Los hermanos Víctor y Luis del Valle llevan más de veinte años desarrollando una trayectoria común sobre los escenarios, con una compenetración personal que se traslada a su dinámica de trabajo y a sus intereses artísticos. Además de giras y publicaciones discográficas, durante este nuevo curso abordarán proyectos que reforzarán los vínculos con su Málaga natal o la Escuela Superior de Música Reina Sofía, donde se formaron.
Por Manuel Pacheco
En 2005 recibisteis algunos de los primeros e importantes reconocimientos de vuestra carrera. Veinte años más tarde, ¿qué balance hacéis de vuestra trayectoria en términos de proyectos cumplidos o retos pendientes?
Víctor: Nunca hemos tenido la ambición de hacer una carrera profesional como concertistas, todo ha ido fluyendo de manera natural. Todos los proyectos nos hacen ilusión, estamos contentos de poder dedicarnos a nuestra pasión. Ese es el verdadero sueño cumplido.
Luis: Es algo que no nos planteamos, si echamos la vista atrás hay una sensación de haber hecho muchas cosas, hemos tocado en sitios diversos y con artistas y grupos fantásticos. Estamos agradecidos de que la vida nos haya llevado por este camino. Nos dedicamos al piano porque nos enganchamos desde pequeños. Víctor, que es mayor que yo, parece que mostró talento para la percusión desde que tenía un año y medio. Luego, a los diez, empezó con el piano, y yo fui detrás.
Víctor: Fue piano, pero podía haber sido cualquier otra cosa.
Luis: No veníamos de una familia de músicos, no teníamos ni idea de nada ni soñábamos con nada concreto. Nuestra trayectoria fue cuajando después de nuestro paso por la Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRS), fue el paraguas bajo el que empezamos a tocar y a participar en concursos. En los últimos años hemos tenido menos apariciones, porque ahora somos padres los dos, pero hemos tenido oportunidad de tocar en buenos ciclos y buenas salas. De nuevo, es algo que ha llegado de manera natural. Sentimos el cariño de la profesión, de los compañeros y programadores.
Con el paso de los años, ¿de qué manera se han ido diferenciando o convergiendo vuestras carreras individuales?
Víctor: Creo que, aunque siempre hay intereses particulares, muchas veces llegamos al mismo punto. Tenemos muy buena relación, y cuando uno hace algo que le interesa se lo comunica al otro. Yo no bailo kizomba como Luis (risas), pero ahora sé que existe y escucho música que antes no sabía que había.
Luis: También compartimos las influencias que recibimos de trabajar con otros músicos. Si Víctor hace algo con Miguel Colom, o con Carole Petitdemange y la gente del Cuarteto Ardeo, o yo que colaboro por ejemplo con Pablo Ferrández o Ana María Valderrama, luego lo hablamos entre nosotros. Y también ocurre con las aficiones, yo ahora mismo estoy en el baile y haciendo también un poco de cajón flamenco, y todo esto también se comunica y se traslada a nuestros ensayos.
Víctor: Es una especie de cordón umbilical que nunca se corta. Ahora que no vivimos en el mismo sitio —yo vivo en Málaga, Luis en Madrid—, los hallazgos que tenemos siguen circulando.
En relación a esto, ¿qué diferencias encontráis entre la dinámica de trabajo del dúo y vuestros respectivos proyectos de cámara con otros artistas?
Víctor: Cuando trabajamos nosotros juntos podemos llegar a otro punto porque, para empezar, los ensayos no están limitados. Son larguísimos y más anárquicos, pero para bien, porque entras en dominios que con otras personas no podrías.
Luis: Hay un grado de conexión, de detalle, que es casi imposible alcanzar con alguien más. No es que el resultado sea mejor o peor, es diferente, hay personas con las que trabajas y la música fluye de manera muy natural. Pero el planteamiento de ensayos no puede ser el que hemos alcanzado nosotros después de veinte años tocando juntos, con nuestro trasfondo común y el gusto por rizar el rizo durante horas para tres notas.
