El violinista David Martínez González, reciente ganador de Intercentros Melómano en la categoría Superior, compagina la participación en diversos certámenes con su formación en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. En esta entrevista nos habla sobre cuestiones como la preparación, la presión y cómo afronta la gira de conciertos y la grabación que ha obtenido como premio del certamen.
Por Manuel Pacheco
¿De dónde proviene tu interés por estudiar música y, más concretamente, el violín?
Mis padres son músicos los dos, y me introdujeron en este mundo desde muy pequeño. Hay vídeos en los que salgo con dos o tres años viendo conciertos en la tele o jugando con un violín de juguete. No hubo una decisión como tal por el instrumento, quizá me lo dejaron en algún momento y vieron que me gustaba. Comencé a estudiar con mis padres, sobre todo con mi madre, que es violinista, y desde entonces nunca me he planteado dejar de hacerlo.
Desde el año 2020 hasta ahora has participado en numerosos concursos. ¿Cuál es tu proceso de preparación, y cómo trabajas el tema de la presión?
La verdad es que suelo disfrutar en los concursos, son una oportunidad para tocar delante de gente —aunque sea delante de un jurado, que es una presión distinta pero tampoco mucho— y son un aliciente para el estudio. Me los preparo en el día a día. Últimamente estoy enlazando muchos concursos o pruebas de acceso y me he acostumbrado a que vaya una cosa detrás de otra, no me lo tomo como nada especial.
¿Sigues algún método de estudio específico a la hora de prepararte estas actuaciones?
Para preparar una obra que me van a evaluar me gusta trabajarla a fondo, estudiar con calma cada pasaje. Cuando empieza a sonar a algo que me gusta, también trato de grabarme y contrastarlo con las versiones de otra gente para buscar inspiración. E intento buscar lo que me sugiere la escritura de la partitura, esto es algo más complicado y nuevo para mí, pero forma parte de la exigencia.
En 2023 recibiste el Segundo Premio en la categoría Profesional de Intercentros Melómano, y ahora has ganado el Primer Premio de la categoría Superior. ¿Qué diferencias encuentras entre aquella primera intervención y esta?
He aprendido que la elección del repertorio es importante, y más en un concurso como este, que es todo libre y te enfrentas a todo tipo de instrumentos. Pero creo que la mayor diferencia es que ahora toco con más confianza, me lo creo todo más que antes. He seguido estudiando y tratando de hacer las cosas lo mejor posible, y ha dado sus frutos. Tampoco estudio igual que hace tres años, no estaba en Madrid ni tenía los mismos profesores. En general, ha sido todo un desarrollo natural, no he cambiado nada demasiado.
Entre otros premios, Intercentros Melómano otorga una gira de conciertos a sus ganadores. ¿Qué repertorio te gustaría llevar para estos compromisos?
Para lo primero que me han contactado es para recitales con piano. Hay obras que querría tocar como la Fantasía concertante sobre temas de Porgy and Bess de Igor Frolov, que tiene un estilo jazzístico que me gusta, o los Cuatro souvenirs de Paul Schoenfeld. Es verdad que, al estar ahora mismo estudiando con un profesor y tener un programa u otros compromisos, tengo que adaptarme un poco e ir buscando acoplar las cosas. Hay muchas cosas que me gustaría tocar, pero quizá lo que termina de decidir el repertorio es el contexto, atender a todo lo que tengo que hacer.
¿Tienes interés en explorar con tu instrumento otras músicas más allá de la clásica?
Salir del repertorio clásico con el violín no me llama, la verdad. Aunque a la hora de escuchar música, últimamente apenas escucho clásica, aparte de para refrescar algo que estoy tocando. Me gusta la música para piano, y en otros estilos no tengo mucha variedad, encuentro canciones que me gustan mucho y las quemo: música brasileña, jazz, pop español…
Además, y por primera vez este año, ARIA classics ha colaborado con el certamen para concederte como premio adicional la grabación de un disco. ¿Cómo afrontas el que será tu primer proyecto discográfico?
Aún tengo que concretar bien con el sello cuáles serán las condiciones, el formato o el tiempo, pero me gustaría que el trabajo que haga, que va a quedar ahí y va a ser algo precioso para mí, pueda verlo con el paso de los años y que siga estando orgulloso. Quiero grabar algo de lo que esté seguro, que sepa que va a tener el nivel y que me guste sobre todo a mí, aunque también a la gente que lo pueda escuchar.
