
En el corazón de Madrid, Condeduque redefine la escucha: sanar, repensar y resistir como brújula estética. Jorge Volpi impulsa una programación que abraza el riesgo, la memoria y el futuro, donde la música contemporánea dialoga con la electrónica y la tradición. Un espacio para la curiosidad, la fricción creativa y las nuevas formas de oír.
Por Susana Castro
A partir de esta temporada, Contemporánea Condeduque se articula en torno a la idea de ‘sanar, repensar y resistir’. ¿Cómo se traduce este marco conceptual en decisiones de programación musical?
Decidimos reinterpretar el lema de las Compañías Reales de Guardias de corps —ya que este edificio era el cuartel de la formación—: ‘Solvit formidine terras‘ (‘Salvar a la tierra del espanto’). En esta época, en la que también hay distintas amenazas, la cultura es aquello que puede salvarnos del espanto. En esto se traduce la programación, no solo para esa temporada, sino para todo el tiempo que yo esté aquí.
Condeduque está reforzando su apuesta por la música clásica contemporánea. ¿Qué criterios guían esta línea?
Siendo un centro de cultura contemporánea, en el que se ha hecho un trabajo formidable en muchas áreas, pensé que a mí me tocaba reforzar algunos de los lenguajes o disciplinas que valían la pena. Entre ellas está la música llamada contemporánea, que no había tenido tanta presencia aquí en los últimos años. Soy melómano de toda la vida, siempre he lamentado no ser músico, y he tenido la oportunidad de programar música en otras ocasiones, particularmente música clásica. Cuando dirigía el Festival Internacional Cervantino, que es el más importante de América, teníamos un apartado multidisciplinar, similar a Condeduque, en el que cabían todo tipo de músicas. Durante los cuatro años que estuve como director, teníamos dos programas que me parecen relevantes dentro de un proyecto de estas características: uno de música antigua y otro de música contemporánea. Cuando estuve en la Universidad Nacional Autónoma de Música, como encargado del Área de Cultura, también reforzamos esta vía creando una Academia de Música Antigua e incluyendo un apartado completo de la programación dedicado a la música contemporánea, ya que son las áreas que están menos presentes en el repertorio habitual. Al llegar a Condeduque, donde tienen cabida todos los lenguajes contemporáneos, pensé que era natural que hubiera un espacio concreto para la música contemporánea de tradición clásica.
En esta primera temporada lo hemos articulado en dos frentes: por un lado, con un Ciclo de Percusión Contemporánea, que abrió el curso; y, por otro, con el Ciclo km. 0 de Ibermúsica. También buscamos diálogos entre la música clásica y otros tipos de música, singularmente con la música electrónica, que siempre ha sido muy fuerte en Condeduque.
En Madrid existen auditorios e instituciones con perfiles muy definidos. Desde tu perspectiva, ¿qué diferencia esencialmente la programación musical de Condeduque frente a otros espacios de la ciudad?
Esta vocación contemporánea de la que hablamos. Apostamos por lo más arriesgado, por lo que escapa de lo comercial y de lo mainstream. El público identifica Condeduque como un lugar de nuevas experiencias, de riesgo.
La temporada introduce ciclos como Música a voces, SoundSet Series o Memorias futuras. ¿Qué necesidades artísticas o discursivas buscabais cubrir con esta estructura en ciclos?
Creímos importante reforzar esta estructura porque es más fácil comunicar las actividades de esa forma, que el público identifique que cada cierto tiempo se programa un tipo de música determinado. A veces es música electrónica, como en SoundSet Series; a veces buscamos la reapropiación contemporánea de tradición musical española o de otras partes del mundo, o música contemporánea más clásica. Se trata de que sean identificables dentro de la programación general. El lema de esta temporada es ‘Futuro/No futuro’, y también tiene que ver con esto: cómo el futuro puede dialogar con el pasado. Está presente de manera importante en la parte musical.
Dentro de la colaboración con Ibermúsica destaca el Ciclo km. 0, que dio comienzo con el tenor Pablo García-López. ¿Qué te interesa de este formato y qué tipo de intérprete buscáis visibilizar?