Víctor: Tenemos establecido una especie de laboratorio en el que las ideas van fluyendo de un lado a otro, y sentimos cómo crecemos a partir de esa investigación conjunta. El crecimiento con otros artistas viene de la experiencia, de la música que se interpreta, de la comunicación… es otra cosa. Esto es más de probeta.
¿Cómo dais forma a los programas que interpretáis?
Luis: Tocamos lo que nos gusta. Intentamos tener una relación muy sana con la música, en el sentido de que tenemos que estar enamorados del repertorio que hacemos. No nos interesa acumular obras porque sí, ni nada económico. A veces es una limitación, cuando por ejemplo participamos en un festival con un tema que igual no nos interesa, pero en ese caso tratamos de buscar dentro de lo que proponen.
Víctor: También nos ponemos en el lugar del público, cómo recibiría una persona tal obra o lo que me gustaría que alguien sintiera en nuestro concierto.
Luis: Ahora se hacen programas con mucho sentido musicológico, que es muy interesante, pero a veces limita. A veces hay repertorios que en la cabeza funcionan muy bien, pero luego hay que sentarse allí y escucharlos.
A pesar de vuestra amplia trayectoria, ¿seguís manteniendo el vínculo con vuestra Málaga natal?
Luis:Tenemos una relación muy buena.Hemos tenido mucha suerte, porque allí nos han reconocido desde nuestros inicios. Especialmente en Vélez-Málaga, de donde somos naturales, pero también en la provincia. La Junta de Andalucía nos dio el Premio Málaga Joven por la promoción de Málaga en el exterior.
Víctor: Hemos sido socios de honor de la Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga, y hemos recibido el Escudo de Oro de la ciudad. Esto de que nadie es profeta en su tierra no ha sido así en nuestro caso.
Luis: Hemos sentido mucho cariño. En diciembre, de hecho, volveremos a Vélez-Málaga para celebrar el aniversario de la Sociedad de Amigos de la Cultura. Además, Víctor ahora es catedrático en el Conservatorio Superior de Málaga, está muy inmerso allí.
Víctor: Tratas de aportar tu granito de arena, también a la vida cultural de la ciudad. Este año se ha celebrado el 2.º Concurso Internacional de Piano Ciudad de Málaga, y me consta que su director artístico cuenta mucho con nosotros.
Siguiendo con el hilo de Málaga, ¿qué relación os une con la cantante Pasión Vega, con la que iniciasteis una trayectoria conjunta en 2014?
Luis: Eso sí que fue un sueño cumplido. Éramos seguidores de Pasión, nos encantaba lo que hacía y a veces fantaseábamos diciendo ‘¿te imaginas colaborar con ella?’. En una de estas le planteamos la posibilidad a nuestra manager de entonces, pero sin tener una expectativa real de que sucediera. Elaboramos una idea, le mandamos una propuesta y tuvimos una reunión. Y ella, que también es como nosotros, en el sentido de que hace lo que siente, en cuanto se acercó a probar los arreglos vio que aquello le encantaba.
Víctor: Hubo una conexión inmediata, muy fácil.
Luis: Desde entonces nos une una amistad muy bonita. Este curso tendremos la oportunidad de volver a trabajar juntos y va a ser un placer.
De manera próxima también regresaréis a la ESMRS para ofrecer un concierto en el ciclo Maestros. ¿Qué recuerdos conserváis de vuestro paso por esta escuela?
Víctor:No puedo pensar en estar donde estamos sin haber estudiado allí y haber tenido profesores y compañeros que nos apoyaron en todo. Tenemos un recuerdo fabuloso.
Luis: Tuvimos la suerte de estudiar con Dmitri Bashkírov o Claudio Martínez-Mehner, Eldar Nebolsin que era profesor de música de cámara, Márta Gulyás, Ralf Gothóni que fue profesor nuestro después e hicimos dúo con él…
Víctor: Y otros muchos músicos que pasaban por allí, András Schiff, Krystian Zimerman, Alicia de Larrocha…
Luis: Para dos chavales de Málaga, verte en un contexto así y que te digan que está muy bien lo que haces… No te lo acabas de creer. Tener el refuerzo de estas personalidades, el acceso a estos medios y a su plataforma de conciertos, nos dio la posibilidad de desarrollarnos a un nivel que hasta entonces había sido impensable.
