El Auditorio Nacional de Música acogerá los días 7, 8 y 9 de noviembre el estreno absoluto de Se sueña que se está soñando, una obra de Carme Fernández Vidal encargada por la Orquesta y Coro Nacionales de España. Hablamos con la compositora sobre el proceso de escritura de esta obra y de otros destacados proyectos en fechas cercanas.
Por Manuel Pacheco
Se sueña que se está soñando es el título del estreno absoluto que podrá escucharse en noviembre en el Auditorio Nacional de Música. ¿De dónde proviene la cita, y qué significado comporta?
Se trata del inicio de una frase de Eugenio Trías que aparece hacia el final de su libro La imaginación sonora. La frase completa es: ‘Se sueña que se está soñando, y ese soñar soñar es, quizá, lo que llamamos ser, vivir, existir’. Aparece después de una reflexión en la que se encuentran algunas de las constantes de su literatura, entre ellas la memoria de la música y su comprensión como gnosis sensorial. Dice Trías que ‘la música es la catarsis onírica del movimiento y del tiempo’.
¿Cómo se traslada este concepto de partida a la partitura?
Todo concepto o estímulo extramusical, en este y en cualquier otro caso, más que trasladarse a una partitura como si de una traducción se tratara, sirve únicamente de motor de arranque a la hora de escribir música. Buscar vínculos en la música resultante no es algo necesaria para el oyente, y aunque este podrá dejarse sugestionar por el título de la obra o por lo que haya leído sobre ella (como esta entrevista, por ejemplo), sus argumentos se construirán en última medida por el imaginario propuesto por la música que va a escuchar. Todas y cada una de las personas que asistamos al concierto compartiremos la misma música, pero con experiencias individuales. Cada una de estas experiencias es única e inexplicable con palabras: este es el misterio y el prodigio de la música.
Sobre tu música orquestal, se ha señalado que trabaja con timbres brillantes, una escritura detallista y una cuidadosa orquestación. Con Se sueña… ¿continúas en esta línea o tratas de explorar algún terreno nuevo?
Cada obra que escribo parte de un camino de exploración propio. A través del trabajo que voy realizando diariamente se van abriendo nuevas vías, y este camino personal continúa avanzando. Por tanto, cada obra es siempre un terreno de exploración. Siempre es nuevo, pero nunca lo es del todo, puesto que ello supondría una personalidad múltiple o la falta de ella. Es cierto, como bien apuntas, que entiendo el oficio de componer como el de un orfebre perfeccionista, y trato de dedicar las horas que sean necesarias para que cada detalle se ajuste de la manera más precisa posible a la idea original.
¿Has podido mantener alguna conversación sobre la partitura con la directora de este concierto, la neozelandesa Gemma New?
Todavía no, supongo que será en la semana de ensayos. Es algo que espero con ilusión, porque siempre se aprende al trabajar junto a buenos músicos. Al fin y al cabo, este es el objetivo principal: alimentar ese proceso vital de aprendizaje permanente.
Tu obra comparte programa con algunos ‘grandes éxitos’ del catálogo orquestal, como la Rhapsody in Blue de Gershwin o el Capricho español de Rimski-Kórsakov. ¿Qué orientaciones o sugerencias podrías hacer al público de este tipo de repertorio a la hora de enfrentarse a una obra de nueva creación (y, en particular, a Se sueña…)?
Es un ejemplo de programación inteligente: una obra de nueva creación junto a obras de repertorio tan conocidas por el público melómano. Al oyente que asista a un estreno como este puedo decirle que escribo música para comunicarme y conectar con él. Edifico un mundo que ciertamente es solo mío, aunque al compartirlo con un público que esté activo y dispuesto a aceptar el desafío sensorial, emocional e intelectual, le estoy invitando a crear su propio mundo —único, intransferible e inenarrable— a partir de mi música.
A este encargo de la Orquesta Nacional de España se suman nuevos estrenos previstos para los próximos meses. En noviembre podrá escucharse Nintai, un encargo del Centro Nacional de Difusión Musical para el Festival de Música Española de Cádiz. ¿Cómo se ha gestado este proyecto y qué planteamiento has realizado para la obra?
Es una pieza de unos cinco minutos de duración escrita para quinteto de metales que estrenará Spanish Brass el 15 de noviembre, apenas una semana después del estreno de Se sueña…. Su título, Nintai, alude a un concepto japonés que tiene que ver con la resiliencia. Ha sido una buena ocasión para continuar algunos estudios sobre los instrumentos que habitualmente conforman la sección sinfónica del metal, que por sí mismos constituyen un mundo infinito para explorar.
Además, en diciembre presentas Tanto vay Santa María en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid. ¿De qué manera trasladas tus intereses sonoros a esta partitura para piano solo?
Además del timbre trabajo exhaustivamente las diversas dimensiones musicales. Los factores armónico y textural, por ejemplo, tienen un peso muy contundente en mi producción compositiva; y qué decir de la arquitectura, que genera también una reflexión constante, hasta la obsesión. Aunque la idea musical es el eje vertebrador de todo trabajo compositivo, siempre tengo presente la formación instrumental para la que escribo. Y el piano es el medio con el que crecí y me formé en la música desde la infancia y durante muchos años. Tuve la fortuna de estudiar con uno de los grandes pianistas españoles, Ramon Coll. Cuando veía mi interés por la composición, y para tratar de que no dejara el piano, solía recordarme que se nota cuando la música para piano está escrita por un pianista.
Considerando tu importante labor docente, sobre todo en el ámbito de la música de los siglos XX y XXI, ¿qué trabajo dirías que hay pendiente en lo que respecta a la difusión de la nueva creación y su diálogo con el público? ¿Existe una ‘responsabilidad’ por parte del creador, o consideras que es más importante la apertura de nuevos caminos sonoros?
Compartir con el alumno la cruda realidad de la creación musical no es tarea fácil, aunque tampoco lo son el resto de tareas de la enseñanza. Como ocurre con el resto de las artes, la música va perdiendo progresivamente el terreno que siempre había ocupado para convertirse en un instrumento de mercado. En una sociedad que ha invertido los valores, que propicia la inmediatez, la cantidad y la rentabilidad frente a la perseverancia, la calidad y el esmero, los jóvenes estudiantes de composición deben saber que se embarcan en una aventura desafiante que se opone a la realidad de la sociedad en la que les ha tocado vivir, cada vez más displicente hacia el pensamiento crítico y creativo.
La responsabilidad que apuntas compete al compositor, como creador de música nueva, y de igual manera al intérprete o al programador, como agentes imprescindibles en el proceso que lleva a que una nueva partitura cobre vida y llegue a los oídos del receptor. El tan debatido divorcio con el público que se inició con las vanguardias hace más de un siglo no tiene una solución real a través de una recuperación de modelos que satisfagan la memoria más elemental del oyente. Y si la complacencia no va a ser la solución, tampoco lo es el laboratorio sonoro permanente.
He aquí la dificultad y la importancia de la educación: las motivaciones de un creador no deberían ser ni la rentabilidad, ni las fórmulas de acercamiento al público, ni su provocación o asombro mediante la novedad. La búsqueda de una voz propia se erige sobre un fundamento ético que, guiado por la comunicabilidad, permita una propuesta informada de los procesos que gobiernan la percepción musical y que logre conectar emocional, sensorial e intelectualmente con el auditor. Este último, entendido como un oyente dispuesto a una experiencia más allá del puro goce del entretenimiento.










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