La lógica es la que Ibermúsica le había dado ya a este ciclo: buscar jóvenes solistas destacados, fundamentalmente españoles, para que tengan un espacio en el que presentar programas contemporáneos en diálogo con el repertorio habitual.
¿Crees que el público de música clásica demanda hoy otro tipo de relación con los intérpretes y los repertorios?
Dentro del público de la música clásica hay un sector muy tradicional, normalmente mayor de cuarenta o cincuenta años. El reto para los programadores de todo el mundo es llegar a nuevos públicos. Nosotros quisiéramos que en Condeduque existieran otras formas de acercarse a la música clásica, no conciertos prototípicos que puedan encontrarse en otros espacios. Ese diálogo con otras músicas que decía antes pretende, poco a poco, llegar a nueva gente. Probablemente la música, de todas las disciplinas artísticas contemporáneas, es la que menos público objetivo tiene. Es extraño, pero la gente está más acostumbrada a ir a una exposición de arte contemporáneo al Museo Reina Sofía o a leer una novela, incluso experimental, que a venir a un ciclo de música contemporánea. Pero hay que seguir intentándolo.
Por ejemplo, en este Ciclo de Percusión Contemporánea al que hacía referencia antes hemos visto gente que sí conocía a los intérpretes, pero había mucho público que no sabía a qué venía y que quedó fascinado con la propuesta. Necesitamos generar curiosidad hacia la música contemporánea porque tiene fama de difícil y de compleja. A veces lo es, pero tenemos que conseguir que el público pueda acercarse a ella.
Condeduque mantiene acuerdos con festivales como Inverfest. ¿Qué aporta a un centro de cultura contemporánea dialogar con circuitos tradicionalmente asociados a otras escenas musicales?
Mi idea en todas las disciplinas era tratar de encontrar espacio para todos los lenguajes de lo contemporáneo. Las alianzas fortalecen los programas y permiten que podamos tener mayor diversidad de discursos.
En la programación reciente se observa una convivencia entre tradición, electrónica, creación vocal y experimentación sonora. ¿Cómo funciona esa fricción entre lenguajes cuando llega el público a la sala?
Es lo que estamos probando; todavía es mi primer año. Intentamos que haya esa convivencia en todo momento. Conceptualmente, me parecía que la música electrónica no estaba tan lejos de la percusión contemporánea y que podía haber un trasvase, pero ahora hay que ver si los públicos encuentran esa correlación.
¿Recibís comentarios por partedel público a través de algún buzón de sugerencias, encuestas, etc.? ¿Se llenan los aforos?
Todavía no, es pronto, pero me gustaría tener un estudio más claro del público, como ya lo he hecho en otros lugares donde he trabajado. Los espacios dedicados a la música electrónica se llenan por completo [risas]; los de músicas tradicionales revisitadas desde lo contemporáneo también están prácticamente llenos; lo que cuesta más llenar es la música clásica contemporánea. Es el espacio más complejo, pero queremos seguir insistiendo, que la gente pueda entenderlo como algo natural y no como una excentricidad. De hecho, ni siquiera lo anunciamos así, para que pueda haber esa curiosidad que comentábamos.
El ciclo Memorias futuras sugiere una tensión entre pasado y porvenir. ¿Cómo se puede repensar hoy la tradición musical sin convertirla en un objeto museístico?
Junto con Pablo Sanz, que es clave en la programación de música, tratamos de encontrar artistas que bucean en raíces tradicionales y, al mismo tiempo, dialogan con ellas, las subvierten, las transforman desde lo contemporáneo. Desde flamenco hasta músicas tradicionales de muchas partes de España, todas las estéticas, aunque evitamos el pop o el indie, por ejemplo, porque tienen ya muchos espacios en Madrid.
En un contexto cultural marcado por la sobreoferta y la dispersión, ¿qué papel debería desempeñar un espacio como Condeduque dentro del ecosistema musical madrileño?
La oferta cultural en Madrid es fantástica y hay público para todos los espacios. Aspiramos a que Condeduque sea identificado como un lugar de experimentación, de riesgo, de curiosidad, donde se exploren los márgenes creativos de muchos géneros musicales distintos.










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