En colaboración con la ESMRS, el año pasado viajasteis a Angola para ofrecer clases de música de cámara. Y, entre otras cosas, este septiembre viajaréis a Kazajistán. ¿Cómo compagináis la exigencia profesional con las dinámicas y responsabilidades personales?
Luis: Siempre tienes que renunciar a algo. Hablando por mí, cuando tuvimos a nuestro segundo hijo yo seguía planteándome vivir de la misma manera, estando igual de activo en los proyectos que tenía, pero me di cuenta de que no podía tener todo. Si estas activo profesionalmente te vas a perder cosas en la familia y vas a necesitar apoyo de tu red. Uno tiene que ir sopesando lo que le satisface. Va a haber épocas en las que tengas energía para hacer más cosas en el terreno profesional, y puedes tratar de gestionarlo con una buena organización. Pero también hay momentos, como este último año y medio mío, que necesitas estar más en la familia y para ti, y ahí tienes que renunciar a proyectos y tener menos conciertos. Así encuentras el equilibrio.
Víctor:Es una organización visceral, uno tiene que sentir que puede disfrutar lo que está haciendo y que no va a echar de menos otras cosas. Recuerdo comentarios de gente que decía que necesitaba hacer proyectos porque ‘tenía que ser alguien’. Es un comentario muy duro porque… yo soy alguien, no necesito hacer algo para existir. Ahora parece que todo se orienta a la visibilidad, si no se te ve no existes, pero no sé cómo se puede vivir en ese estado permanentemente.

El curso pasado se publicó vuestra grabación de los conciertos para dos pianos de Mozart y Poulenc con el sello IBS Classical. ¿Qué diferencias encontráis entre la preparación para un concierto y la de una grabación?
Víctor: Para una grabación nos preparamos exactamente igual que para un concierto, aunque es verdad que hay más tensión porque tienes que dar el cien por cien durante más tiempo. También es importante el repertorio. Uno de los primeros conciertos que fuimos a escuchar fue un recital de Krystian Zimerman en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. En las notas decía que él no programaba nada que no llevara tocando diez años, y en su momento pensamos ‘¡qué exagerado!’. Con el tiempo entendimos que, en la música, en el arte, encuentras libertad escudriñando todos los recovecos posibles. Este tipo de trabajo te da perspectiva y ayuda a que el resultado final no sea una lata en conserva, sino algo vivo.
Luis: Si hay alguna diferencia es esa, intentamos que las obras que vayamos a grabar hayan estado con nosotros mucho tiempo. Queremos tener algo que decir, porque si no, grabar no tiene sentido. No es por hacer el disco del siglo o por dejar tu legado, sino por asegurarte de que dices lo que quieres decir con tu versión.
¿Tenéis proyectado lanzar un nuevo álbum de manera próxima?
Luis: Publicaremos otro disco con IBS Classical, tenemos muy buena relación con los productores Paco Moya y Gloria Medina. El plato fuerte será la Sonata para dos pianos y percusión de Bartók, que hemos grabado con Raúl Benavente y José Luis González, percusionistas de la Orquesta RTVE. También incluirá obras de Ravel y Corigliano.
Para las cosas cotidianas, ¿tenéis la misma compenetración que en el escenario?
Víctor: En su día llegamos a regalarle a nuestras novias la misma colonia y el mismo vestido, ¡sin haberlo comentado antes! Nos sorprendió hasta a nosotros, que estamos acostumbrados a decir lo mismo a la vez.
Luis: Somos muy diferentes, cada uno tiene su carácter, pero tenemos una conexión muy fuerte. También en aficiones: los dos somos muy apasionados del tenis, seguimos los partidos y jugamos juntos. Nos lo decían en su día, ‘los hermanos estos son majos, pero son muy frikis, van juntos a todos lados’ (risas). Para nosotros es lo más importante, la relación personal está por encima de todo.










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