¿De qué manera está contribuyendo a tu desarrollo como violinista el trabajo en la Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRS), donde te formas desde 2024 en la cátedra de Christoph Poppen?
La dinámica con los profesores influye mucho, son nuevas maneras de trabajar. Christoph, mi catedrático, viene una vez al mes a Madrid e imparte cuatro clases, y tienes que llevar mucho repertorio bien preparado. Te lo tomas un poco como mini exámenes o recitales, porque al final en el tiempo que tienes para que te escuche te puede dar pinceladas. Ahora leo más repertorio que antes, toco más cosas distintas a la vez.
También hay cambios técnicos: me he quitado la almohadilla, tengo un arco nuevo, tengo más tiempo para estudiar… Y luego está la parte humana: estoy en Madrid viviendo solo y tengo que organizarme, y esto también se refleja en mi manera de ser y a la hora de tocar.
En la ESMRS intervienes en numerosos proyectos, como la Orquesta Freixenet o el Cuarteto Óscar Esplá, y has podido viajar a Nueva York con la Orquesta de la Escuela para ofrecer un concierto en el Carnegie Hall. ¿Cómo compaginas esta actividad con tus inquietudes personales?
Es una cuestión interesante. Las dinámicas con el cuarteto y las orquestas son distintas, porque las orquestas funcionan por encuentros intensivos en los que se paran todas las clases teóricas, y el cuarteto es como una asignatura y tú te tienes que encargar de ensayar. Me gusta la música de cámara, disfruto sobre todo los conciertos, aunque la preparación se pueda hacer más o menos pesada, pero quizá ahora mismo no tiene una prioridad muy grande en mi vida, aunque siga dando el cien por cien.
En cuanto al viaje a Nueva York que hicimos con la orquesta, fue una experiencia súper bonita, pero es verdad que estas dinámicas chocan con los intereses que pueda tener, como el propio Intercentros Melómano. Me tuvo un poco preocupado porque el viaje y los ensayos ocupaban mucho tiempo y era todo un mes antes del concurso, no podía estudiar mucho. Aunque es verdad que allí me lo pasé genial. Lo más divertido con la orquesta es el momento del concierto, porque no estás pensando si tienes que hacer esto o aquello, sino que lo estás disfrutando.
¿Dirías entonces que ahora mismo le das más prioridad a tu carrera individual que a desarrollar proyectos de cámara o con orquesta?
Ahora mismo organizarme y saber darles prioridad a las cosas es muy importante; sobre todo viviendo solo, supongo que le pasa a todo el mundo. Siento que lo que está arriba en cuanto a estudio y obligación es el trabajo individual. La orquesta es una cosa muy bonita, pero a veces puedes verlo como algo impuesto.
Considerando toda esta actividad, ¿tienes alguna ocupación paralela o algún hobby que te permita desconectar de tus ocupaciones musicales?
Antes de venirme a vivir a Madrid jugaba mucho al fútbol, estaba en un equipo, pero cuando llegué aquí eso se acabó. Alguna vez hemos ido los compañeros de la Escuela a jugar, pero no estamos federados y no hay obligaciones. La verdad es que en la propia Escuela tengo la suerte de tener buenos amigos con los que puedo desconectar entre estudios. Hay muchas cosas que me gustan o que querría hacer, pero a veces por falta de organización es complicado.
¿Qué tipo de proyectos, como posibles colaboraciones o nuevos repertorios, te gustaría explorar en un futuro?
En cuanto a las colaboraciones, a veces he hablado con amigos para tocar con ellos en la Escuela. Si el año que viene tengo que elegir grupo de cámara o hacer algo paralelo, me apetece que sea con la gente con la que me llevo bien. En cuanto al repertorio, la verdad es que me da un poco igual, me gusta casi todo. Obviamente hay conciertos que me gustan más que otros, me gustaría tocar, por ejemplo, el Concierto para violín de Brahms con orquesta o algo así. Pero lo que más se me pasa por la cabeza son objetivos a corto plazo como los concursos, que ahora es lo que me gusta. Me preparo para presentarme a donde sea y trato de hacerlo lo mejor posible, y una vez ahí, si me cogen o no, si paso a la final o lo que sea, ya miro más adelante.
El periodo en la Escuela se acabará en algún momento y me gustaría seguir estudiando durante bastante tiempo. Seguramente tenga que salir de España, si puedo y van bien las cosas, entonces debería organizarme y ponerme en serio con los idiomas: mejorar mi nivel de inglés o aprender alemán.










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