta ópera —es pertinente recordar que se estrenó en la costa oeste estadounidense hace sólo tres años— aún no era tan evidente la peliaguda y controvertida situación de lo hispano en el país. En cualquier caso, y de manera sobrevenida, se ha convertido en una reivindicación propia de esta institución en lo que respecta al repertorio en español. Se sienten orgullosos, por ejemplo, de haber sido los primeros en oír en 1916 Goyescas de Granados. La temporada anterior ya programaron Ainadamar de Osvaldo Golijov, con dirección de escena también a cargo de Deborah Colker.
Gracias a la temporada del MET en Cine Yelmo, el público español podrá disfrutar de El último sueño de Frida y Diego proyectada en directo en las salas de cine. ¿Qué opinión te merece este tipo de programaciones que facilitan el acceso y la difusión de la lírica?
Ciertamente son una manera de acceder al repertorio que se hace en otros teatros del mundo. Pero insisto en recomendar al público que continúe experimentando la vivencia de la función en el teatro, de modo que sea capaz de reconocer la ‘verdad’ acústica y la vibración extrema de la música en directo. En cuanto a la difusión de la lírica, sigo opinando que el aumento de la oferta lírica en nuestro país hará que su difusión sea efectiva, al tiempo que permitirá la creación de un público conocedor y aficionado.
De manera reciente, has asistido en tu Málaga natal a las audiciones para la 2.ª edición del proyecto Ópera Estudio de Málaga, que este año tiene como objetivo la representación de Don Procopio de Bizet. ¿Qué aprendizaje o experiencias extraídas de la primera edición volcaréis en este nuevo montaje?
La consecuencia más apreciada de nuestro proyecto, aparte de permitir el contacto directo de nuestros jóvenes artistas con la exigencia y los procedimientos de la realidad profesional, es que Ópera Estudio Málaga facilita un desarrollo posterior de sus carreras con las posibles réplicas que se produzcan por la reposición/coproducción de nuestras apuestas líricas.
Este año repetiremos todos los parámetros de la edición anterior, pero también volcaremos nuestro esfuerzo en la búsqueda de apoyo institucional orientada a facilitar la distribución de nuestro espectáculo.

Salvando las distancias, el trabajo en una ópera de reciente creación como El último sueño… es similar al que realizasteis el año pasado con el estreno mundial de El gitano por amor o con una ópera tan poco representada como Don Procopio. ¿Te resulta estimulante enfrentarte a esta especie de ‘lienzos en blanco’ líricos?
Elegir repertorio ‘alternativo’ permite a nuestros jóvenes artistas estar tranquilos ante la inevitable comparación con las tradiciones establecidas. En cuanto a nosotros, nos abre la puerta al rescate de obras que, aunque menos conocidas, tienen un alto nivel de exigencia interpretativa.
Además, el hecho de reunir a grandes y experimentados profesionales para que sean los responsables de transmitir este conocimiento empírico tranquiliza nuestra expectativa pedagógica. También estamos creando espectáculos atractivos que formarán parte, aunque no de forma exclusiva, de la Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga.
Considerando tu dilatada trayectoria, llena de éxitos pero también de adversidades y elecciones, ¿cuál sería, en pocas palabras, la filosofía que te guía a la hora de formar a los jóvenes talentos de este Ópera Estudio?
Mi objetivo fundamental, independientemente de cuál sea el porvenir profesional de estos jóvenes artistas, es semejante a lo que sucedió conmigo y con las compañeras y los compañeros de mi generación: darles la oportunidad de que conviertan los escenarios en sus espacios de crecimiento artístico. Es la única manera de que el hueco ‘estrepitoso’ que aparece entre la formación teórica y la realidad profesional pueda desaparecer paulatinamente. Si además terminan el proceso con una visión más profesional de este trabajo, mucho mejor.
Hace apenas unos meses debutaste como Michonet en Adriana Lecouvreur para la temporada de ABAO Bilbao Opera, ahora te sumerges en el rol de Diego Rivera… ¿Hay algún nuevo reto para Carlos Álvarez en el horizonte cercano?
Como intérprete es un privilegio que los teatros y festivales sigan teniéndome presente para sus repartos, y sí, ciertamente continuaré experimentando el placer de incorporar nuevos personajes, aunque por discreción no los puedo adelantar.
Sin embargo, la parte social de mi trabajo —en el Sindicato de Artistas Líricos de España, la Academia de las Artes Escénicas de España, u otras asociaciones culturales y sociales que actúan de manera crítica ante algunos problemas sobre los que aún hay que depositar una mirada y acción solidaria— cada vez adquiere más peso específico. Se convierten en un activismo absolutamente necesario en los momentos que vivimos.









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