El contratenor Andreas Scholl regresa a España para ofrecer tres conciertos en Sevilla, Pamplona y Madrid interpretando la Pasión según San Juan junto a la orquesta Divino Sospiro. Con estas citas, la temporada de Maelicum Conciertos ofrece la posibilidad de disfrutar de una de las obras más profundas de Bach en fechas cercanas a la Semana Santa.
Por Manuel Pacheco
La gira que realizarás con Maelicum Conciertos te llevará a escenarios de Sevilla, Pamplona y Madrid, algunos ya conocidos para ti. ¿Qué recuerdos conservas de tus actuaciones recientes en nuestro país?
A lo largo de mi carrera he dado muchos conciertos por toda España, todos con repertorio barroco, y siempre he encontrado un público entendido en cada concierto. Como tengo muy buenos amigos españoles que viven en Madrid, mi mujer y mi hija tienen pensado venir a nuestro concierto allí para reunirse con ellos. Es lo que hicimos cuando di mi último concierto allí, y después celebramos mi cumpleaños juntos.
Has tenido la oportunidad de interpretar esta Pasión en numerosas ocasiones a lo largo de tu trayectoria. Con el paso de los años, ¿cómo se ha ido modificando tu lectura de la obra?
La perspectiva sobre cualquier composición que canto está en constante evolución. Siempre digo que la interpretación es como la fermentación, un proceso que me lleva a hacerme preguntas similares cada vez que vuelvo a una pieza del repertorio, pero en el que las experiencias vitales nuevas pueden cambiar las respuestas a esas preguntas. En todo caso, considero que el mensaje de Bach es más urgente que nunca para nuestra realidad actual, y esto significa que mi enfoque debe plasmar tantos niveles de su composición como sea posible. Es algo más allá de la técnica, entonación y estética: se trata de autenticidad y urgencia.
En 2024 visitaste el Auditorio Nacional de Música de Madrid con la orquesta barroca Divino Sospiro para interpretar el programa ‘Divino Pergolesi’. ¿Qué relación mantienes con esta formación?
Empecé a trabajar con el maestro Massimo Mazzeo hace unos ocho años y me encanta colaborar con él y con su grupo de músicos. A mis 58 años, he acumulado cierta experiencia con el repertorio que canto, y lo mismo ocurre con Massimo; podría pensarse que existe la posibilidad de que surjan conflictos por tener ideas diferentes, pero en realidad no es así. Mientras nuestras ideas sobre la interpretación se basen en la esencia y la convicción, en lugar de en ‘efectos espectaculares’, siempre seremos capaces de ver la verdad en la visión del otro y darle una oportunidad. Por encima de todo compartimos un enfoque muy similar, lo que hace que esta colaboración sea especialmente placentera.
¿Cuáles son las claves de la interpretación historicista de la Pasión propuesta por Massimo Mazzeo y de qué manera las has integrado en tu interpretación?
Creo que Massimo siempre opta por la autenticidad en la ‘misión’ de la música de Bach, en lugar de intentar recrear un acontecimiento histórico. Su interpretación siempre se basa en su vasto conocimiento y experiencia con este repertorio. Por encima de todo, ambos estamos de acuerdo en que somos emisarios de Bach con un mensaje que nunca fue pensado para nuestra época. Por lo tanto, lo más importante es que nuestra Pasión según San Juan conmueva y enseñe a nuestro público de la manera más directa posible, y los medios para lograrlo deben tener en cuenta esa realidad. Creo que esa es la diferencia entre la ‘práctica musical histórica’ y la ‘práctica musical auténtica’.
¿Qué peso concedes a la dimensión dramática y actoral de esta obra? Aunque no se trate de una ópera, también interpretas un rol con unas emociones e intervenciones definidas.
Ese es un punto muy importante. Si nos fijamos en la dramaturgia de la Pasión según San Juan, fácilmente podría ser una ópera. Mi profesor de canto siempre decía: ‘No eres un cantante, eres un actor que canta’. Para lograr el mayor impacto dramático, todos los músicos en el escenario deben ser actores musicales y cumplir el papel que les ha asignado Bach. Y ocurre de igual manera con el coro, que pasa de representar a la multitud que quiere que crucifiquen a Jesús a contemplar su sufrimiento y comentarlo como cristianos piadosos. También la orquesta debe seguir el mismo camino. Solo cuando todos los músicos en el escenario son conscientes de su papel individual en cada momento específico, el drama se desarrolla con el máximo impacto.
A la hora de abordar una partitura del calado de la Pasión, ¿das prioridad a la precisión técnica o a la transmisión de su afecto y su mensaje? Quizá la pregunta debería ser: en lo que respecta a Bach, ¿existe un vínculo entre la disciplina y la emoción?
Bach es el maestro en combinar la complejidad compositiva con la estimulación emocional. Es importante ser conscientes de nuestro papel como comunicadores de estas emociones sin dejarnos abrumar por ellas. Si el coro o un solista empieza a llorar durante un coral, no podrá seguir cantando. Cantamos y tocamos principalmente para iluminar a nuestro público y no para iluminarnos a nosotros mismos. Eso no significa que no tengamos emociones, pero servimos al compositor, a nuestro público y, tal vez, a nuestra propia iluminación.
¿Qué rasgos posee la música de Bach para que, a pesar de reflejar la retórica musical y la religiosidad del siglo XVIII, siga interpelando a espectadores de nuestra época?
La música de Bach transmite al más alto nivel el espíritu creador que recibió de Dios. Creo que es por eso por lo que recibimos algo de ese espíritu, aunque no compartamos necesariamente las ideas teológicas que proclama. Ser creyente puede ser un obstáculo para una comunicación satisfactoria, como también lo puede ser el hecho de ignorar la religiosidad de Bach. No puedo distanciarme a mí mismo del contexto religioso de la Pasión según San Juan mientras la canto; cuanto menos, necesito aceptarlo y aspirar a transmitirlo mientras canto.
Hace no mucho, Philippe Jaroussky nos confesaba en una entrevista que estaba en un momento de hacer balance. Aunque tenéis trayectorias y edades distintas, quería tomarlo como referencia para conocer, desde las exigencias de la voz de contratenor, en qué punto de tu carrera te encuentras tras más de tres décadas en los escenarios.
Siempre he considerado mi voz como un don y no como algo que yo haya creado. Y, en este sentido, siempre he recibido más del canto de lo que la profesión me ha quitado. Especialmente desde la pandemia de la COVID, estoy agradecido por cada nota que puedo cantar ante el público. También estoy agradecido por el asombro que siento cada vez que canto música de Bach o, por ejemplo, los Stabat Mater de Pergolesi o Vivaldi; ese sentimiento nunca ha sido desplazado por la rutina o el aburrimiento. Creo sinceramente que es un don y, sin duda, me propongo disfrutar de él y cumplir con el deber que conlleva mientras el público quiera escucharme.










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